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¿Puede Estados Unidos salvar su deuda sin hundir el dólar?

Publicado: noviembre 7, 2026, 3:00 am

Los intereses elevados han sido tradicionalmente uno de los mejores aliados del dólar. Un inversor europeo que puede obtener una rentabilidad mayor comprando bonos estadounidenses tiene un incentivo para cambiar sus euros por dólares. Pero esa lógica puede dejar de funcionar cuando los intereses suben porque los compradores empiezan a desconfiar de la capacidad de Washington para controlar su deuda.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) ha estudiado ese fenómeno en doce economías. En una investigación publicada el pasado junio, encontró que cuando los inversores perciben mayores riesgos fiscales suelen exigir intereses más altos, mientras la moneda pierde valor y la inflación aumenta. Una combinación especialmente perjudicial para un Gobierno que necesita seguir endeudándose, porque acaba pagando más por sus préstamos sin conseguir necesariamente atraer más capital hacia su moneda.

En Estados Unidos ya han aparecido indicios de que los intereses elevados no siempre están ayudando a fortalecer el dólar. En septiembre, el World Gold Council detectó que el dólar había dejado de responder a las subidas de los intereses de los bonos a treinta años con la misma fuerza que anteriormente. Los inversores podían estar interpretando que una parte de esas rentabilidades elevadas respondía a los temores sobre la deuda y la inflación, no únicamente a las perspectivas de crecimiento de la economía estadounidense.

Según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense (GAO), la participación de los inversores extranjeros en los bonos del Tesoro ha descendido desde el 49% en 2013 hasta el 33% en septiembre de 2025. La institución advierte de que ni siquiera sería necesario que el dólar perdiese su condición de principal moneda internacional para que Washington sufriera las consecuencias. Bastaría con que una parte de los inversores redujera sus compras y exigiera mayores intereses para seguir prestando dinero.

El dólar también puede salir perdiendo

Las consecuencias de ese cambio llegarían mucho más allá de Estados Unidos. Un dólar más débil encarece las importaciones estadounidenses y puede alimentar la inflación, mientras abarata para los europeos determinados productos que se negocian en esa moneda, como el petróleo. También altera el resultado de las inversiones. Una cartera de acciones estadounidenses puede ganar valor en Wall Street y, al convertirla a euros, ofrecer una rentabilidad bastante menor si el dólar se ha depreciado.

Las empresas europeas tampoco recibirían todas la noticia de la misma manera. Un euro más fuerte abarata las compras de materias primas y componentes facturados en dólares, pero puede perjudicar a los exportadores que compiten con fabricantes estadounidenses. Para compañías europeas con una parte importante de sus ingresos en Estados Unidos, la conversión de esos beneficios a euros también puede reducir las cifras presentadas en sus cuentas.

El temor a una depreciación se produce cuando Washington necesita encontrar compradores para cantidades cada vez mayores de deuda. El Tesoro anunció el 2 de noviembre que prevé captar 618.000 millones de dólares entre octubre y diciembre y otros 800.000 millones durante el primer trimestre de 2027. En apenas seis meses, 1,42 billones de dólares de financiación neta negociable para un país cuya deuda pública ya supera los 40 billones.

La factura de los intereses añade presión a esas necesidades. Y no basta con pedirle a la Reserva Federal que baje los tipos para solucionarlo.

Una reducción de los tipos oficiales podría aliviar gradualmente el coste de los préstamos, pero si los inversores interpretasen que Washington está intentando financiar su deuda mediante una política monetaria demasiado permisiva, podrían empezar a exigir intereses más altos en los bonos a largo plazo. La investigación del BPI advierte precisamente de que los efectos de la desconfianza fiscal pueden intensificarse cuando los bancos centrales mantienen una política monetaria excesivamente expansiva.

Estados Unidos conservaría, aun así, una ventaja importante. Los bonos del Tesoro siguen siendo uno de los activos más utilizados del mundo y el dólar mantiene un papel central en los pagos internacionales. Durante una crisis financiera, incluso puede fortalecerse porque bancos, empresas e inversores necesitan conseguir dólares para atender sus obligaciones.

Los últimos datos del Tesoro tampoco muestran una huida generalizada del capital extranjero. Durante agosto, Estados Unidos recibió entradas netas internacionales por 199.800 millones de dólares. Los compradores siguen presentes, aunque su disposición a financiar al Gobierno en las mismas condiciones no está garantizada.

Y mientras Washington intenta mantener ese equilibrio, los gestores de las reservas internacionales están diversificando una parte de sus inversiones. Según el Fondo Monetario Internacional, el peso del dólar en las reservas mundiales de divisas descendió del 57,18% al 56,70% durante el segundo trimestre de 2026. La caída fue moderada, pero el FMI señaló que los movimientos de las monedas habían tenido una influencia limitada, lo que apunta también a cambios en las carteras de inversión.

El oro está captando parte de ese interés

Los bancos centrales compraron 321 toneladas durante el tercer trimestre, un 42% más que un año antes, según el World Gold Council. China y Polonia destacaron entre los compradores declarados. Los fondos cotizados respaldados por oro también recibieron entradas equivalentes a 211 toneladas, valoradas en unos 31.000 millones de dólares.

Estas compras no demuestran que el oro esté sustituyendo al dólar. De hecho, el metal ha sufrido fuertes correcciones y continúa siendo vulnerable a los intereses elevados. Pero ofrece algo que los bonos estadounidenses no pueden proporcionar. Su valor no depende de la capacidad de pago de un Gobierno ni de las decisiones de un banco central.

La próxima prueba para la deuda estadounidense llegará la semana que viene. El Tesoro subastará 58.000 millones de dólares en bonos a tres años el lunes 9 de noviembre, 42.000 millones a diez años el martes y otros 25.000 millones a treinta años el jueves. El 18 de noviembre se publicarán además los nuevos datos sobre los movimientos internacionales de capital, correspondientes a septiembre, que permitirán comprobar si los compradores extranjeros continúan aumentando sus inversiones en activos estadounidenses.

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