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He probado durante un mes una máscara LED en casa: qué hace (y qué no) la Silicone LED Mask de Skinvity

Publicado: diciembre 26, 2025, 5:30 pm

Las máscaras de luz LED han pasado en poco tiempo de ser un tratamiento reservado a cabinas profesionales a convertirse en uno de los gadgets de belleza más deseados para usar en casa. Son muy visuales, sí, pero también tienen detrás evidencia científica que explica por qué determinadas longitudes de onda pueden ayudar a mejorar el estado de la piel.

Durante el último mes he estado utilizando la Silicone LED Mask de Skinvity unas tres veces por semana. Te cuento mi experiencia, pero primero conviene explicar qué es y qué hace una máscara como esta.

La tecnología detrás de una máscara LED

Aunque ahora se asocien sobre todo al cuidado facial, los primeros estudios sobre luz LED no nacieron en el mundo de la cosmética. Investigaciones de la NASA ya observaron que la luz roja y la azul favorecían la fotosíntesis en plantas. Al trasladar estos hallazgos al ámbito dermatológico, se descubrió que cada color actúa de forma distinta sobre la piel.

Luz LED azul es la más utilizada en tratamientos contra el acné. Su eficacia se debe a que ayuda a reducir la proliferación de las bacterias responsables de este problema, disminuyendo la inflamación y regulando la actividad de las glándulas sebáceas. Además, acelera la recuperación de la piel y potencia el efecto de los productos cosméticos específicos para pieles acneicas.

Luz LED roja es la más conocida y la más asociada al cuidado antiedad. Tiene una mayor capacidad de penetración en la piel, lo que le permite estimular la producción de colágeno y elastina. El resultado no es un ‘efecto lifting’ inmediato, pero sí una piel que, con el uso continuado, se percibe más luminosa, homogénea y con una ligera mejora en líneas de expresión.

Cómo es la Silicone LED Mask de Skinvity

Skinvity apuesta por una experiencia completa. No solo incluye una máscara facial, sino también una específica para cuello y escote, dos zonas que solemos descuidar pese a estar igual de expuestas al sol y al envejecimiento cutáneo.

Fabricada en silicona flexible, la máscara se adapta bien al rostro y resulta sorprendentemente cómoda. Se sujeta con una cinta de velcro regulable que no molesta. Cuenta con más de 200 diodos emisores de luz LED, repartidos entre el complemento de cara y el de cuello.

EEl sistema se controla mediante un mando desde el que se elige el color (rojo o azul) y la intensidad del tratamiento, de la que depende el tiempo que dura el mismo. Puedes variar entre 10 (para sesiones más intensivas) y 30 minutos (para un uso más suave y frecuente).

Funciona con batería recargable por USB y no utiliza radiación ultravioleta, por lo que no hay riesgo de quemaduras ni dolor. Los efectos, según explica la marca, se producen a nivel celular.

Lo que promete… y lo que no

La propia fundadora y CEO de Skinvity, Blanca Miñano, lo resume sin rodeos: la máscara LED no evita el paso del tiempo. No rejuvenece de forma milagrosa ni frena el envejecimiento. Su objetivo es otro: ayudarte a verte mejor, sentirte más cómoda con tu piel y potenciar los resultados de una rutina bien hecha.

Es cierto que la potencia de estos dispositivos no es comparable a la de los tratamientos profesionales en cabina, pero la gran ventaja del uso doméstico es la regularidad. Tener la posibilidad de usarla en casa facilita la constancia, y ahí es donde realmente se empiezan a notar los resultados.

Mi experiencia tras un mes de uso

En mi caso, integrarla en mi día a día ha sido bastante sencillo. Suelo usar la máscara por la noche, antes de acostarme, siempre después de limpiarme bien la cara con mi rutina habitual. La utilizo en el modo LED rojo, a máxima intensidad y durante 10 minutos, unas tres veces por semana. Normalmente me tumbo en la cama mientras la llevo puesta, aunque alguna vez la he usado haciendo tareas ligeras por casa, como doblar ropa, porque resulta cómoda y no molesta.

La recomendación es llevarla lo más ajustada posible al rostro para que la luz actúe mejor y en ese sentido la silicona ayuda mucho a que se adapte bien. También es cómoda por las protecciones para los ojos, así que no es necesario llevarlos cerrados. Y, por si te lo preguntas: no, no emite calor.

Pasados los 10 minutos, me la quito, la limpio con un paño húmedo, la seco bien y la guardo. Después continúo con mi hidratación nocturna habitual, como cualquier otra noche.

Un punto a favor es la batería, que dura bastante: en todo el tiempo que la he estado usando solo la he cargado una vez.

A nivel de sensaciones, lo que más noto es la piel más tersa y agradable al tacto, con mejor aspecto general. No es un producto milagro ni sustituye ningún tratamiento médico o estético profesional, pero su gran ventaja es la accesibilidad: al poder usarla en casa, es más fácil ser constante. Añadirla a una rutina ya existente no da pereza, porque son solo 10 minutos y no obliga a buscar tiempo extra para ir a un centro especializado. En ese sentido, me parece un complemento muy interesante y bastante recomendable.

No es magia ni te hace retroceder 20 años, pero sí hay una mejora visible en el aspecto general del rostro.

Poco a poco vas apreciando resultados, sobre todo si lo acompañas de lo básico: buena limpieza diaria, hidratación adecuada a tu edad y hábitos saludables (que tengan efecto en nuestro rostro, sobre todo beber mucha agua y alimentarse bien). Si cumples con todo y añades un dispositivo femtech como este, la piel te lo agradecerá seguro.

Resultados medibles más allá de lo que dice la marca (o yo)

Más allá de las sensaciones subjetivas, Skinvity respalda el uso de su máscara con datos obtenidos en un test de eficacia realizado por un laboratorio independiente, un punto importante en un mercado donde no siempre hay cifras claras. Según esos resultados oficiales, el uso continuado de la máscara LED se traduce en mejoras medibles en distintos parámetros de la piel: un 30 % más de firmeza en el rostro, un 12 % de aumento en el grosor de la dermis y una mejora del 19 % en la elasticidad. En cuanto a las arrugas, el estudio recoge una reducción del 15,6 % en la frente, un 20,3 % menos en el surco nasogeniano y un 12 % menos en el entrecejo. También se observa una disminución del 18,6 % en la coloración de las manchas, lo que apunta a una piel más homogénea.

Son cifras que no prometen un rejuvenecimiento radical, pero sí avalan que, con constancia y un uso correcto, la fototerapia LED puede contribuir de forma objetiva a mejorar el aspecto y la calidad de la piel.

¿Merece la pena?

La Silicone LED Mask de Skinvity cuesta 499 euros, una inversión considerable. A su favor juega que incluye tratamiento para cuello y escote, que es cómoda, fácil de usar y, como extra, está desarrollada en España.

No es un producto para todo el mundo ni una solución exprés, pero sí puede ser un buen aliado para quienes buscan mejorar el aspecto de su piel de forma progresiva, sin tratamientos invasivos y con un enfoque realista. Como casi todo en cosmética, funciona mejor cuando se integra en una rutina constante y bien pensada.

En resumen: no hace milagros, pero bien utilizada, suma. Y en cuidado de la piel, sumar de forma constante suele ser la clave.

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