Publicado: junio 21, 2026, 3:00 am
El Mundial todavía no ha entrado en su fase más cruel, pero la bolsa ya conoce el patrón. Las victorias alegran, las derrotas pesan. Y cuando una selección cae eliminada, ese golpe emocional puede aparecer al día siguiente en el mercado del país derrotado.
Aunque la idea pueda sonar extraña, no nace de una superstición futbolística ni de una coincidencia aislada. Alex Edmans, Diego García y Øyvind Norli publicaron en 2007 en The Journal of Finance el estudio que convirtió esa intuición en una anomalía de mercado. Analizaron más de 1.100 partidos internacionales disputados entre 1973 y 2004 y encontraron que las derrotas de una selección nacional estaban asociadas a caídas anormales en la bolsa de su país.
El dato más llamativo aparecía en el Mundial. Una derrota en fase eliminatoria provocaba de media una rentabilidad anormal negativa de 49 puntos básicos al día siguiente.
Medio punto porcentual por caer eliminado
Ese dato no convierte cada eliminación en una señal automática de venta ni significa que todos los índices nacionales caigan siempre después de un mal resultado. Lo relevante es la asimetría. El estudio no encontró una subida equivalente tras las victorias, lo que refuerza una idea muy reconocible para cualquier inversor: el mercado puede olvidar rápido una buena noticia, pero tarda más en digerir una decepción colectiva.
Durante la fase de grupos, ese impacto todavía puede quedar amortiguado. Un empate malo puede arreglarse. Una derrota inicial puede quedar tapada por dos victorias. Sin embargo, las eliminatorias funcionan de otra manera porque reducen toda la presión a un solo partido. Un penalti fallado, una prórroga perdida o una tanda mal resuelta pueden sacar a un país entero del torneo en cuestión de minutos.
A partir del 28 de junio, cuando comience la fase eliminatoria del Mundial de 2026, cada partido tendrá ese componente. Un equipo seguirá vivo y otro volverá a casa. La lectura deportiva será inmediata, pero la pregunta bursátil volverá a estar ahí cada vez que una gran selección caiga antes de lo previsto.
Cae la negociación
El Banco Central Europeo (BCE) encontró otra señal durante el Mundial de 2010. Muchos partidos se jugaron en horario de mercado y eso permitió analizar qué ocurría minuto a minuto en quince bolsas nacionales. Cuando jugaba la selección del país, el número de operaciones caía un 45% y el volumen negociado bajaba alrededor de un 55%.
De esta forma, mientras mientas el país veía el partido, la bolsa perdía parte de su pulso habitual. Los inversores negociaban menos, el mercado local reaccionaba con menos intensidad y la correlación entre la bolsa nacional y el mercado global se reducía más de un 20%.
Los goles también dejan rastro, y el BCE detectó que los momentos importantes del partido afectaban a la actividad del mercado. Una ocasión clara, un gol o una jugada decisiva podían apartar todavía más la atención justo cuando seguían llegando datos, recomendaciones de analistas o los movimientos de Wall Street.
El Mundial roba primero la atención mientras se juega, y después puede dejar una resaca emocional si llega la eliminación. La victoria puede aumentar la actividad, el consumo, generar euforia y sostener durante unos días una narrativa positiva, pero no siempre mueve los precios con la misma fuerza que una derrota inesperada.
Esa asimetría también ha aparecido en mercados más recientes y mucho más especulativos. Un estudio publicado en 2024 analizó el comportamiento de los “fan tokens” durante el Mundial de Qatar. Estos activos digitales, emitidos por clubes o selecciones deportivas, permiten a los aficionados participar en votaciones o acceder a ciertas ventajas dentro de las plataformas deportivas.
Los resultados mostraron que esos activos subieron con fuerza en los meses previos al torneo, impulsados por la expectativa. Brasil, Portugal y Argentina llegaron a multiplicar su valor antes de que comenzara la competición.
Durante los partidos, sin embargo, la historia cambió. Las derrotas en encuentros importantes provocaron caídas más intensas en los “fan tokens”, especialmente durante las eliminatorias. Las victorias aumentaban el volumen negociado, pero no generaban una reacción positiva equivalente en precios.
Por otra parte, Goldman Sachs también ha estudiado el lado ganador. Sus análisis históricos apuntan a que la bolsa del país campeón tiende a batir al mercado global alrededor de un 3,5% durante el primer mes posterior a la final.
Durante unas semanas, el fútbol puede imponer su espectáculo a la bolsa. Después, cuando se apagan los focos del torneo, el mercado vuelve a mirar a lo de siempre; los beneficios, los tipos de interés, la inflación y el crecimiento. Pero hasta entonces, cada vez que una favorita caiga, el mercado volverá a poner a prueba una idea muy sencilla. En bolsa, como en el fútbol, perder suele doler más que ganar.
