Publicado: abril 6, 2026, 11:27 am
Con la entrada en vigor del nuevo Real Decreto de comedores escolares el próximo 17 de abril, España da un paso hacia menús más saludables. La nueva normativa refuerza la presencia de alimentos frescos como verduras, legumbres o pescado, y limita ultraprocesados, fritos y azúcares.
Aunque este cambio, desde el punto de vista nutricional, supone un avance claro, las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición clínica, nutrición aplicada y salud pública, y fundadoras de Futurlife21, advierten de un posible riesgo: «el problema no es solo qué se sirve, sino si los niños se lo comen. Si no se trabaja bien la transición, puede aumentar el rechazo y, con ello, el desperdicio alimentario».
10 claves para favorecer la aceptación y reducir el desperdicio
Según señalan las expertas, el éxito del nuevo modelo dependerá no solo de la norma, sino de su aplicación real en cocinas, comedores y en los propios hogares. En este contexto, Futurlife21 comparte 10 claves para conseguir que la comida saludable sea apetecible, aceptada por los niños y se reduzca el desperdicio en los colegios.
1. Formar a los equipos de cocina. Un cambio como este requiere un gran conocimiento práctico por parte de los profesionales que lo implementan, por lo que es necesaria la formación en técnicas culinarias, planificación y creatividad aplicadas a la alimentación saludable.
Según las bioquímicas, «lo más importante es reinventarse y buscar ideas saludables para ofrecer opciones diferentes y apetecibles para los niños. Aunque esto implica un esfuerzo y un cambio de organización, a la larga compensará para evitar el desperdicio».
2. Introducir los cambios progresivamente. Aunque no hay un plazo exacto de aceptación de los alimentos en los niños, en pediatría se indica que hacen falta exposiciones repetidas –incluso entre 8 y 15– para que se acepte con naturalidad. Es muy determinante cómo se ofrece un alimento, cómo es la relación con el mismo y lo normalizado que está su consumo en el hogar.
3. Cambiar la forma de cocinar. No basta solo con cambiar el menú, hay que transformar la forma de cocinar. «Hacer la verdura cocida o hervida y ofrecerla así puede producir rechazo. También si se cocina demasiado y desprende un fuerte olor», aseguran desde Futurlife21. La misma verdura bien cocinada, aliñada o integrada en un plato puede ser perfectamente aceptada.
4. Valorar más la presentación de los platos. Los niños también comen con los ojos, por lo que los colores, las formas y las texturas deben ser llamativas. «Una comida saludable no tiene por qué dar pereza: si huele bien, tiene buena textura y está bien presentada, la aceptación mejora mucho», añaden.
5. Integrar la verdura, no imponerla. Para que las verduras sean más apetecibles, es preferible introducirlas en forma de salsas batidas enriquecidas, boloñesas, en el interior de guisos, quiches, albóndigas… Lo mismo ocurre con otros productos como el pescado, que puede ofrecerse como hamburguesa.
6. Reformular las recetas familiares. Para que resulten familiares, se pueden reformular las recetas del hogar. Por ejemplo, «no se trata de demonizar la pasta, sino de darle menos protagonismo y mejorar su calidad. Se puede ofrecer pasta de legumbre, que aporta más nutrientes, fibra y proteína».
7. Evitar el enfoque «todo o nada». Reducir los ultraprocesados o las frituras no significa eliminarlos por completo, sino darles menos protagonismo y mejorar su calidad, ya que suelen aportar sal, azúcares libres y grasas poco saludables. Su consumo habitual se asocia con peor calidad de dieta, riesgo de exceso de peso, peor educación del paladar en edades tempranas y desarrollo de enfermedades inflamatorias y cardiovasculares.
8. Apostar por alimentos accesibles y económicos. Se pueden controlar los costes elevados sin renunciar a la calidad nutricional, eligiendo legumbres, verduras de temporada y cocinando grandes cantidades.
9. Ir de la mano en el colegio y el hogar. Si el niño no está familiarizado con un determinado alimento en casa, la probabilidad de que lo rechace en el comedor -y, por tanto, acabe en la basura- es mayor. «Es un trabajo conjunto que se debe hacer desde las cocinas de los hogares hasta las de los colegios».
10. Enseñar a disfrutar comiendo. «El objetivo no es solo que coman mejor, sino que aprendan a disfrutar de comer mejor», concluye Futurlife21. La aceptación de los alimentos no depende solo del sabor, sino también del ambiente en el comedor, el tiempo dedicado a la comida, la actitud de los adultos y la ausencia de presión en todos los contextos.
