Publicado: septiembre 23, 2026, 11:24 pm
El cáncer de mama es el segundo tipo de tumor más diagnosticado en todo el mundo (y el más común en mujeres). También es uno de los que más está aumentando en población joven y cada vez hay mayor evidencia que apunta a la exposición a factores ambientales como posible causa de este fenómeno. Un nuevo estudio del Silent Spring Institute ha identificado cientos de sustancias químicas que suelen utilizarse en pesticidas y que podrían aumentar el riesgo de cáncer de mama. La lista incluye ingredientes activos de pesticidas, así como un número significativo de otras sustancias denominadas «inertes» o inactivas, que generalmente no se someten al mismo nivel de pruebas de seguridad. «Nuestros hallazgos ponen de manifiesto un punto ciego en la normativa sobre los llamados ingredientes inertes. Cuando pensamos en la seguridad de los plaguicidas, solemos centrarnos en el ingrediente activo. Pero las personas están expuestas a la formulación completa, y nuestros hallazgos demuestran que muchos de esos otros productos químicos también pueden suponer un riesgo », advierte la doctora Jennifer Kay, autora principal e investigadora científica de Silent Spring. Los resultados, publicados en la revista ‘Environmental Health Perspectives’, forman parte de un análisis sistemático más amplio, el primero de su tipo, para identificar dónde aparecen las sustancias químicas potencialmente causantes de cáncer de mama («BC-Chems») en los productos de consumo cotidianos, el medio ambiente y la economía, así como las principales fuentes de exposición. En 2024, Kay y sus colegas ya publicaron un estudio trascendental que identificaba más de 900 sustancias químicas que podrían aumentar el riesgo de cáncer de mama, teniendo en cuenta su capacidad para causar tumores mamarios en animales o alterar las hormonas de forma que favorezcan el desarrollo de esta enfermedad. Más de la mitad de las sustancias de la lista provocan que las células produzcan más estrógeno o progesterona, hormonas que se sabe que desempeñan un papel en el desarrollo de este tipo de tumor. En el nuevo estudio , el equipo de Silent Spring intentó identificar las principales fuentes de exposición a los BC-Chems. Para ello, los investigadores analizaron datos de más de una docena de bases de datos del gobierno estadounidense sobre volúmenes de producción química, usos, emisiones ambientales y niveles de estos compuestos en el organismo. El análisis destacó los productos plaguicidas como una fuente importante de exposición a sustancias químicas potencialmente causantes de cáncer de mama. De los 485 compuestos químicos presentes en las formulaciones de plaguicidas, aproximadamente un tercio (145) están registrados actualmente ante la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) como ingredientes activos. «Esto no solo sugiere que los ingredientes activos de los plaguicidas no se someten a pruebas exhaustivas para determinar sus efectos en la mama, sino que cientos de otros ingredientes potencialmente peligrosos en las formulaciones de plaguicidas pasan desapercibidos al ser considerados ingredientes inertes», afirma Kay. Las personas pueden estar expuestas a los pesticidas de diferentes maneras, como a través de los alimentos y el agua potable, y también mediante productos de uso doméstico y en el jardín, como repelentes de insectos, productos para el control de plagas, tratamientos para piojos y pie de atleta, y desinfectantes. Los pesticidas también se utilizan en muchos materiales de construcción. Además de los pesticidas, los investigadores identificaron otras fuentes importantes de exposición a BC-Chems, como productos de consumo (500 sustancias químicas), alimentos (462), agua potable (162), productos farmacéuticos (142) y materiales de construcción (106). «En lo que respecta al cáncer, debemos considerar la totalidad de nuestras exposiciones. A lo largo de la vida, las personas están expuestas a cientos de sustancias químicas procedentes de múltiples fuentes, y estas exposiciones se acumulan. Sin embargo, los organismos reguladores no las tienen en cuenta en su conjunto», reclama Kay. Los datos del Inventario Nacional de Emisiones revelaron que en 2020 se liberaron a la atmósfera más de 2 mil millones de libras de BC-Chems. Según la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES), se han detectado 84 BC-Chems en el organismo de las personas. Sin embargo, los investigadores afirman que esta cifra es una subestimación, ya que el gobierno federal no monitorea la mayoría de estas sustancias en la población general. Se detectaron plaguicidas organofosforados (como el malatión, de uso común en cultivos) en más del 90% de la población estadounidense. Y un dato sorprendente es que también se detectó DDT en más del 40% de la población, a pesar de estar prohibido en Estados Unidos desde hace décadas, lo que pone de manifiesto la persistencia de algunos productos químicos en el medio ambiente y en el organismo. Los investigadores esperan que sus hallazgos sirvan de base para elaborar políticas que refuercen la regulación de los productos químicos en Estados Unidos y garanticen que las formulaciones de plaguicidas, incluidos tanto los ingredientes activos como los inactivos, se evalúen adecuadamente en cuanto a su potencial para causar cáncer de mama. « La EPA sigue aprobando nuevos plaguicidas sin la supervisión adecuada y sin tener en cuenta sus posibles efectos sobre el cáncer de mama. El cáncer de mama puede tardar años en desarrollarse, por lo que el seguimiento y la reducción de la exposición de las personas a los plaguicidas procedentes de múltiples fuentes son fundamentales para la prevención del cáncer y necesarios para proteger la salud pública«, señala Ruthann Rudel, coautora del estudio y directora de investigación de Silent Spring. La principal limitación, en opinión del doctor Alejandro Pérez Fidalgo, médico del servicio de Oncología y Hematología del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia (INCLIVA), Hospital Clínico Universitario de Valencia y miembro de los grupos de trabajos Largos Supervivientes y de Adolescentes y Adultos Jóvenes de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), es que «encontrar esos productos químicos en el ambiente y en la sangre no quiere decir necesariamente que vayan a provocar cáncer de mama . Las concentraciones de dicha exposición y la predisposición personal juegan un papel fundamental. Por lo tanto, no debemos alarmarnos. Es cierto, estamos rodeados de cientos de compuestos que podrían afectar a nuestra salud, pero eso no quiere decir necesariamente que vayan a producirnos un cáncer». En declaraciones al SMC, el experto de la SEOM recuerda que el estudio «no demuestra de forma directa que esos productos hayan causado cánceres. Sin embargo, sí nos hace pensar que igual sería mejor reducir la exposición a dichos componentes».
