Publicado: abril 14, 2026, 5:30 pm
Acaba de finalizar la misión Artemis II, una hazaña que ha tenido al mundo entero en vilo y que ha logrado que millones de ojos estés pegados a la pantalla para ser testigos de las aventuras de Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los cuatro astronautas que han devuelto al ser humano a la órbita lunar por primera vez en más de medio siglo.
Pero en la NASA nunca se para, mucho menos ahora que el programa Artemis ha cambiado de ritmo y de ambición. La agencia espacial de Estados Unidos ha redefinido su hoja de ruta: la misión Artemis III, prevista para 2027, dejará de ser un alunizaje para centrarse en probar sistemas y operaciones en órbita terrestre; mientras que el regreso a la superficie lunar se traslada a Artemis IV y Artemis V en 2028. El objetivo ya no es solo volver, sino hacerlo de forma sostenida, con más misiones, mayor cadencia y una arquitectura que permita establecer una presencia humana duradera en la Luna.
En ese contexto, el siguiente gran paso ya tiene fecha. La NASA ha confirmado que el próximo 20 de abril trasladará desde las instalaciones de Michoud, en Nueva Orleans, la mayor parte de la etapa central del cohete SLS (Space Launch System), el vehículo que impulsa las misiones Artemis. No es un simple traslado logístico: se trata de las cuatro quintas partes superiores de la estructura más importante del cohete, donde se encuentran los tanques criogénicos de hidrógeno y oxígeno líquidos, el intertanque y la sección superior.
Esa etapa central, de más de 64 metros de altura, es la más grande que ha construido nunca la NASA y actúa como el auténtico esqueleto del cohete. En su interior no solo almacena el combustible, sino también los sistemas de aviónica y los ordenadores de vuelo que controlan toda la misión. Una vez cargada en la barcaza Pegasus, recorrerá el trayecto hasta el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde continuará un proceso de integración que se mide en meses y en el que cada paso está cuidadosamente planificado.
Parte de ese trabajo ya está en marcha desde hace tiempo. La sección del motor del SLS y la estructura que protege los motores durante el lanzamiento llegaron al Edificio de Ensamblaje de Vehículos en 2025, y los cuatro motores RS-25 —heredados del programa del transbordador espacial— se enviarán desde el Centro Stennis antes de julio de 2026 para su integración. Esos motores, junto a los dos grandes propulsores laterales, permitirán generar en el despegue una potencia que convierte al SLS en el cohete más potente que ha lanzado la NASA.
La etapa central no es solo una pieza más del rompecabezas. Es la columna vertebral del sistema y la encargada de sostener todo el conjunto, desde la etapa superior hasta la nave Orion, además de soportar las fuerzas del lanzamiento. Durante unos 500 segundos tras el despegue, alimentará los motores con combustible antes de separarse en órbita terrestre.
Todo este despliegue tiene un objetivo claro: preparar Artemis III. Aunque esta misión ya no llevará astronautas a la superficie lunar, sigue siendo un paso imprescindible dentro del programa. En 2027, el SLS lanzará la nave Orion con tripulación a órbita terrestre para probar las capacidades de encuentro y acoplamiento con los sistemas comerciales que serán necesarios para el alunizaje en 2028. Es, en la práctica, el ensayo general antes del regreso humano a la Luna.
Además, el SLS mantiene un papel único dentro de esta arquitectura. Según la propia NASA, es el único cohete capaz de enviar en un solo lanzamiento la nave Orion, a la tripulación y el material necesario para misiones lunares, lo que reduce la complejidad de las operaciones en el espacio profundo.
Con Artemis II ya completada y Artemis III tomando forma, la NASA entra en una nueva fase en la que cada hito cuenta. Y todo empieza con un cohete que ya está empezando a moverse.
