Publicado: julio 8, 2026, 6:00 pm
Cuando los pacientes de la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa sufren un brote inflamatorio, los médicos recurren frecuentemente a los antibióticos para tratar de frenar a las bacterias que desencadenan la patología. El problema es que estos fármacos actúan como una bomba de racimo : destruyen tanto los microbios dañinos como las bacterias beneficiosas, agravando aún más el desequilibrio de la flora intestinal y dejando secuelas a largo plazo. Ahora, un innovador estudio internacional parece haber encontrado la clave para solucionar este dilema clínico mediante el uso de virus bacteriófagos o fagos, inocuos para el paciente ya que solo atacan a aquellas bacterias para las que están programados . La investigación, publicada en la revista ‘Science Translational Medicine’, revela cómo un fago específico llamado HER259 puede mitigar la severidad de la colitis al ‘apagar’ los factores de virulencia de la bacteria Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC), un patógeno estrechamente ligado al desarrollo del Crohn. Lo fascinante de este enfoque es que el fago no busca la erradicación total del microbio , solo quiere desarmarlo. Al modificar su comportamiento, disminuye drásticamente la inflamación de la mucosa intestinal sin desestabilizar el frágil ecosistema del microbioma, un hito que abre la puerta a terapias personalizadas de precisión. La doctora argentina Elena Verdú, profesora del Instituto Farncombe de Investigación de Salud Digestiva de la Universidad de McMaster (Canadá) y coautora principal del trabajo, explica el cambio de paradigma que supone este avance. «Al reducir los mecanismos de virulencia bacteriana sin alterar sustancialmente el equilibrio microbiano, los tratamientos basados en fagos se alinean con las terapias microbianas personalizadas en las enfermedades inflamatorias intestinales», señala la investigadora. El hallazgo resulta crucial, ya que hasta ahora el éxito de la terapia con fagos se medía únicamente por su capacidad para eliminar por completo una población bacteriana, ignorando que la desaparición abrupta de un taxón puede empeorar un entorno intestinal ya de por sí dañado. Pese a sus éxitos documentados en el tratamiento de infecciones bacterianas que presentan resistencias antibióticas, la terapia fágica resulta controvertida por su origen biológico y no farmacológico. En muchos países se ofrece solo como uso compasivo; como informó ABC, en nuestro país la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, no autoriza su uso desde 2024 . Para descifrar el mecanismo subyacente, el equipo de científicos desarrolló complejos modelos de ratones gnotobióticos —animales con microbiotas controladas y definidas— para evaluar cepas de E. coli aisladas directamente de pacientes con Crohn. Descubrieron que el fago HER259 contrarresta la agresividad de la cepa NRG857c infectándola y forzando la inversión de un promotor genético llamado fimS hacia su posición de ‘apagado’. Este interruptor genético regula la expresión de la proteína FimH, una especie de ‘ancla’ molecular que permite a la bacteria adherirse a las células epiteliales del intestino e invadir los tejidos profundos para desencadenar la tormenta inflamatoria . Al verse privadas de esta herramienta de anclaje por la presión del virus, las bacterias supervivientes pierden su capacidad de formar biopelículas (biofilms) defensivas y quedan confinadas a la superficie de la mucosa, perdiendo su potencial colitogénico. Los análisis inmunohistoquímicos confirmaron que, mientras en los sujetos de control la E. coli penetraba profundamente en la lámina propia del intestino causando estragos, en los ratones tratados con fagos el patógeno quedaba completamente neutralizado en la superficie luminal. Más allá de demostrar su eficacia de forma aislada, el estudio abordó uno de los grandes desafíos de la práctica clínica actual: el hecho de que las terapias farmacológicas convencionales para el Crohn, como los corticosteroides, suelen requerir dosis elevadas que acarrean severos efectos secundarios. Además, hasta la mitad de los pacientes experimentan una pérdida de respuesta terapéutica a los doce meses. En este sentido, los investigadores descubrieron que la administración del fago HER259 potencia sustancialmente la eficacia de dosis subterapéuticas de budesonida , un corticoide habitual para tratar la colitis moderada. Al combinar una dosis muy baja del fármaco con el tratamiento viral, los ratones mostraron mejoras clínicas e histológicas significativamente mayores que al aplicar cualquiera de las terapias por separado. Mediante análisis de cromatografía líquida de alta resolución (HPLC), el equipo demostró que este beneficio no se debe a que el fago altere el metabolismo del fármaco aumentando su disponibilidad en el lumen, sino a que la atenuación de la agresividad bacteriana devuelve al intestino un estado más permisivo para que el antiinflamatorio actúe con éxito. La relevancia traslacional de este mecanismo se confirmó al analizar muestras fecales humanas pertenecientes a la cohorte del estudio. Los científicos hallaron que los pacientes con enfermedad de Crohn activa presentaban ratios del interruptor fimS marcadamente más elevadas en comparación con aquellos en remisión clínica o voluntarios sanos. Este hallazgo sugiere que este marcador de virulencia bacteriana podría ser utilizado en el futuro como un biomarcador selectivo para identificar qué pacientes se beneficiarían más de una intervención dirigida a desarmar la bacteria. No obstante, los autores advierten de que el efecto terapéutico exige una constancia cronificada: tras suspender temporalmente el tratamiento con fagos en los modelos animales, el interruptor genético de la E. coli volvió a revertirse a su estado activado , lo que reactivó los síntomas de la colitis.
