Publicado: junio 10, 2026, 4:08 pm
¿Es mejor guardar nuestros objetivos en secreto o compartirlos con los demás? Cada cierto tiempo reaparece la misma recomendación: no contar a nadie nuestros planes porque hacerlo podría reducir las posibilidades de alcanzarlos. Sin embargo, para la psicóloga Beatriz Gil Bóveda, la cuestión es bastante más compleja. La experta sostiene que la clave no está en decidir si debemos hablar o no de nuestras metas, sino en entender qué buscamos cuando las compartimos y, sobre todo, con quién lo hacemos.
A todos nos ha pasado: tenemos en mente algo que queremos hacer o que estamos a punto de conseguir y al cabo de unas horas o días, esa idea se nos echa al traste. Normalmente pensamos que, al habérselo contado a alguien, nos lo ha «gafado», pero Gil Bóveda explica que la psicología lleva años estudiando la influencia que tiene el reconocimiento social sobre la motivació y no tanto con la suerte. Cuando contamos un objetivo importante y recibimos aprobación, admiración o entusiasmo por parte de los demás, podemos experimentar una sensación subjetiva de avance. Nos sentimos más comprometidos, más preparados e incluso más cerca de la meta, aunque todavía no hayamos comenzado a trabajar realmente en ella.
No hay que confundir la sensación de avance con avance real
En este sentido, la psicóloga recuerda las observaciones de Peter Gollwitzer, quien señaló que verbalizar una identidad futura y recibir reconocimiento por ello puede generar una sensación prematura de logro. Esto no significa que compartir nuestros objetivos nos condene al fracaso, pero sí puede llevarnos a sentirnos más satisfechos de lo que justifican nuestras acciones reales. Como resume Gil Bóveda, el riesgo aparece cuando llegamos a «confundir la sensación de avance con el avance real».
Y es que, según insiste la experta, «hablar de un objetivo no es lo mismo que trabajar por él«. A veces dedicamos mucho tiempo a explicar nuestros proyectos, imaginar el resultado o visualizar cómo será nuestra vida cuando alcancemos una determinada meta. Todo ello puede hacernos sentir productivos y comprometidos. Sin embargo, los objetivos no se consiguen porque sepamos describirlos bien, sino gracias a las acciones que repetimos día tras día. El progreso, recuerda, suele ser mucho más silencioso de lo que imaginamos.
Son los hábitos los que generan resultados
No obstante, Gil Bóveda también advierte de que no todas las conversaciones tienen el mismo efecto. Hay personas que, al escuchar nuestros planes, nos ofrecen admiración inmediata y nos hacen sentir especiales incluso antes de haber realizado el esfuerzo necesario. Aunque estas reacciones suelen ser bienintencionadas, pueden convertirse en una recompensa emocional anticipada.
Frente a ello, la psicóloga destaca el valor de quienes ayudan a concretar los pasos necesarios, preguntan por el proceso, ofrecen apoyo cuando aparecen las dificultades y recuerdan los compromisos adquiridos. «Estas personas no alimentan una fantasía. Alimentan la acción», afirma. La especialista también recupera una idea defendida por el autor de ‘Hábitos Atómicos’, James Clear: los objetivos marcan una dirección, pero son los sistemas y los hábitos los que generan los resultados. Desde esta perspectiva, compartir una meta puede ser positivo siempre que la conversación contribuya a reforzar la constancia, la responsabilidad y las conductas necesarias para alcanzarla.
Por eso, la conclusión de Gil Bóveda es clara: no se trata de ocultar nuestros sueños ni de mantenerlos siempre en secreto. Lo importante es elegir cuidadosamente a quién se los contamos. «No necesitas más espectadores, necesitas más aliados», sostiene. Personas que se interesen por nuestras acciones y no solo por nuestras intenciones, que ayuden a sostener el esfuerzo cuando desaparece la motivación inicial. En última instancia, el problema no suele ser compartir nuestros objetivos, sino «sustituir el compromiso por la validación».
