Publicado: octubre 17, 2026, 5:54 am
El pasado lunes, un alumno de 14 años disparó contra el director y una profesora de la escuela de Joseph-Lakanal, en Aubagne, en el sureste de Francia. El chaval ha negado que quisiera matarlos y afirma que actuó por venganza ante el supuesto acoso de docentes y compañeros, una versión que aún no ha sido corroborada por los investigadores.
El tiroteo ha generado una enorme conmoción en Francia. El jueves la policía detuvo a un compañero del joven. Ambos estaban vinculados a la comunidad True Crime Community (TCC), según ha explicado la Fiscalía Antiterrorista.
«Un primer examen de su cuentas en redes sociales durante el periodo de detención policial apuntaba a su probable vinculación con la True Crime Community«, asegura la Fiscalía encargada del caso. Una de esas cuentas «estaba dedicada exclusivamente a republicar contenidos relacionados con esta comunidad —caracterizados por una violencia extrema— y, más concretamente, con tiroteos escolares», detalla.
¿Qué es comunidad del ‘true crime’?
La True Crime Community (TCC) es un fandom y una subcultura digital que gira en torno al consumo, el debate, la celebración y —en sus manifestaciones más extremas— la emulación de los crímenes reales y de sus autores. En particular les atraen los asesinos en serie y los autores de asesinatos en masa de gran repercusión mediática. El término abarca tanto a los consumidores de contenido convencional sobre crímenes reales como a un sector más marginal y extremista.
La TCC ha surgido de la fusión entre los medios de comunicación populares y las comunidades extremistas. Se han sumado personas que consumen vídeos, pódcasts, artículos, foros en línea y contenido en redes sociales relacionados con este tipo de crímenes. Se mueve principalmente en redes abiertas como TikTok, YouTube o Reddit, pero luego migra a espacios más cerrados como Discord o Telegram.
La True Crime Community funciona «como una cultura de fandom compleja, en la que los perpetradores de ataques con múltiples víctimas son objeto de investigación, estetización e imitación, para terminar siendo integrados en un imaginario mítico compartido». Así lo explican Peter Smith, Cat Cadenhead y Clara Broekaert en un artículo que publican en el Centro de Lucha contra el Terrorismo en West Point, a partir de casos documentados de ataques violentos ocurridos entre 2024 y 2025.
El caso de Suecia este mismo año
La True Crime Community resurge en los medios por el caso de Francia, pero en agosto de este mismo año vivimos en Suecia otro episodio relacionado con esta comunidad. El adolescente Liam Nebel atacó con una espada a sus excompañeros y exprofesores del instituto de Fagersta. Dejó un muerto y tres menores heridos.
El chaval actuó motivado por el deseo de represalia ante el acoso escolar que había sufrido. Luego se supo que había creado contenido en redes sociales vinculado a la TCC, incluyendo vídeos que mostraban a los autores de ataques masivos anteriores.
Su cuenta contenía vídeos de los denominados bailes de masacre (rampage dance) elaborados mediante inteligencia artificial para representar a asesinos en masa. Nebel utilizaba el mismo símbolo empleado por los miembros de la comunidad, algo así como el logotipo de la TCC, según informaba el diario sueco Expressen.
Efectivamente, lo que se ha visto es que los miembros de la TCC crean y comparten en redes sociales vídeos generados con IA en los que aparecen terroristas y asesinos bailando en los lugares donde perpetraron sus ataques. En cada rampage dance las víctimas suelen representarse mediante la cifra de personas fallecidas, explica un artículo publicado por la Red Global sobre Extremismo y Tecnología (GNET, por sus siglas en inglés).
Para recrear lugares y sucesos vinculados a masacres o asesinatos reales, los de la TCC usan también videojuegos como Minecraft y Roblox. Hay grupos que se autodenominan «estudios de videojuegos», que se ocupan de desarrollar y difundir mapas dentro de estos juegos que simulan grandes masacres, como la de la escuela secundaria Columbine (1999), el tiroteo en la escuela de Uvalde (2022) o el tiroteo en la escuela secundaria de Parkland (2018).
Idealización e imitación de la violencia nihilista
Los autores del artículo del Centro de Lucha contra el Terrorismo sitúan a la TCC dentro del panorama más amplio de la violencia nihilista y las redes extremistas participativas basadas en memes. Esas redes se sustentan en un sistema de simbolismos, referencias y alusiones estéticas que conforman un lenguaje comprensible solo para los miembros de la comunidad.
«La TCC constituye una forma de participación mediada digitalmente en la que la violencia se convierte en un lenguaje simbólico, más que en un acto ideológico», aseguran los autores. Sus miembros se brindan apoyo mutuo en la búsqueda y el consumo de materiales relacionados con asesinos en masa.
Ese consumo puede conducir a la radicalización. Ocurre que, como advierte la American Psychological Association, la exposición repetida reduce la respuesta emocional y termina normalizando la violencia.
Su estructura jerarquizada muestra cómo los individuos pueden pasar de un interés convencional por el true crime a subculturas más cerradas y transgresoras, que glorifican a los perpetradores y estetizan el daño. Por eso, Smith, Cadenhead y Broekaert consideran que la TCC «constituye un vector de amenaza autosostenible».
La True Crime Community tiene esa estructura jerarquizada y suele responder a un patrón. Todo suele empezar con un consumo casual, pero luego puede escalar a una participación más activa, como reconstruir casos o seguir a los autores.
El fenómeno ha sido estudiado también por el Servicio Secreto de Estados Unidos. Han detectado que en etapas avanzadas, el seguidor de la TCC se identifica emocionalmente con los agresores que admira. Así, han visto que muchos agresores habían estudiado casos previos antes de actuar. Es el llamado efecto copycat: la cobertura intensiva de la violencia genera imitadores.
Solo una pequeña fracción de los participantes llega a ejercer la violencia,. Sin embargo, la lógica participativa de la TCC —especialmente su énfasis en el reconocimiento y en un linaje compartido— ayuda a explicar cómo ciertos individuos terminan viendo los actos violentos como una forma de autoexpresión dentro de una narrativa más amplia.
