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Una ciudad de ingenieros para crear relojes inteligentes más precisos

Publicado: octubre 1, 2026, 11:46 pm

Visitamos el Health Lab de Huawei en Dongguan, China. Queríamos conocer de primera mano cómo y dónde la compañía pone a punto los algoritmos para los sensores de sus relojes, como los de la serie GT o Watch. Buscar la precisión en un reloj inteligente es mucho más complicado de lo que parece, y si alguna vez has comparado tus métricas de pasos con otra persona que hizo el mismo recorrido, los datos varían y mucho. El problema es que la muñeca se mueve, sudamos, tenemos tonos de piel diferentes, pelo y no todos llevamos el reloj igual de apretado o a la misma altura de la muñeca. Huawei ha invertido 25 millones de euros, en su Health Lab que ocupa 4.680 metros cuadrados y contiene desde una cámara que simula una altitud de 6.000 metros hasta 28 cámaras infrarrojas capaces de analizar el movimiento con precisión milimétrica o una minipista de esquí. El laboratorio se encuentra dentro del enorme campus de Huawei en Songshan Lake con edificios inspirados en Granada, Brujas, Oxford o París y un tranvía rojo que conecta las diferentes zonas. Es como un parque temático, pero en lugar de turistas, alberga miles de ingenieros. La clave de todo se encuentra en TruSense, la arquitectura que Huawei utiliza para conectar sus relojes con HarmonyOS, sus algoritmos y los servicios de salud. Por decirlo de otra manera, unifica TruSeen, que analiza las señales cardíacas, TruSleep, para el sueño, TruRelax, para el estrés, TruSport, para la actividad física, o TruBP, para la presión arterial. La forma en la que un reloj inteligente mide nuestras constantes es emitiendo luz sobre la piel. Parte de esa luz penetra en el tejido y vuelve hacia los receptores, teniendo en cuenta -y es la parte difícil- que se dispersa de manera diferente según el tipo de piel, la posición de los vasos sanguíneos o el movimiento. Huawei utiliza varias fuentes de luz, receptores colocados a distintas distancias y algoritmos que comparan las señales. Una de las mejoras de la nueva generación de GTs es un cristal trasero de alta opacidad que separa las rutas por las que se emite y recibe la luz, que, según Huawei, mejora un 20% la calidad de la señal. Pero lo que realmente hace diferente a Huawei del resto es que en vez de interpretar cada sensor por separado, lo hace en conjunto. La frecuencia cardíaca, la variabilidad de esa frecuencia, el oxígeno en sangre, la temperatura de la piel, la respiración, el estrés o el sueño cuentan mucho más cuando se analizan al mismo tiempo y, sobre todo, cuando se observan espaciados durante varios días. Otro componente indispensable de las mediciones de los relojes inteligentes es el tiempo que tarda en darte un resultado. En 2021, según los datos mostrados por Huawei, realizar una medición de SpO2 requería unos 45 segundos. En los dispositivos más recientes puede completarse en 10 segundos o menos. Y ha llegado el punto en el que es capaz de analizar 23 indicadores en 60 segundos. Para comprobar que los algoritmos funcionan, Huawei compara las lecturas de sus relojes con equipos de referencia en el Health Lab donde dispone de cintas de correr de alto rendimiento y sistemas para medir el VO2 máximo, el metabolismo, el consumo de calorías o la frecuencia cardíaca durante el ejercicio. Una cámara de simulación de altitud en la que Huawei invirtió otros tres millones de yuanes que puede reproducir condiciones equivalentes a 6.000 metros de altitud y que permite estudiar cómo cambia la saturación de oxígeno cuando el cuerpo empieza a trabajar con menos oxígeno disponible. En otra zona del complejo, 28 cámaras infrarrojas alcanzan una frecuencia máxima de 10.000 Hz y reconstruyen el movimiento de los deportistas con precisión milimétrica. Hay espacios para golf, escalada, natación, baloncesto o tenis de mesa. Un golpe de tenis, un swing de golf o una brazada generan datos completamente distintos. Algo que algunas aplicaciones ya están aprovechando junto con los relojes de Huawei, como por ejemplo, Tennix, que identifica reveses o el intercambio de golpes más largo mientras combina esos datos con la información biométrica del jugador. Todo esto es sólo una parte de cómo Huawei construye sus dispositivos, la otra son los datos utilizados para entrenar sus algoritmos. En junio de 2026, Huawei colaboraba con más de 180 instituciones, mantenía más de 340 proyectos de investigación activos y reunía a más de 18 millones de participantes en estudios. La aplicación de Huawei Health supera los 570 millones de usuarios registrados y ha alcanzado un máximo de 118 millones de usuarios activos mensuales en más de 50 países. La escala es importante, a más datos, mayor precisión. En China pudimos ver cómo estaban investigando cosas tan interesantes como la estimación del riesgo de hiperglucemia o el análisis de determinados patrones respiratorios mediante la tos o distintas técnicas para medir la glucosa sin perforar la piel. Y lo más interesante es que Huawei controla prácticamente toda la cadena de valor de sus dispositivos, desde los sensores, el diseño óptico, la electrónica, los materiales, el sistema operativo, los algoritmos, los laboratorios y los servicios de salud. Todo es suyo, lo que le permite tener una posición única en el mercado.

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