Concepción Cochrane Blaquier. Posa espectacular en la estancia de los Blaquier Nelson y habla de sus sueños y de su abuela Malena - Argentina
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Concepción Cochrane Blaquier. Posa espectacular en la estancia de los Blaquier Nelson y habla de sus sueños y de su abuela Malena

Publicado: mayo 27, 2026, 6:00 am

Tras el shooting entre los árboles añosos de “La Concepción”, la emblemática estancia familiar en Lobos, y después de desplegar una serie de looks de alto impacto de su archivo personal (el styling fue de su amigo Nicolás Pesce Freijo), Concepción Cochrane Blaquier se revela muy lejos del personaje excéntrico que muchas veces la precede. Más allá de los sombreros teatrales, los bastones y los guiños barrocos que la convirtieron en un ícono de estilo, hay una mujer que habita con naturalidad su historia, su apellido y este entorno fabuloso al que no se cansa de volver. Hija de Dolores Blaquier Nelson y de Lair Cochrane, la socialité y diseñadora se anima a una charla diferente con ¡HOLA!, donde deja claro que la memoria familiar, la sensibilidad y el espíritu lúdico son parte de su identidad, pero que también hay mucho más para descubrir en ella.

Para la producción, eligió todas prendas de su archivo personal. En esta imagen posa con un diseño de su autoría, que complementó con la misma chaqueta de Ralph Lauren Purple Label que usó en el casamiento de sus amigos Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo, en Italia, en 2015

–¿Quién dirías que sos, más allá de lo que conocemos?

–Recién nos reíamos con un amigo y decíamos en chiste que soy la soltera de oro de Sudamérica. La suerte de la fea, un poco la linda la desea…

–¿Sentís eso?

–A veces, sí. Igual, el que tiene mucha opción también se confunde más o termina no eligiendo. A mí me gusta mucho la gente joven, siempre tengo novios muy jóvenes y soy larguera de noviazgo y mujer de un solo hombre. Pero tengo mitad de mi vida en Europa, mitad de mi vida acá, muchos amigos allá y mi libertad no se negocia. No es para cualquiera esa dinámica tan libre y sin fronteras.

En la capilla, enclavada en medio del parque diseñado por Carlos Thays. Allí se celebraron varios casamientos familiares

–¿Te juega en contra?

–Al principio fascina y después, a los hombres les gusta tener una mina más normal, quieren sentirse necesitados. Nosotros fuimos educados bajo un matriarcado: mi mamá tiene ocho hermanos, de los cuales siete son mujeres, todas muy fuertes, y mi abuela (Malena Nelson de Blaquier) era muy fabulosa. Cuando a vos te enseñan que podés manejar, cambiar la goma, limpiar la casa, parir, pagar la cuenta, sos como Wonder Woman y es un montón para muchos. Soy bastante Susanita, creo en el amor eterno, en casarse, ser felices y comer perdices.

–¿En lo cotidiano hacés todo eso que contás?

–Cocino, plancho, lustro, no se me cae ningún anillo. Me encanta cocinar. Soy parte de una familia enorme y unida. Tenemos un chat en el que hablamos a diario y todo el mundo sabe que el hijo de tal hizo esto y al otro le salió un dientito. Estamos muy al día. Por eso nunca me voy a ir de Argentina. Amo mi país y amo a mi familia. I feel home acá. Agradezco todos los días haber elegido nacer en esta familia, porque nos llevamos muy bien y, al final, lo que triunfa es el amor, que es lo más importante. Más allá de todo lo otro que uno puede tener, o no, las cosas son espejitos de colores. Las tías y mamá son realmente muy sólidas, de fierro. Se ayudan, se protegen, están pendientes de sus amigos. Quien le toque ser parte de nuestro entourage va a estar cuidado siempre. Dignidad, solidez, respeto, son valores bastante olvidados en un mundo que está muy egoísta. Yo no titubeo ni juzgo a nadie, sólo me importa la solidez. Si hay alguna característica que rescato mía, es que soy buena amiga. Tiene que ver con la forma en que fuimos educados. La nobleza no tiene que ver ni con el nombre, ni con el apellido, ni con la cuenta bancaria, sino con ser una persona sólida.

“Las tías y mamá son muy sólidas, de fierro. Se ayudan, se protegen, están pendientes de sus amigos. Quien sea parte de nuestro entourage va a estar cuidado siempre”

–¿Qué buscás en una pareja?

