Publicado: mayo 17, 2026, 6:06 am
Con su célebre ensayo Le Maroc de Mohammed VI: la transition inachevée el historiador francés Pierre Vermeren se refería en 2009, transcurrida una década de la ascensión al trono del actual monarca, a la democratización inconclusa de Marruecos, con un poder político que seguía en manos de Palacio y su Majzén —la oligarquía de poder fáctico en torno a la Corona— a pesar de la apertura al mundo y modernización del país norteafricano y la innegable relajación de la represión política.
Hoy, transcurridos casi diecisiete años de la publicación del ensayo, y cuando el discurso y la agenda favorables a la democratización de las instituciones en Marruecos tras los fuegos de artificio de la Primavera Árabe comienza en los últimos tiempos a hablarse de una nueva transición. Concretamente del inicio del cambio en la jefatura del Estado —la eventual entronización del futuro Hassan III—, lo que, en el caso de una monarquía ejecutiva como la de Marruecos, convierte la cuestión en un asunto particularmente relevante.
Aunque, con la misma edad que su hijo, los 23 años, el actual soberano alauí, de 62 años, asumió en 1985 el cargo de manos de su padre, el rey Hassan II, el reciente nombramiento de Mulay Hassan como coordinador de las Oficinas y Servicios del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) ha suscitado los inevitables interrogantes dado el contexto: un rey Mohamed VI de salud precaria —a la larga lista de dolencias de los últimos años se añaden a fractura en el hombro sufrida a finales de 2024 y problemas lumbares— que viene reduciendo en los últimos años sus apariciones públicas y un príncipe heredero que asume cada vez mayor protagonismo en la agenda oficial.
¿Proceso formativo normal o inicio del relevo?
Desde Marruecos pocos en público se atreven a especular con el inicio del relevo en la jefatura del Estado, y los historiadores y analistas enmarcan la creciente presencia del príncipe heredero en la naturalidad del proceso de preparación del futuro Hassan III, como puntualizaba en un reciente artículo en la revista Jeune Afrique el historiador Farid Bahri. A su juicio, las etapas del proceso están perfectamente “codificadas” a pesar de que la primogenitura solo se instaura formalmente en Marruecos con la Constitución de 1962.
En esa línea se expresa el consejero político y especialista en relaciones hispano-marroquíes Samir Bennis, para quien el reciente nombramiento del príncipe Hassan como coordinador de las Oficinas y Servicios del Estado Mayor y creciente protagonismo en la agenda institucional “entra dentro de la normalidad, sólo basta recordar cómo fue con Mohamed V y Hassan II”. “Se trata de un proceso que dura muchos años, y es un error pensar que se ha acelerado por los problemas de salud del rey”, zanja a 20minutos el escritor marroquí.
Sin embargo, otros especialistas dentro y fuera del país magrebí están convencidos de los cambios que se están produciendo entre bambalinas. “La marroquí es una monarquía milenaria con un Majzén de profunda tradición y fuertes instintos de supervivencia, por lo que el país parece haber forjado ya el camino al sucesor de Mohamed VI, de delicado estado de salud”, asegura a 20minutos la investigadora marroquí Sarah Zaaimi. “Desde impulsar la presencia de su hijo y sucesor en actos diplomáticos donde su padre está ausente como la visita del presidente chino [a Casablanca a finales de 2024] hasta conferirle altas funciones militares, está claro que la maquinaria de la sucesión ha comenzado ya”, asevera la senior fellow en el think tank Atlantic Council especializada en el área del Norte de África.
Para el catedrático honorario de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid Bernabé López García admite desconocer el grado de simbolismo o carácter ejecutivo del puesto de coordinador de las Oficinas y Servicios del Estado Mayor General de las FAR, pero recuerda cómo “la primera función que asumió su abuelo homónimo fue la de organizar las FAR, con un papel claramente ejecutivo como bien recordaron los rifeños durante su levantamiento de 1958-59”.
“Vivimos a escala mundial tiempos de rearme que no auguran nada bueno, y que en la escala regional magrebí también resuenan mal. Confiemos en que el príncipe heredero conozca bien las lecciones del pasado para entender su papel a desempeñar en la necesaria distensión regional y mundial”, expresa a 20minutos uno de los grandes especialistas españoles en política e historia marroquí y las relaciones hispano-magrebíes.
Un joven de su tiempo
Aunque nunca haya concedido hasta ahora una entrevista pública y su forma de pensar siga siendo una incógnita, lo cierto es que en sus cada vez más habituales apariciones públicas el joven príncipe proyecta una imagen de seriedad y formalidad no siempre habitual en los jóvenes herederos de otras casas reales. El joven Mohamed VI fue también un hombre tímido e introvertido, y no menos discreta ha sido siempre la madre del príncipe, la princesa Lalla Salma, desaparecida de la vida pública marroquí desde su separación del actual soberano en 2018.
