Publicado: enero 6, 2026, 3:00 am
La Unión Europea empezó con el «deeply concerned» y ha acabado dividida, casi cortocircuitando, después de las acciones de Estados Unidos en Venezuela y la caída de Maduro: de nuevo, en Bruselas cuesta encontrar la unidad entre los países pese al tibio comunicado emitido por 26 socios, sin Hungría. La realidad es que no existe un consenso demasiado claro, con Francia pidiendo que María Corina Machado presida ahora el país y España uniéndose a los países latinoamericanos para censurar la operación de Trump; en cambio, el mensaje conjunto se limita a decir que hay que «respetar el Derecho Internacional».
Más directa ha sido la Comisión Europea, que ha dicho a través de su portavoz que la transición en Venezuela «tiene que incluir» tanto a Machado como a Edmundo González; en cambio, la falta de acuerdo en el mensaje se ve en los gobiernos nacionales, que son los que en realidad marcan la política exterior del club comunitario por una cuestión de competencias. La razón de ser de la Unión vuelve en este tema a jugar en su contra.
El bloque, pese a cómo se han agolpado los acontecimientos, ha tardado día y medio en reaccionar. «La Unión Europea pide calma y contención a todos los actores para evitar una escalada y garantizar una solución pacífica a la crisis», arranca el comunicadd. En este contexto, los firmantes -todos menos la Hungría de Viktor Orbán- consideran que «en este momento crítico es esencial que todos los actores respeten completamente los derechos humanos y el derecho internacional humanitario», al tiempo que reclaman la «liberación incondicional» de los presos políticos encarcelados en Venezuela.
Eso es algo importante para los europeos pero de momento no está en los planes de Trump: EEUU va a «gobernar» el país caribeño, pero «ahora lo importante es lo del petróleo», avisó el magnate, dispuesto a trabajar codo con codo con Delcy Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta de Maduro y ya presidenta en funciones, que ha tendido ya la mano a Washington.
El documento comunitario insiste en la necesidad de un «respeto bajo todas las circunstancias» a los principios del derecho internacional y a la Carta de la ONU, y recuerda que los miembros del Consejo de Seguridad «tienen una responsabilidad particular en el respeto a estos principios, pilar de la arquitectura de seguridad internacional». Además, los 26 países reiteran la posición de la UE respecto al Gobierno de Nicolás Maduro, al afirmar que «carece de la legitimidad de un presidente democráticamente electo», y apuestan por una transición pacífica hacia la democracia que respete la soberanía del país: piden que se respete «el derecho del pueblo venezolano a decidir su futuro». Es decir, no están a favor de cómo ha actuado Trump… pero tampoco en contra. La UE vuelve a quedarse por tanto en tierra de nadie.
Con todo, la Unión sí compra algunos de los argumentos de EEUU y considera prioritaria la «lucha contra el crimen organizado transnacional y el narcotráfico», al entender que representan «una amenaza importante a la seguridad en el mundo entero», aunque insiste en que deben abordarse mediante la cooperación y con «pleno respeto del derecho internacional y los principios de integridad territorial y soberanía». En este marco, los firmantes aseguran estar en «estrecho contacto» con la Casa Blanca y con países de la región para «apoyar y facilitar un diálogo con todas las partes implicadas», con el objetivo de alcanzar «una solución negociada, democrática, incluyente y pacífica a la crisis» que respete la voluntad del pueblo venezolano, «única vía para que Venezuela recupere la democracia resuelva la actual crisis».
Posiciones muy distintas
El consenso es, en todo caso, ficticio porque la UE no quiere enfadar a Estados Unidos, y se enfrenta también a diferencias internas importantes como las que se ven por ejemplo entre España y Francia. El Gobierno de Pedro Sánchez se ha posicionado contra los movimientos de Trump de manera muy abierta, junto a Brasil, Colombia y otros países sudamericanos. En cambio, Emmanuel Macron ha sido muy rotundo en el otro sentido: ahora es el momento de la oposición venezolana, liderada por María Corina Machado y Edmundo González. En la línea de París van otros miembros de la UE como Italia. Hungría, por su lado, habla de colapso. «En estos primeros días del año, hemos recibido un recordatorio de que el orden liberal está en un momento de confusión», escribió Orbán.
El mix de posiciones lo completa Polonia, uno de los países históricamente más atlantistas, que ha pedido despegarse de EEUU. «Nadie tomará en serio una Europa débil y dividida: ni enemigo ni aliado. Ya está claro. Debemos creer finalmente en nuestra propia fuerza, debemos seguir armándonos, debemos permanecer unidos como nunca antes. Uno para todos y todos para uno. De lo contrario, estamos perdidos», reaccionó el primer ministro, Donald Tusk, sumándose a una mezcla de posiciones llenas de matices y que dificultan un discurso uno dentro de la Unión.
