Publicado: julio 17, 2026, 3:39 pm
Después de dos jornadas de velocidad altísima pero relativa tregua para la general, el Tour abandonó este viernes la previsibilidad de las llegadas masivas y volvió a mirar hacia la montaña. Con 205,8 kilómetros entre Dole y Belfort, la decimotercera era la etapa más larga de esta edición: un trazado amable durante buena parte del día, pero endurecido notablemente en los últimos 40 kilómetros por el Col des Croix y, sobre todo, el Ballon d’Alsace (primera categoría): 9 kilómetros al 7% de desnivel, con la cima a 30 kilómetros de meta y un descenso largo y técnico que favorecían, en principio, más a una escapada de escaladores diestros que a una batalla abierta entre los favoritos. El pelotón había llegado a la región de Los Vosgos con cierta resaca física y nerviosa después de dos etapas a 50 km/h de media y una caída fea el jueves en los últimos 500 metros. Tadej Pogacar, que ya ha superado a Miguel Indurain en días como líder del Tour y ya sólo tiene por delante a Hinault y Merckx, definió la etapa de este viernes como «un poco extraña» y dejó entrever en las horas previas que su atención estaba ya en Le Markstein y Plateau de Solaison, las dos llegadas de alta montaña del fin de semana. (Visma, mientras tanto, sigue insistiendo en que el Tour no está decidido y ha anunciado que el equipo conserva «un plan» para la remontada de Vingegaard contra el esloveno). Pese al empeño inicial del UAE por impedir ataques, sus rivales no dejaron de intentarlo durante los primeros 50 kilómetros. En especial los rodadores: faltaba mucho aún para las dos ascensiones del día. La lucha descarnada por el ‘maillot verde’ de la regularidad terminó de animar el primer tramo de la etapa, con una guerra abierta entre Alpecin (el equipo de Jasper Philipsen) y Lidl-Trek (el de Mads Pedersen) por cobrarse los puntos del ‘sprint especial’ del día. La ofensiva de Alpecin obligó al equipo de Ayuso a gastar muchas balas, pero la escapada del día se formó con casi 40 ciclistas –incluido Philipsen– y ningún Lidl-Trek, que terminó por levantar el pie ante la superioridad numérica de la fuga. Había en ella varios ciclistas de prestigio y una buena representación española (Izaguirre, García Pierna, Aranburu). La renuncia de Lidl-Trek abrió un segundo frente: otro velocista aspirante, Biniam Girmay, saltó con un grupo perseguidor y obligó a Mads Pedersen a reaccionar personalmente para defender su ‘maillot verde’. Al acercarse la carrera a los últimos 100 kilómetros, los 37 de cabeza habían consolidado su ventaja. Pedersen y Girmay permanecían atrapados en un grupo intermedio de veinte corredores, a unos 40 segundos, y el pelotón, ya a más de cinco minutos, parecía aceptar por fin la composición de una escapada de donde saldría el vencedor de la etapa. El afán del segundo grupo fue tal que logró atrapar a los 37 fugados para componer una gigantesca escapada de 57 corredores, medio pelotón. El ‘sprint especial’ estaba situado en Melisey, a 68 kilómetros de meta. Philipsen, una de las decepciones de este Tour hasta el momento, reivindicó su clase para doblegar a Pedersen y a Girmay. Los tres se estrecharon las manos después de haber corrido 140 kilómetros a todo gas; su etapa estaba terminada. Tom Pidcock, el mejor clasificado de la fuga, se colocaba virtualmente en el podio ante la desidia del pelotón de los líderes. (O desidia relativa: fue otra etapa disputada a un ritmo altísimo). El puerto de tercera seleccionó a los integrantes más fuertes de la fuga, pero quedaron aún 40 corredores en cabeza. El Ballon d’Alsace era el lugar propicio para resolver la etapa. A pesar de que ninguno de los continuos ataques tuvo una entidad significativa, sólo diez corredores coronaron la cima juntos: McNulty, Van Gils, Vauquelin, Plapp, Schmid, Pidcock, Braz-Afonso, Tejada, Wellens y Jegat. En el descenso pasaron menos cosas de las previstas, con Pidcock empujando para sacar un provecho enorme a la etapa: colocarse tercero en la clasificación general. Tejada y Schmid lanzaron un ataque violento a 15 de meta que no parecía decisivo, pero lo fue. Los hombres de UAE (McNulty y Wellens), más descansados en teoría que sus cómplices en la escapada, eran los grandes favoritos y esperaban emboscados su oportunidad entre las rachas de viento. Cuando llegó la hora bruja, los dos insolentes habían arañado suficientes segundos a sus perseguidores. Schmid tiene un perfil mucho más rápido que el colombiano, pero sufrió para demostrar su favoritismo en las calles de Belfort.