–Soy una enamorada del amor. Nací un 14 de febrero, Día de San Valentín. Creo en el cuento de hadas. Además, soy ascendente en Leo, pero tengo la luna en Piscis, todo hadas y unicornios: mi mundo es muy eso. Amar y ser amado, esa es mi misión en esta encarnación, sin duda. Por eso es que no la estoy resolviendo todavía, porque si no se acaba el juego. Además, me llamo Concepción, entonces concebir está en la lista de los quehaceres. A mí me interesa que quien esté a mi lado sea buena gente y, por supuesto, soy muy esteta, entonces me tiene que gustar: me entra primero por los ojos.

–¿Tenés ganas de ser mamá?

–¡Obvio! El asunto es que me gustan mucho los jóvenes, me suelen decir que me busque a una persona más grande. Pero como soy tan libre me encuentro con esas personas. Ahora estoy lista para bajar un cambio y sentar cabeza. La novedad es estar en casa y no tanto afuera.

–¿Con qué lo relacionás?

–Con un momento de la vida. Hay ganas de decir “listo”. ¿Viste cuando estás como Forrest Gump, que está corriendo y, de repente, para y dice “no quiero más”? Estoy en ese momento. De repente digo: “Este es el momento de sentar cabeza y tener un hijo, de enamorarme”. Me encantaría que aparezca alguien que tenga un estilo de vida similar al mío, que comparta los mismos valores, que tenga la misma cabeza libre y creativa, con arte, con música y, sobre todo, con amor, que es lo que más quiero. Tiene que ser una persona sensible. Para mí la sensibilidad tiene que ver con tener los sentidos más afilados que el resto.

A caballo, con un vestido de Ralph Lauren Couture que Conce llevó en el civil de Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo, según le reveló a ¡HOLA! Argentina

–¿La maternidad sola es una opción?

–No. Me parece espectacular que estén las posibilidades para todo el mundo, pero preferiría tener una familia más que un hijo. Me parece que el carro se tira mejor de a dos, quisiera tener un padre que me acompañe a maternar, poder apoyarme. Por eso estoy demorando, creo.

EL CAMPO, SUS PADRES Y UNA HERENCIA QUE NO PESA

A pesar de ser ciudadana del mundo, “La Concepción” es el lugar que aparecece una y otra vez en la charla: el parque diseñado por Carlos Thays, con sus lagos, estatuas y fuentes, la capilla neogótica, y la memoria viva de la tierra que alguna vez compró el matrimonio de Juan Blaquier y Sagastizábal y Agustina Oromí Escalada, son parte fundamental de su vida.

–¿Cómo fue tu infancia?

–Tuve una infancia flúo fucsia, no me puedo quejar. Tenemos una familia, de vuelta, muy mágica, con una estancia única que es un punto de encuentro. Nos juntábamos ahí todos los primos y andábamos a caballo y estábamos afuera. Por supuesto que he tenido altibajos, como todo el mundo: el divorcio de mis padres, o los líos que ha tenido mi madre [en 1992 fue detenida en una causa por drogas]. Pero miro para atrás y me siento agradecida.

“Me hago tratamientos con todo tipo de máquinas no invasivas para la celulitis, para adelgazar y para otras cosas. Pero en la cara no me puse nunca nada, ni botox. Pero si llega el momento y lo necesito, por supuesto que lo haré”, dice Concepción sobre su rutina de belleza
y, coqueta, avisa que no le gusta revelar su edad

-¿Qué edad tenías cuando se separaron tus padres?

–Creo que 8. Ahí fue el crack. Mi padre se fue a vivir a Brasil. Yo me fui con él un tiempo, pero todo con amor, porque mis padres se llevan regio. Eso es un placer. Soy hija única de papá, y la más chica de mamá, que tuvo antes a mis cuatro hermanos Vianini. Mamá es una mujer magnética, que tiene amigos de todas las edades porque en el alma no hay tiempo, eso es una invención del cerebro para cuantificar las experiencias en este plano. Me llevo muy bien con ella. Lo mismo que con mi padre. Él es muy culto, muy mental, muy pensador, me dio siempre mucho amor. Siempre decía que, con los hijos, cuando no sepas qué hacer, abrazalos.

–¿Es muy afectivo?

–Sí. Lo amo profunda y eternamente. Me ocupo de los dos como ellos se ocuparon de mí. Me tocaron padres más grandes: mamá tiene 86 años y papá, 83. Todo se lo debo a ellos.

–¿Eras malcriada por ser la más chica?

–Yo creo que sí. Una vez una de mis tías dijo que ellos tuvieron treinta hijos, pararon y después vinieron los hijos de la vejez. Por eso yo fui muy de mamá y papá, mis padres fueron recontra presentes. Y siempre nos criaron con la verdad, sin tabúes.

