Publicado: junio 26, 2026, 6:06 pm
Hay eliminaciones que se entienden al mirar la clasificación. La de Turquía exige mirar también las estadísticas. La selección dirigida por Vincenzo Montella dominó, remató, tuvo el balón y acumuló ocasiones durante toda la fase de grupos. Y, sin embargo, se marchó del Mundial a las primeras de cambio. Los de la estrella y la media luna aterrizaron en Estados Unidos con una de las generaciones más prometedoras de su historia reciente. Arda Guler, Kenan Yildiz, Hakan Calhanoglu o Ferdi Kadioglu lideraban un proyecto que había despertado ilusión tras su crecimiento en los últimos años y que muchos situaban entre las posibles revelaciones del torneo. La realidad fue muy distinta. Turquía terminó última del Grupo D, por detrás de Estados Unidos, Australia y Paraguay, y se convirtió en una de las grandes decepciones de esta fase de grupos. Lo llamativo es que la eliminación resulta difícil de explicar observando únicamente los números. Turquía fue la tercera selección con más posesión media del campeonato con un 65,8%. También fue segunda en pases completados en el último tercio del campo, con 759, y registró un 82,5% de precisión en esa zona. Datos propios de un equipo dominador. Resultados de un equipo eliminado. El primer golpe llegó frente a Australia. Los turcos monopolizaron el balón durante gran parte del encuentro, superaron el 70% de posesión y rondaron la treintena de remates. Sin embargo, cayeron por 0-2. La historia se repitió ante Paraguay . Turquía volvió a llevar el peso del partido, acumuló 32 disparos y terminó perdiendo por 0-1. Entre ambos encuentros necesitó 63 remates para marcar su primer gol en el Mundial. La victoria en el último minuto frente a Estados Unidos por 3-2 en la última jornada llegó demasiado tarde. Turquía ya estaba eliminada cuando saltó al campo y el triunfo únicamente sirvió para evitar una despedida sin victorias. El daño ya estaba hecho. Los nombres propios ayudan a entender la frustración. No porque hayan firmado necesariamente un mal torneo, sino porque la producción ofensiva existió. Yildiz terminó la fase de grupos como el jugador con más remates de todo el Mundial, con 14. Guler fue sexto con 12 disparos y Calhanoglu acabó con 11. Turquía tuvo presencia constante cerca del área rival, pero fue incapaz de traducir ese volumen ofensivo en goles decisivos. La paradoja se repite en otras estadísticas. Fue una de las selecciones con más pases totales del campeonato, una de las mejores en precisión y una de las que más jugó en campo contrario. Sin embargo, acabó entre los equipos con peor porcentaje de conversión de ocasiones. Llegó mucho, pero castigó poco. Por eso la caída resulta tan difícil de digerir en Turquía. No se trata únicamente de una eliminación prematura. Se trata de una selección que tenía talento, que generó fútbol, que acumuló números de aspirante a las eliminatorias y que, aun así, terminó última de grupo. En un Mundial donde los detalles marcan la diferencia, nadie pagó más cara su falta de eficacia. Los números dicen que Turquía jugó para clasificarse. La clasificación dice que acabó última. Y pocas veces una eliminación ha resultado tan difícil de explicar con una hoja de estadísticas delante.
