Publicado: diciembre 24, 2025, 10:27 am
Navidad es sinónimo de comida: mucha y a todas horas. Por eso, no es extraño sentir cierta presión por ‘compensar’ después de cada comida, especialmente en un contexto donde los estándares de belleza y salud están en todas partes: redes sociales llenas de cuerpos perfectos, mensajes constantes sobre la importancia de ir al gimnasio, comer sano o perder peso. Todos, de una forma u otra, internalizamos estas expectativas, lo que puede convertir momentos de disfrute en fuentes de ansiedad y culpa.
Para las personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA), estos sentimientos pueden ser aún más intensos. Cada comida navideña puede activar miedos, preocupaciones o rituales estrictos alrededor de la comida. Según Belén Galiani, Coordinadora Asistencial del Área TCA y Dietista-Nutricionista del Centro Galiani, la clave está en entender que «la Navidad no define nuestro aspecto ni nuestra composición corporal: los cambios reales vienen de nuestros hábitos, no de un hecho aislado».
¿De dónde nace la culpa?
La experta propone a 20minutos algunas estrategias concretas para afrontar estos momentos de celebración sin caer en bucles de culpa ni restricciones dañinas. «Lo primero es identificar el agobio y compartirlo con alguien que me aporte seguridad», explica Galiani.
Hablar de lo que nos está causando malestar ayuda a desviar el foco de la propia sensación de angustia y ansiedad. «En el momento en el que hacemos esto estamos apartando el foco de la comida y estamos dando importancia a lo que sentimos», añade la dietista.
La experta propone una acción simple que se puede llevar a cabo una vez hemos compartido lo que nos hace sentir mal: «Por ejemplo, alejarme de la mesa un momento, dar una vuelta y luego volver a sentarme cuando me siento más tranquila».
Galiani explica que la culpa no surge por la comida navideña en sí, sino por cómo nos relacionamos con la alimentación en nuestro día a día: «Es importante tener en cuenta que estos bucles que suceden con la comida vienen de no cubrir las necesidades en mi día a día». Es decir, en la Navidad no sucede algo extraordinario y de manera aislada «sino que es el reflejo de cómo una persona se relaciona con la comida», aclara.
Para la dietista la clave está en que, es durante estas fechas cuando estas conductas se acentúan porque las celebraciones suelen girar entorno a ingestas más copiosas. «Cuando me doy cuenta de que llevo una restricción en mi día a día, que suelo pasar hambre y que tengo descompensaciones en la alimentación, viene esa culpa», asegura Galiani.
La importancia de seguir con los hábitos normales
La especialista recomienda seguir hábitos normales después de comidas copiosas para evitar el ciclo de restricción y culpa: «Cuando noto que he comido más de lo habitual o de forma más copiosa de lo que suelo hacer en mi día a día, lo importante es no recurrir a restricciones o compensaciones severas, porque eso solo provocaría que vuelva a sentir descompensación en la siguiente comida», señala Galiani.
Seguir con nuestro ritmo habitual de hambre y cubrir nuestras necesidades después de una comida más abundante nos permite continuar hacia adelante. «Sin retroceder al punto de partida con la restricción», comenta. Es un proceso de regulación que ayuda a mantener la relación con la comida más equilibrada, incluso en momentos de exceso puntual.
Galiani también subraya que sentir cierta incomodidad al principio es normal. «Es normal que esta sensación no resulte agradable, porque a veces surge la tendencia a compensar, pero esto solo nos perjudica. Identificarlo y elegir seguir adelante, regulándome», señala la experta. Además, esto «no significa que vaya a producirse un cambio físico negativo; simplemente, el momento ha pasado y puedo continuar con mis hábitos de manera equilibrada», insiste.
El permiso incondicional: pensar no es igual que ejecutar
Otro pilar fundamental de su enfoque es el ‘permiso incondicional’ Galiani señala que muchas personas sienten miedo a permitirse comer de todo, preocupándose de que si lo hacen «se descontrolarán» o comerán en exceso. Por eso, trabajar el permiso incondicional consiste en aceptar mentalmente que está bien poder elegir libremente los alimentos sin que eso implique que nos los vamos a comer todos necesariamente.
«Cuando interiorizamos esta idea y nos la repetimos, podemos ir tomando decisiones desde la tranquilidad, basadas en nuestras propias sensaciones de hambre y saciedad. El problema es que, muchas veces, con la comida no hemos tenido muchas oportunidades a lo largo de la vida de tomar estas decisiones de manera consciente, y eso hace que nos resulte más difícil elegir con calma. Por eso es tan importante trabajar el permiso incondicional y aprender a escucharnos: una vez que identificamos nuestras sensaciones, podemos decidir con tranquilidad cómo actuar.»
