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Samuel Espías, el cirujano estrella de la blefaroplastia: «Tengo a 6.000 pacientes en lista de espera»

Publicado: junio 21, 2026, 11:47 pm

El doctor Samuel Espías mamó la medicina en casa. Su abuelo, sus padres y su hermana son también médicos. Siempre quiso ser cirujano, pero confiesa que, ni en sus mejores sueños, se hubiera imaginado a dónde ha llegado con sólo 37 años: una lista de espera de dos años de pacientes que quieren realizarse con él la intervención estrella del rostro, la blefaroplastia. Estudió Medicina en Oviedo y se especializó en Cirugía Maxilofacial en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid porque siempre le encantó la cara. «Me parece una estructura muy compleja anatómicamente y muy interesante estéticamente», apunta. Se doctoró cum laude con una tesis sobre cirugía reconstructiva. Durante un tiempo, simultaneó la sanidad pública con la privada, donde realizaba cirugía plástica facial. Sin quererlo, empezó a especializarse en párpados. «A los pacientes les gustaba cómo entendía yo la mirada, buscando un resultado natural, sin estigmas de ‘ojo operado’, y empecé a crecer», recuerda. Y tanto creció que actualmente opera de lunes a jueves, en Oviedo, a personas que llegan de toda España y del extranjero: «Esta semana he operado a una paciente de Berlín, otra de Holanda, una de Houston y otra de Florida», enumera. -¿Cómo es su día a día? -Estresante. Hago unas 12-16 cirugías por semana. Y todas las tardes veo a unos 20-25 pacientes entre revisiones y primeras consultas. Empiezo a las 8.30 de la mañana y termino a las 19.30 de la tarde. Los fines de semana aprovecho para asistir a congresos. -¿Por qué la blefaroplastia es la cirugía estética estrella del rostro? -La pandemia tuvo mucho que ver porque empezamos a usar mascarilla y se puso en relevancia la importancia de la mirada. Además, estamos en una sociedad donde cada vez hacemos más selfies, videollamadas, zoom, donde no se ve lo corporal, solo la cara. Por otra parte, es una cirugía que, si se sabe hacer, tiene relativamente un buen postoperatorio y una rápida incorporación a la vida laboral. Y, con el tiempo, puede repetirse. Al final, la mirada, con el paso de los años, va cambiando, se va estristeciendo, y esta cirugía nos permite devolverle juventud y brillo. No sólo es una intervención estética sino también funcional, incluso en pacientes jóvenes, porque ese exceso de piel provoca sensación de pesadez, molestias y, según aumenta, una pérdida del campo visual. -¿En qué momento pasa de ser un médico anónimo en Madrid a tener dos años de lista de espera con pacientes de toda España y de fuera? -Este desbordamiento no es de un día para otro. Fue exponencial. El crecimiento responde al boca a boca entre pacientes y a las redes sociales, que fueron poniendo de manifiesto mi trabajo. Soy muy transparente con lo que hago, explico mis técnicas y eso a la gente le genera confianza. Otra cosa que destacan de mí es la honestidad. Si considero que un paciente no está para operar, no lo voy a hacer. Yo no veo clientes, veo pacientes. Eso lo aprendí de mis padres. -¿Cuál es el lugar más lejano del que han venido para operarse con usted? -De Chile y de Argentina. También he tenido una paciente de Sudáfrica, que me descubrió por redes sociales. Empezó a seguir mi trabajo durante dos años y pidió cita. Me ha pasado lo mismo con otra persona desde Houston. En España tiene que ver más con el boca a boca. Cuentan a su círculo que se han operado conmigo y les dan mi Instagram para ver mi trabajo. -¿Cuántas personas puede tener ahora mismo en lista de espera pendientes de valorar en consulta? -Alrededor de 6.000 pacientes. Alguno se cae de la lista porque no quiere esperar, pero la mayoría aguantan porque conocen mucho mi trabajo. El paciente que viene valora mucho la confianza que le genera el médico, a través de los resultados que ha visto y la súper especialización. Ahora mismo, yo hago sólo cirugía de párpados. -Suele colgar en redes los resultados de sus cirugías cada día . Y los pacientes siempre dicen que no les duele nada y apenas se ve rastro de una intervención… ¿La recuperación es realmente tan rápida? -Cuanta más experiencia tienes, más depuras tus técnicas y más fino te vuelves. Eso hace que tus tiempos quirúrgicos disminuyan. La súper especialización hace que se note en ese aspecto. Mi postoperatorio es indoloro y con la cicatriz hacemos lo posible para camuflarla en zonas que no sean visibles. Al paciente le decimos que evite esfuerzos físicos una o dos semanas y la reincorporación a su vida laboral puede hacerla a los siete días. Puede abrir y cerrar los ojos, pero no se deben usar pantallas los primeros días y se puede salir a la calle con gafas de sol, excepto las primeras 24 horas que insistimos en que estén un poco más tranquilos y con frío. -¿Qué edad tenía la paciente más joven y la más mayor que ha operado? -La más joven, en párpado superior, tenía 23 años y era por un problema funcional. Tenía descamaciones en la piel del párpado que le producían picores intensos. Y la más mayor, una señora de 88 años que ya no veía con tanta piel. Es raro operar el párpado superior por debajo de los 35 años. La mayor parte de la población se opera entre los 40 y los 55 años. -¿Es imposible envejecer sin que se caiga el párpado? -Es muy raro. Al final, la piel del párpado es la más fina del organismo y con la edad tiende a producir caída, más la caída de la ceja. Luego también depende de la persona, hay fisonomías en las que tienden a caer más y en otras menos. -¿Se haría usted una blefaroplastia llegado el momento? Y en ese caso, ¿tiene ya pensado quién le operaría? -Sí, me la haría al cien por cien, tanto desde el punto de vista estético como funcional. Y sí, tengo distintas opciones de compañeros para hacérmela, pero en este momento aún no he decidido con cuál (ríe). Yo también he operado a muchos compañeros y para mí es un orgullo, un honor y una responsabilidad.  

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