Del príncipe Hassan se sabe que se licenció en Relaciones Internacionales en la Universidad Politécnica Mohamed VI (UM6P) antes de cursar un máster en la misma especialidad y que en estos momentos prepara una tesis doctoral, y que es, como su progenitor, políglota (habla árabe, francés, inglés y español). A juicio de Sarah Zaaimi, “el Majzén ha estado promoviendo al príncipe heredero como miembro y símbolo de la Generación Z tras la reciente ola de protestas, en un momento en que el rey se apartó y dejó brillar a su hijo como una estrella emergente, por ejemplo asistiendo a los partidos de la selección marroquí en la Copa de África”. Así, para la analista del Atlantic Council, “hay señales fuertes de una estrategia de branding y de una lenta pero segura transición de poder a largo plazo”.
“El ascenso del príncipe en el seno del ejército es sólo el comienzo. Seremos testigos de una implicación cada vez mayor del príncipe en los asuntos de Estado y actividades diplomáticas en el futuro inmediato”, concluye la marroquí, quien no obstante estima que habrá que esperar varios años hasta que se garantice que el sucesor al trono “cuenta con suficiente apoyo internacional y aliados fuertes como EEUU y otros de tal manera que se garantice una transición suave”.
La prioridad: resolver la cuestión del Sáhara
No hay dudas de que el eje y la prioridad de las autoridades marroquíes en política exterior es la cuestión del Sáhara. El dossier ha adquirido un protagonismo mayor aún si cabe en los últimos años, durante los cuales Rabat ha convertido el apoyo a sus posicionamientos en la piedra de toque de las relaciones con sus socios. El principal hito reciente en este sentido ha sido, sin duda, el reconocimiento estadounidense a finales de 2020 de su soberanía sobre la que fuera colonia española hasta 1975, un respaldo recabado posteriormente por Francia cuatro años después.
Rompiendo con una tradición diplomática, el actual presidente del Gobierno expresó por primera vez en el mes de marzo de 2022 el respaldo español a la propuesta de autonomía presentada oficialmente por Marruecos en 2007 ante Naciones Unidas como la fórmula “más seria, creíble y realista” para la resolución del largo litigio por la soberanía del territorio.
Lo cierto es que en la última década Rabat ha puesto el pie en el acelerador, pero los especialistas no coinciden en que ello se deba a una percepción desde el Majzén de que la resolución definitiva del conflicto —Marruecos celebró a finales de octubre pasado una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que tomaba por primera vez la propuesta de autonomía como base para resolver el diferendo— ha de hacerse antes de una eventual transición en la corona.
“La asertiva política exterior de Marruecos, su creciente desvinculación discursiva respecto de la UE y la búsqueda de ampliación de alianzas se deben tanto a condicionantes domésticos como de entorno internacional de los últimos años y no tanto a una preparación de la sustitución en la jefatura del Estado”, estima a 20minutos, por su parte, la profesora del Departamento de Ciencia Política de la UNED Beatriz Tomé. La especialista en islamismo y política exterior marroquí percibe una estrategia “continuista” en la eventual transición de la jefatura del Estado, y estima que el legado de Mohamed VI en política exterior estará siempre vinculado a su conexión con el conjunto de África.
A juicio de Samir Bennis, en una línea similar, “las decisiones de distintos países en su apoyo a Marruecos en el tema del Sáhara son el resultado de años de trabajo y no tiene sentido vincularlas a unas supuestas prisas de las actuales autoridades marroquíes”. Con todo, el autor del reciente ensayo La alianza anómala: entresijos de la conspiración hispano-argelina en torno al Sáhara marroquí (1965-1979), admite que “el rey, tanto desde el punto de vista de su legado histórico como el estratégico, no quiere dejar irresuelto el tema del Sáhara al futuro monarca”. La investigadora Sarah Zaaimi va más allá y defiende que “la silenciosa pero firme estrategia de sucesión también se alinea con las prisas de Marruecos por cerrar la cuestión del Sáhara de tal manera que el nuevo rey pueda empezar de cero cuando llegue al poder”.
