Publicado: enero 7, 2026, 6:25 am
Qué hay detrás de estos acontecimientos de película que estamos viviendo con estupor y desconcierto, pero que son de lo más reales para los propios venezolanos y no digamos para Nicolás Maduro y su esposa. Donald Trump ha decidido recalentar la situación mundial y demostrar una vez más que él es el sheriff de occidente. Por el momento, lo que hay es un vacío de poder… y un exceso de miedo ante el futuro. El mayor peligro sería que se desatara una guerra civil en Venezuela. Algo que a nadie le conviene, y mucho menos a Estados Unidos.
El vacío de poder se intenta cubrir con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, convertida ya en la nueva presidenta interina del país. Circunstancia que llama la atención y obliga a pensar en posibles traiciones dentro de la cúpula del Gobierno venezolano. Incluida la de la propia Delcy. La acción casi quirúrgica de la unidad de élite Delta Force que capturó al ex presidente y su esposa no podría haber sido tan limpia ni tan rápida sin un apoyo interno, que incluye la presencia de la CIA en el círculo más íntimo de Maduro. Sin olvidar que las grietas y enfrentamientos en el régimen existen desde hace tiempo, y también en las altas esferas de las Fuerzas Armadas.
Pero veamos la otra cara de la moneda. Donald Trump no es un político al uso, él es un empresario -siempre lo ha sido- que ostenta la presidencia del país más poderoso del mundo y utiliza ese poder que le da su cargo para resolver las cuestiones que le interesan a EE.UU. pero sobre todo al empresario Donald Trump. Según aseguró el propio presidente, a él le importa el petróleo, es decir, sus asuntos y negocios personales, y el buen funcionamiento de Estados Unidos. Que no dejan de ser dos vasos comunicantes bien conectados. La frase no es del presidente norteamericano, sino de Lord Temple, primer ministro del Reino Unido en el siglo XIX, pero Trump la firmaría sin duda hoy: “Las naciones no tienen amigos permanentes ni enemigos permanentes, solo tienen intereses permanentes”.
Que Maduro es un dictador nadie lo duda y que se ha beneficiado del narcotráfico (se le considera el jefe del llamado Clan de los Soles) también parece fuera de toda duda. Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es si estas circunstancias le dan derecho a Trump a violar la soberanía de un país y actuar como si fuera el gendarme de la justicia internacional. La excusa de Trump es que él no ha invadido Venezuela, solo ha detenido aplicando una orden internacional de búsqueda a Maduro por narcotraficante y quiere asegurarse una evolución razonable en los acontecimientos del país para no dificultar la puesta en marcha del nuevo proyecto petrolífero que piensa crear EE.UU.
Sin embargo, para muchos lo del narcotráfico de Maduro es solo una excusa para que Donald Trump consiga su deseado petróleo. El famoso “patio trasero” que configuran los países hispanos dentro de la zona estratégica para EE.UU. obliga a mantener el control político, económico y de seguridad, frente a influencias externas como las de China o Rusia. Se trata de aplicar la vieja doctrina Monroe, que presupone que América es para los americanos y no para las potencias asiáticas o europeas. Y el petróleo venezolano es un caramelo muy goloso al que los chinos ya habían puestos sus ojos y casi sus manos.
De momento, habrá cierto continuismo en el país hasta que se clarifiquen las situaciones políticas y económicas. El aparato institucional del régimen permanece intacto. Con ello se evitan enfrentamientos y se elimina el liderazgo sin desmantelar el régimen. El Secretario de Estado de EE.UU, Marco Rubio, pieza clave y fundamental en esta transición, será el encargado de tutelar y supervisar las acciones de Delcy Rodríguez. María Corina Machado, bastante ignorada por el propio Trump, pasa a la reserva, es decir, sigue dónde estaba, hasta una posible, aunque no probable, nueva puesta en escena.
Por último, lo más importante no es lo que hemos visto y sus futuras consecuencias, sino cómo puede afectar esta intervención tan suigéneris al Orden Mundial. Los nuevos tiempos con sus nuevas tecnologías y sus operaciones cibernéticas integradas, determinaran algunos cambios a la hora de actuar en el ámbito internacional, tanto en las reglas como en las formas. Si este “modelo” de Trump tiene un éxito político y económico se convertirá en reclamo para otras potencias tan ávidas de poder y conquistas como la norteamericana, y esas son, sin duda alguna, China y Rusia. Europa, nuestra vieja Europa, seguirá como siempre: viéndolas venir y viéndolas pasar… para luego reunirse de urgencia en Bruselas y quejarse de lo mal que va el mundo.