“Me parece bárbaro que estén todas las opciones para ser mamá, pero a mí me gustaría tener una familia más que un hijo. Me parece que el carro se tira mejor de a dos”, opina

–¿Dónde vivías en Brasil?

–En San Pablo. Iba a un colegio americano y papá me llevaba todos los días. Hablo perfecto portugués, pero no lo escribo muy bien porque en el colegio era todo inglés. Al terminar decidí irme a Europa. Fue la mejor decisión que tomé porque uno se va del nido y de pronto te empiezan a pasar cosas en la vida, crecés. Allá viven muchos de mis amigos, que son como familia y los adoro. Trato de visitarlos todo lo posible porque también me gusta tener contacto con sus hijos. Al principio estuve en Barcelona, también en París. Pero ahora siempre estoy entre Madrid e Ibiza, pero sigo a Londres o donde estén para encontrarnos.

Con su mamá, Dolores Blaquier Nelson. “Es una mujer magnética, que tiene amigos de todas las edades porque en el alma no hay tiempo. Me llevo muy bien con ella”, dice
Andando sobre un petiso al que le puso un mandil
rosa porque era su color favorito

–Suelen decir que sos rebelde. ¿A esta altura de la vida cabe ese título?

–Creo que no. ¿Pero qué es ser rebelde? Sigo mis principios y mi corazón y mis instintos y soy muy verdadera. Si eso es ser rebelde…

En La Rural, presentando la caballada

–Leí que Keith Richards y Ronnie Wood se hospedaron en “La Concepción”. ¿Qué recuerdo tenés?

–Tuve la suerte de conocerlos porque un tío brasileño los trajo. Estuvieron acá, en el campo, y en el campo de él. Tocaban la guitarra, por supuesto, y a mí, que tenía 14 años, se me explotaba el corazón porque aunque conozco a muchas figuras, mis únicos ídolos son los Rolling Stones. Obviamente hace años que no vienen, pero después los he visto en Londres alguna que otra vez y tuve la suerte de hacerme amiga de sus hijos y sus nietos. Son gente normal, dentro de todo, que tiene familias, sale a comer, va a bailar… Fuera de ellos mis ídolos son mis padres y mi abuela Malena, que admiro y siento que soy parecida en algún punto.

–¿En qué creés que te parecés?

–Fue una pionera de la moda. Lo que ella se ponía todo el mundo lo quería tener. Se traía las toiles de París en barco y se mandaba a hacer los vestidos acá. Fue una mujer deslumbrante que se quedó viuda chica y también salió con gente joven. Estuvo mucho tiempo de novia con Jimmy Dodero, que era el mejor amigo de su hijo. Ella tenía 40 y pico y él tendría 20 y pico. Siempre hizo lo que quiso. Yo siempre cito a la duquesa de Alba, que dicen que en su lápida se lee: “Aquí yace Cayetana, alguien que vivió como sintió”. Eso es bárbaro, tenés que vivir como sentís y lo que piensa el otro es su problema. No se puede hipotecar uno la vida para hacer feliz al otro.

“La nobleza no tiene que ver ni con el nombre, ni
con el apellido, ni con la cuenta bancaria, sino con ser una persona sólida”, asegura

–¿Cómo es un día tuyo?

–Es muy importante que todos mis días sean diferentes, me hace mal la rutina. Acá se reparten entre el campo y la ciudad, porque tengo a mi madre ahí y me ocupo de sus affairs. Mi parte creativa la tengo un poco congelada con la administración de las cosas de mi madre y demás. Pero tengo un par de proyectos nuevos, porque tengo que activar mi creatividad de vuelta. El diseño es un don que me tocó, entonces no lo puedo silenciar. Y la creatividad la pienso no sólo desde la moda: puede ser decoración, diseño de casas… No creo que el mundo hoy necesite otro vestido.

–¿Te gusta que te copien?

–Está bueno inspirar a otros. Pero más allá de la chica que se viste diferente, tengo un poco más de contenido. Detrás de eso hay un alma sensible, que está muy conectada. Estaría buenísimo inspirar al resto a crecer de adentro para afuera. Esa es la onda, el brillo sale de adentro. Y hay que ser fiel a uno mismo.

Junto a su amigo Nicolás Pesce Freijo, que se encargó de la producción y el styling del shooting y que es su compañero de aventuras en el vereano europeo, en la Semana de la Moda de París y en Punta del Este

–¿Tenés algún sueño pendiente?

–Sí, y es muy personal: formar una familia, que llegue el príncipe azul y podamos tener un hijo sano y lleno de amor.

Producción: Nicolás Pesce Freijo para Summer Creativo Maquillaje y peinado: Joaquina Espínola

La tapa de revista ¡Hola! de esta semana

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