Publicado: mayo 15, 2026, 3:30 am
Cuando llega el 15 de mayo, jornada que concentra la mayor parte de los festejos de San Isidro, los madrileños llevan ya un par de semanas en la calle. Las verbenas aparecen tras las Fiestas del Dos de Mayo y, en cuanto llega el verano, buena parte de la ciudad disfrutará del Orgullo. Son meses en los que es casi imposible aprobar una oposición, terminar una novela o beber con moderación. El pintor y dibujante Javier de Juan, retratista de Madrid y de sus habitantes desde los años ochenta, lo describe así: “Mayo en Madrid es una época en la que estamos en la calle. El aire empieza a oler de una forma muy particular que solo está aquí. Los atardeceres empiezan a suavizarse. Identifico San Isidro con un Madrid que se vuelve amable”.
¡Viva la mezcla!

“Hay un madrileñismo un poco artifi cial y no es necesario”, apunta Javier de Juan que, hasta ahora, nunca había visto en las calles “ese Madrid castizo y zarzuelero” por el que no cree que pase el futuro de la ciudad: “Lo importante es que hemos vivido unas décadas en las que la mezcla era espectacular. Todo el mundo se mezclaba, hasta los punks con los aristócratas”. Quizá la fiesta y la verbena puedan ayudar a preservar esa promiscuidad urbana citadas por el artista, y a ello apuntan también algunos testimonios literarios clásicos. Por ejemplo, en su novela Insolación (1911), Emilia Pardo Bazán coloca a su protagonista —una aristócrata gallega— en una romería de San Isidro.