En Bruselas siguen sin entender cuál es el lugar de la UE, con EEUU despegado por completo de la alianza transatlántica y buscando su propia esfera de influencia. Europa, mientras, no alcanza la suya. No reconoció a Maduro como ganador de las elecciones en 2024 pero no se ha movido demasiado por reforzar lazos con América Latina, sigue sin cerrar el acuerdo con Mercosur y no encuentra un ‘capitán’ en la región: podría ser España, pero el Gobierno tiene una posición que genera ciertos recelos en la capital comunitaria y que no gusta a Francia y Alemania. ¿La conclusión? La inoperancia.
«Necesitamos Groenlandia por seguridad nacional»
Y ahora ya empieza a preocupar también Groenlandia. «Hablaremos de Groenlandia en 20 días», avisó Donald Trump desde su Air Force One este lunes, poniendo más palabras a una intención que maquina desde hace años. Ha hablado incluso de «anexión» mientras el Gobierno danés, de quien depende la isla, pide que «deje las amenazas» porque no hay razones para esos movimientos. «Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional. En este momento es un lugar muy estratégico, lleno de barcos rusos y chinos», sostuvo, y afeó que el aumento de seguridad por parte de Copenhague se basara, dijo, «en añadir un trineo más».
Con todo, queda la duda de qué pasaría si EEUU atacase Groenlandia con su Ejército. ¿Qué haría la UE? En principio, no podría recurrir al artículo 42.7 del Tratado, que obliga a asistir militarmente a un socio del bloque, en este caso Dinamarca, porque en realidad Groenlandia no forma parte de la Unión. Eso sí, se podría actuar con otras medidas como sanciones o aranceles, según apuntan algunos expertos consultados por 20minutos. Eso sí, una operación de Washington sobre la isla más grande del mundo sería, de facto, un ataque contra la Unión Europea.
Desde la Comisión Europea no ven «comparación posible» entre Venezuela y Groenlandia, en palabras de la portavoz de Von der Leyen, Paula Pinho. «Recuerdo que Groenlandia es aliada de Estados Unidos y que además está cubierta por la alianza de la OTAN, y esa es una diferencia muy, muy importante. Por lo tanto, apoyamos completamente a Groenlandia, y de ninguna manera vemos una posible comparación con lo que ha sucedido», en Venezuela, explicó. Pese a ello, Bruselas ha recordado que deben imperar «los principios de soberanía nacional, integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras».
Todo es, de hecho, parte de una ‘batalla’ por el Ártico, donde confluyen EEUU, Rusia, China y la UE, que también ha iniciado allí su despliegue diplomático porque se trata de una zona muy rica en metales raros, claves ahora mismo para el desarrollo tecnológico y que están en el punto de mira de Bruselas para su estrategia a medio y largo plazo de ser más autónoma en este sentido. Groenlandia, además, tiene una posición geográfica decisiva. Está en el Atlántico Norte, entre Europa y Norteamérica, al otro lado de la bahía de Baffin, frente a Canadá. Es la isla más grande del hemisferio norte y un 85% de sus 2,1 millones de kilómetros cuadrados están cubiertos por el hielo. Su población apenas llega a los 60.000 habitantes, concentrados en la costa sur. Alrededor del 88% de ellos son inuit.
Debajo del hielo, inmensos tesoros. En Groenlandia hay yacimientos de rubí, que se explotan desde 2007, y grandes depósitos de hierro, aluminio, níquel, platino, tungsteno, titanio, cobre y uranio, todos ellos por extraer. En 2021, el Gobierno groenlandés aprobó una ley que prohíbe la extracción de uranio.
Entre tibiezas y dudas sobre Venezuela, la UE tiene delante de sí misma un equilibrio imposible y la diplomacia inútil del «deeply concerned»: trata de no enfadar a Trump, rechazar a Maduro y caer en la inacción, mientras EEUU se refuerza estratégicamente y se acerca, de momento de palabra, a una ofensiva sobre Groenlandia y por tanto sobre el bloque comunitario. Entretanto, en Bruselas y las capitales europeas siguen navegando contradicciones y desacuerdos: un posición rotunda de la Comisión, desmarcada de Trump, pero a la vez 27 discursos, 27 posiciones… frente a una, y muy clara, que sale de la Casa Blanca.
