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Descubren cómo un «atasco» de colesterol logra fulminar los tumores más agresivos

Publicado: mayo 22, 2026, 7:00 pm

Algunos de los tumores más agresivos muestran un apetito insaciable por el colesterol, ese lípido que todos estamos continuamente tratando de rebajar en nuestros análisis de sangre. Las células tumorales «devoran» todo el colesterol que encuentran a su alcance para seguir creciendo. Sin embargo, un grupo de científicos del Instituto Sanford Burnham Prebys, en colaboración con la Universidad de Illinois en Chicago (EE. UU.) ha descubierto cómo podríamos utilizar este talón de Aquiles metabólico para darle la vuelta a la tortilla y atacar a las células cancerígenas. Los detalles de este mecanismo aparecen en un estudio publicado en la revista ‘ Science Advances ‘. La investigación revela que, al bloquear una familia de enzimas específicas, se provoca un monumental «atasco» de colesterol dentro de la célula, anulando por completo la capacidad del tumor para alimentar su expansión. Este enfoque se centra en los cánceres que presentan mutaciones en el gen TP53 , tradicionalmente conocido como el «guardián del genoma» por su función supresora de tumores. Cuando este gen muta, algo que ocurre en aproximadamente la mitad de todos los tipos de cáncer, las células malignas comienzan a producir colesterol de forma descontrolada para servirse de él. Es precisamente esta adicción lo que las vuelve extremadamente vulnerables si se les corta el suministro logístico. El foco de la investigación se ha puesto en formas de cáncer de mama especialmente difíciles de tratar. Las alteraciones en el gen TP53 están presentes en más del 84% de los tumores de mama triple negativos y en tres de cada cuatro casos de tipo HER2-positivo. La doctora Brooke Emerling, directora y profesora asociada del Programa de Metabolismo del Cáncer en el Sanford Burnham Prebys, explica la relevancia de encontrar nuevas dianas terapéuticas para estos pacientes. «Normalmente, cuando los ratones pierden el gen TP53, están condenados a morir de cáncer en un plazo de cuatro a ocho meses», contextualiza Emerling. Sin embargo, al eliminar del mapa unas quinasas específicas llamadas PI5P4K , el panorama cambió por completo: «Los animales estuvieron protegidos al 100% y nunca desarrollaron un tumor. El colesterol resultó ser una de las piezas que nos faltaba en este rompecabezas». Hasta ahora, la oncología había intentado utilizar fármacos tradicionales como las estatinas para privar a los tumores de este lípido, aprovechando su seguridad y uso generalizado. Sin embargo, la experiencia clínica demuestra que los tumores acaban desarrollando resistencia a estos medicamentos. Por ello, el nuevo hallazgo plantea una estrategia mucho más sutil y eficaz: no se trata de que no haya colesterol, sino de impedir que la célula sepa qué hacer con él. El secreto del éxito de este bloqueo radica en la ubicación de los orgánulos celulares. En las células tumorales con la mutación activa, unos compartimentos llamados lisosomas —encargados de transportar el colesterol— se sitúan en la periferia, muy cerca de la membrana exterior de la célula. En esa posición estratégica, el colesterol entra en contacto directo con una proteína llamada mTORC1, un interruptor molecular que gobierna el crecimiento celular y que suele estar desbocado en los procesos oncológicos. Al eliminar las enzimas PI5P4K, la geografía de la célula cambia por completo. Sin estas herramientas logísticas, los lisosomas cargados de colesterol se quedan confinados en el interior celular, agrupados cerca del núcleo. El doctor Ryan Loughran, investigador posdoctoral en el laboratorio de Emerling y coautor del trabajo, recurre a una metáfora marinera para ilustrar el fenómeno. «Cuando la ausencia de estas quinasas altera la posición de los lisosomas, el vínculo entre el colesterol y la proteína de crecimiento mTORC1 se rompe; se convierten en algo parecido a dos barcos que se cruzan en la noche». Al no recibir la señal del colesterol, la vía de activación de mTORC1 se apaga, sumiendo a la célula cancerosa en un estado de inanición simulada que frena en seco la progresión del tumor. Los investigadores continuarán explorando el desarrollo de fármacos capaces de inhibir de forma selectiva estas enzimas PI5P4K. Al diseñar un tratamiento a medida que interfiera directamente en la logística interna del tumor, confían en ofrecer una alternativa viable y dirigida para los pacientes con los subtipos de cáncer de mama más esquivos y resistentes a las terapias actuales.

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