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La creatina, del gimnasio al diván: ¿funciona este suplemento para tratar la depresión?

Publicado: junio 30, 2026, 10:03 am

Cualquiera que haya pisado un gimnasio conoce la creatina. Es uno de los compuestos más estudiados y respaldados por la ciencia deportiva para ganar fuerza y volumen muscular. Lo que ya no es tan conocido es que el cerebro funciona exactamente con el mismo combustible que los bíceps . La energía que la creatina ayuda a suministrar podría ser tan importante por encima de los hombros como por debajo. Esta semana, una revisión sistemática de estudios publicada en ‘ Brain Medicine ‘ toma en serio esta hipótesis y lanza una pregunta que, de momento, resulta incómoda para la psiquiatría: ¿puede un suplemento de gimnasio ayudar a tratar la depresión ? Un equipo de investigadores de la Universidad de Ottawa (Canadá) ha rastreado la literatura científica para profundizar en cinco ensayos controlados aleatorizados , el estándar más alto en medicina, donde ni el paciente ni el médico saben quién toma la sustancia real y quién un placebo. Los estudios sumaban un total de 238 participantes de cinco países muy diversos (Corea del Sur, Estados Unidos, Brasil, Israel e India) con una edad media de 36 años y una amplísima mayoría de mujeres. La biología detrás de este planteamiento no es ninguna ocurrencia. El cerebro es un órgano carísimo en términos energéticos: consume una cantidad de recursos totalmente desproporcionada respecto a su tamaño. En ese escenario, la creatina actúa como un asistente crucial para que las células reconstruyan el adenosín trifosfato (ATP), la divisa molecular con la que el cuerpo paga cualquier esfuerzo. Investigaciones previas ya habían detectado que las personas con trastornos del estado de ánimo muestran alteraciones en el metabolismo de la creatina en sus cerebros, sugiriendo que un déficit de energía celular podría estar en la raíz de los procesos depresivos. Sin embargo, los resultados del análisis no permiten lanzar las campanas al vuelo . Los datos dibujan una división absoluta en la comunidad científica. Dos de los cinco ensayos analizados, centrados en mujeres con trastorno depresivo mayor, mostraron un beneficio rotundo. Al añadir cinco gramos diarios de creatina al antidepresivo habitual (escitalopram), los síntomas de la depresión cayeron de forma mucho más drástica tras ocho semanas que en aquellas pacientes que solo recibieron el fármaco y el placebo. En otro de los ensayos, combinar la creatina con terapia cognitivo-conductual también aceleró la mejoría de los enfermos de manera estadísticamente significativa. El problema llega con los otros tres estudios analizados, que terminaron en un dique seco. En uno de ellos, enfocado en pacientes que ya habían fracasado con varios tratamientos farmacológicos previos, la creatina no logró una mejoría. Tampoco funcionó en un ensayo con chicas adolescentes ni en un grupo de pacientes con trastorno bipolar en fase depresiva. En este último caso, de hecho, saltaron las alarmas: dos de los pacientes polares que tomaron el suplemento desarrollaron episodios de hipomanía, un estado de ánimo eufórico e irritante. «La señal que recibimos es muy interesante, pero no es un veredicto definitivo», matiza Bassam Jeryous Fares, primer autor de la revisión e investigador en la Facultad de Medicina de la Universidad de Ottawa. Para el experto, el hecho de que dos ensayos apunten en una dirección y tres en la contraria obliga a mantener los pies en el suelo. «No es el tipo de evidencia con la que cambias la práctica clínica habitual en los hospitales, pero sí la que te dice que la pregunta es lo suficientemente buena como para seguir investigando ». Los autores insisten en que el suplemento ha demostrado ser seguro y los únicos efectos secundarios reportados se limitaron a ligeras molestias gastrointestinales. La gran incógnita ahora es saber a qué se debe esa disparidad de resultados entre unos pacientes y otros, un misterio donde el sexo de los participantes podría ser la clave. En la investigación con animales se ha observado que la creatina altera de forma diferente el comportamiento depresivo en roedores machos y hembras, lo que explicaría por qué los ensayos humanos con mayor presencia femenina fueron precisamente los que mostraron mejores resultados. Nicholas Fabiano, coautor del estudio y médico residente de psiquiatría en la Universidad de Ottawa, enmarca el trabajo como un punto de partida más que como una conclusión médica. «Todavía no podemos afirmar con total seguridad que la creatina ayude con los síntomas depresivos o si estos hallazgos son generalizables a toda la población», advierte el psiquiatra. El equipo canadiense reclama ahora ensayos más grandes, más largos en el tiempo y que exploren la combinación de la creatina con el ejercicio físico . Por ahora, el suplemento del gimnasio sigue siendo una promesa, pero no un remedio.

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