Publicado: mayo 10, 2026, 3:00 am
¿Menos tensión en Oriente Medio? ¿Menos riesgo sobre el Estrecho de Ormuz? ¿Menos presión sobre el barril? Puede ser, pero aun así, el petróleo no ha vuelto a 70 dólares, ni a 80, ni siquiera a 90. El Brent sigue pegado a la barrera de los 100 dólares. La cuestión que empieza a abrirse paso en el mercado es si la paz bastará para devolver el crudo a los niveles previos a la guerra, o si el daño acumulado en la oferta mantendrá los precios elevados durante más tiempo.
El petróleo se ha encarecido cerca de un 80% este año y, aun así, la demanda mundial apenas ha cedido. La Agencia Internacional de la Energía prevé una demanda media de 102,1 millones de barriles diarios en el segundo trimestre y de 104,3 millones en 2026, prácticamente sin cambios respecto a 2025. Si ese consumo no baja con el Brent por encima de 100 dólares, el mercado empieza a mirar niveles de estrés mucho más altos.
Algunas estimaciones del mercado energético sitúan incluso ese precio por encima de los 200 dólares, no como escenario central, sino como referencia de estrés si la oferta sigue bloqueada y los inventarios continúan cayendo. El motivo es que la presión no viene solo del precio actual, sino de los barriles que han dejado de circular mientras la demanda aguanta.
Reservas bajo presión
Aunque las negociaciones avancen, el mercado sigue arrastrando el impacto de los barriles que no se produjeron, no se transportaron o no llegaron a tiempo a los clientes. Desde el inicio de la guerra, ese déficit de oferta ronda los 1.000 millones de barriles. Para cubrirlo, los países están tirando de inventarios a un ritmo de 5,5 millones de barriles diarios este trimestre, según S&P Global Energy.
Con ese agujero todavía abierto, el Brent no necesita volver a máximos para seguir siendo un problema. Aunque parte de la producción vuelva al mercado, los compradores no solo necesitarán cubrir su consumo diario. También tendrán que rellenar reservas que se han utilizado para suavizar el shock. Esa demanda adicional puede mantener el barril elevado incluso si el frente diplomático se enfría.
El calendario tampoco permite una normalización inmediata. En marzo, Shaikh Nawaf Al Sabah, consejero delegado de Kuwait Petroleum Corporation, avisó de que parte de la producción tardaría meses en recuperarse. Rystad Energy calcula, mientras tanto que, incluso en un escenario optimista, los volúmenes relevantes por Ormuz no regresarían hasta junio y solo volverían al 80% o 90% de la normalidad en julio.
La advertencia más dura llegó a comienzos de abril, cuando el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, aseguró que la crisis energética abierta por el cierre del Estrecho de Ormuz era “más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.
Del crudo a la recesión
Ese riesgo ya aparece en las previsiones macroeconómicas. JP Morgan ha elevado la probabilidad de recesión global al 35% y advierte de que un cierre prolongado de Ormuz podría llevar el petróleo hacia los 150 dólares. En ese escenario, el banco calcula más de 2 puntos adicionales de inflación y 1,6 puntos menos de crecimiento, con varios trimestres de estanflación o incluso de una recesión global si el shock se prolonga.
El punto que más preocupa al banco es la duración del bloqueo. Si las reservas siguen cayendo y el crudo no vuelve al mercado a tiempo, el precio puede dejar de subir de forma gradual y dar un salto mucho más brusco. Ese movimiento golpearía al mismo tiempo a consumidores, empresas y bancos centrales con más inflación, más costes para la industria y menos margen para bajar los tipos de interés.
A su vez, la posibilidad de que el Brent se mantenga en 100 dólares se ha trasladado también a las bolsas europeas, donde cada movimiento del crudo empieza a cambiar el tono de cada sesión. En este sentido, Nenad Dinic, de Julius Baer, sitúa en los 90 dólares el nivel que podría cambiar de verdad el escenario para Europa. Una normalización adicional del Brent hacia esa zona, o incluso por debajo, podría activar revisiones al alza de beneficios y sostener un rally más amplio.
En el lado de la oferta, la recuperación sigue rodeada de incertidumbre. Noah Barrett, analista de Janus Henderson, alerta sobre el alcance real del daño en los pozos y ha dejado una advertencia sobre el calendario de recuperación: “no creo que puedas chasquear los dedos y que mágicamente las cosas vuelvan a la normalidad”, advierte.
