Publicado: agosto 14, 2026, 2:11 pm
Hoy cuesta imaginar un teléfono que solo sirva para llamar y enviar mensajes. El móvil es también cámara de fotos, mapa, cartera, banco, reproductor de música, televisión, agenda, despertador, herramienta de trabajo y puerta de entrada a nuestras conversaciones. Lo utilizamos para comprar un billete, pedir una cita médica, hablar con nuestra familia o identificarnos ante determinados servicios. Pero hace apenas 13 años esa transformación todavía estaba produciéndose.
El 14 de agosto de 2013, Gartner publicó los datos correspondientes al segundo trimestre de aquel año y confirmó un hito: los smartphones habían superado por primera vez a los móviles tradicionales en ventas mundiales. Se vendieron unos 225 millones de teléfonos inteligentes frente a 210 millones de los llamados feature phones, suponiendo el 51,8 % del mercado y habiendo subido sus ventas un 46,5% interanual.
Era el momento en el que modelos como el Samsung Galaxy S4, el HTC One o el iPhone 5 convivían todavía con teléfonos mucho más sencillos. El smartphone estaba dejando de ser una categoría dentro del mercado del móvil para convertirse, sencillamente, en el móvil.
De teléfono a centro de nuestra vida digital
Trece años después, aquella transformación se ha completado hasta un punto que probablemente resultaba difícil imaginar entonces. En España, el 96,3 % de las personas de entre 16 y 74 años utilizó internet en 2025 y el 92,5 % lo hizo diariamente. Pero son otras cifras las que permiten entender hasta qué punto nuestra vida cotidiana ha pasado a depender de lo digital: el 96 % realizó actividades de comunicación por internet, el 74,7 % utilizó banca online y más del 80 % había interactuado digitalmente con las administraciones públicas durante el último año.
El smartphone se ha convertido así en algo más difícil de definir que un simple dispositivo electrónico. Es la pantalla que llevamos siempre encima y desde la que accedemos a servicios, personas e información durante buena parte del día.
Y precisamente por eso resulta paradójico lo que está ocurriendo en 2026: el móvil nunca había ocupado un lugar tan central y, sin embargo, su mercado atraviesa uno de sus peores momentos.
Los envíos mundiales de smartphones cayeron un 11 % interanual durante el segundo trimestre de 2026, hasta marcar el volumen más bajo para ese periodo desde 2013, según las estimaciones preliminares de Counterpoint Research. IDC va aún más lejos: prevé que durante todo 2026 se envíen unos 1.090 millones de smartphones, un 13,9 % menos que el año anterior. De cumplirse, sería la mayor contracción anual registrada por este mercado.
Hay una razón coyuntural especialmente importante. La escasez y el encarecimiento de las memorias DRAM y NAND están aumentando el coste de fabricar teléfonos. Counterpoint señala que los productores de memoria están priorizando la enorme demanda procedente de los centros de datos de inteligencia artificial frente a la electrónica de consumo, una presión que afecta especialmente a los móviles baratos y de gama media. Pero el problema es más profundo que la crisis actual de componentes. El mercado también ha madurado.
En 2013 había millones de personas sustituyendo un teléfono convencional por su primer smartphone. Ahora, especialmente en los mercados desarrollados, la industria depende mucho más de conseguir que alguien que ya tiene un smartphone decida cambiarlo por otro.
Y cada vez hay menos urgencia para hacerlo. Un teléfono comprado hace varios años puede seguir permitiendo utilizar WhatsApp, consultar mapas, hacer fotografías, acceder al banco, ver vídeos o navegar por internet. IDC señala precisamente que los consumidores de los mercados desarrollados están alargando los ciclos de renovación de sus dispositivos.
Menos móviles, pero más caros
La respuesta de los fabricantes también está cambiando. Si resulta más difícil crecer vendiendo cada vez más unidades, el negocio pasa por obtener más valor de cada una. En el segundo trimestre de este año, mientras los envíos mundiales caían, los ingresos del mercado crecieron un 7 % y alcanzaron un récord de 109.000 millones de dólares para ese periodo. El precio medio aumentó un 17 %, hasta los 400 dólares, impulsado tanto por las subidas de costes como por el peso creciente de los modelos premium.
IDC prevé que el precio medio alcance los 550 dólares en el conjunto de 2026, cien dólares más que el año pasado.
La paradoja, por tanto, es solo aparente. No compramos menos smartphones porque sean menos importantes, sino en parte porque el producto ha alcanzado la madurez. Los teléfonos actuales hacen tanto, y durante tantos años, que sustituirlos ya no supone el salto radical que significaba cambiar un móvil tradicional por un smartphone en 2013.
Hace trece años comprábamos smartphones porque estaban cambiando nuestra vida. Ahora forman tanto parte de ella que el gran reto para los fabricantes es convencernos de por qué necesitamos uno nuevo.