El rey, tanto desde el punto de vista de su legado histórico como el estratégico, no quiere dejar irresuelto el tema del Sáhara al futuro monarca
Además, para el profesor de la Universidad de Granada, “me ha llamado poderosamente la atención la posibilidad de un regreso del irredentismo”. “Mientras la organización de Estados africanos, Argelia y otros países mantengan el apoyo al tema saharaui veo difícil la solución”. “La diplomacia marroquí es muy hábil y es capaz de ganar voluntades, pero en principio mantengo mis reservas de que esto pueda llegar a buen puerto o que en un mundo tan inestable como en el que estamos pueda abocar a una nueva fuente de conflictos. Estamos en un mar de incógnitas”.
No es el del Sáhara el único reto del Marruecos actual y del futuro próximo, pues pendientes quedan los de la democratización —postergada tras la Primavera Árabe a comienzos de la segunda década del siglo— y el del deterioro del nivel de vida de una población que presenta aún altos índices de pobreza y analfabetismo, y en un país con fuertes disparidades en renta y servicios entre zonas urbanas y rurales.
En este sentido, el antropólogo José Antonio González Alcantud afirma que, teniendo en cuenta que Marruecos no cuenta con un tradición consolidada de monarquía hereditaria, “podrían aparecer diversos factores de desestabilización, algunos de los cuales los desconocemos en estos momentos” y recuerda cómo nunca se produjo un proceso de regionalización en Marruecos tras la muerte de Hassan II. “Es una asignatura pendiente y creo que volverán a defraudar”, augura a 20minutos el catedrático de la Universidad de Granada.
“Y si no se produce la regionalización como condición previa y atendiendo a la diversidad cultural reconocida por la Constitución no podrá solucionarse la cuestión del Sáhara, porque siempre quedará pendiente cuáles los límites de esa autonomía y cómo se articula con el Estado, y si ese Estado es como, a día de hoy, majzeniano, es decir, centralizador, probablemente aunque se aviniesen a una sumisión la cuestión estaría siempre presente y sería fuente de un permanente estado de amenaza para la construcción y la estabilidad del Estado. De tal manera que quien pilote la transición tiene que tener presente todos estos factores”, asevera González Alcantud.
Con todo, según el antropólogo, “en todos los cambios hay un factor aleatorio”. “Es obvio que la sociedad marroquí ha mejorado desde el punto de vista de la modernización material, hay una nueva clase media, y hay una menor dependencia del factor rural y necesidad por parte de la sociedad de incorporarse a la modernidad, y ello podría incidir en las nuevas perspectivas de apertura a la Unión Europea y en general a las políticas que el Majzén pueda practicar”, explica el autor granadino.
El futuro de las relaciones con España
En fin, dentro del capítulo de la política exterior marroquí, el de las relaciones con España juega y seguirá jugando un papel destacado. Más allá de quiénes sean los titulares de la jefatura del Estado de ambos países, del signo político de los gobiernos a un lado y otro del Estrecho o de las coyunturas internacionales, la geografía marca a los dos países a seguir trabajando juntos y a tratar de entenderse.
El eventual relevo en la jefatura del Estado marroquí introduce un inevitable factor de incertidumbre sobre cuál será la personalidad y la sensibilidad del futuro monarca, que, al igual que su padre, ha estudiado español, al respecto de las relaciones con sus vecinos del norte. Más próxima en el tiempo se antoja posibilidad de un relevo en el Gobierno de España, y la perspectiva de la salida de la Moncloa de Pedro Sánchez, cuyo mandato pasará a la historia por su apoyo a la propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí para el Sáhara Occidental —el tiempo dirá si se trató de un giro temporal o definitivo—plantea nuevos interrogantes.
“Si hay cambio de Gobierno aumentarán los niveles de fricción, lo que devolverá al campo a otro tipo de diplomacia”, augura el catedrático de Antropología Social de la UGR. “Pero a veces estos asuntos ponen encima de la mesa son los intereses, y donde hay intereses no hay engaño. Las políticas de confraternización y fraternidad desde la época del Protectorado han sido episódicas pero en el fondo débiles, porque conllevaban concesiones por un lado y por otro que han debilitado las posiciones de ambos. Así que la necesarias coexistencia y la convivencia obligarán al ejercicio de la realpolitik”, reflexiona el profesor de Antropología de la Universidad de Granada y autor de ensayos como Historia colonial de Marruecos y El mito de Al Ándalus.
A juicio del especialista en relaciones bilaterales Samir Bennis, a largo plazo “no habrá cambios en la diplomacia marroquí hacia sus vecinos, a menos, advierte el escritor nacido en Fez, que haya un giro inesperado por parte española”. “En el caso de que haya un cambio en la jefatura del Estado en Marruecos en los próximos tiempos, por parte de Rabat las relaciones con España se basarán en la premisa del respeto mutuo y la voluntad de minimizar el impacto de los conflictos clásicos”, concluye el escritor a 20minutos.
