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Por qué una Fed más dócil es clave para la paz con Rusia y el orden global

Publicado: noviembre 30, 2025, 5:30 am

Todo está conectado. La política monetaria, las guerras, las campañas presidenciales y los mercados. A veces la relación es evidente. Otras veces está escondida detrás de una cifra, una frase suelta en una entrevista o una decisión que parece técnica pero que, en realidad, lo cambia todo. Como el posible relevo de Jerome Powell al frente de la Reserva Federal (Fed). Como la candidatura de Kevin Hassett. Como el calendario que apunta a diciembre y a paz, la palabra que empieza a colarse en los despachos de Washington.

A primera vista parece una historia doméstica. Un presidente que no quiere renovar al actual jefe del banco central. Un favorito que se perfila con cada día que pasa. Un secretario del Tesoro que acelera los contactos con los medios de comunicación. Pero detrás de los focos, pocos dudan de que se mueven muchos más intereses. Lo que está en juego no es solo quién fijará los tipos de interés. Lo que se está negociando en paralelo es un nuevo mapa global, con Ucrania, Rusia y Estados Unidos sentados a una mesa que, curiosamente, también depende del dinero.

Trump lo sabe. Su equipo también. Por eso la Fed ha pasado de ser un actor técnico a convertirse en un engranaje más de su estrategia geopolítica. Una Fed que baje tipos con rapidez, que facilite liquidez y que deje de frenar el gasto público, es una Fed que libera espacio.

Y no es solo una metáfora. Cada recorte de tipos reduce el coste de los 34 billones de dólares de deuda que carga el Tesoro. Solo en 2025, los pagos por intereses superan los 870.000 millones de dólares, según datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos. Un descenso de apenas 25 puntos básicos puede significar decenas de miles de millones en ahorro presupuestario. Más margen fiscal, menos presión política.

De hecho, Estados Unidos está entrando en terreno inédito. Según las últimas proyecciones del FMI su deuda pública podría alcanzar el 143% del PIB en los próximos años, superando los niveles tradicionalmente asociados a crisis fiscales como Italia o Grecia. Pero no es solo una cuestión fiscal, también diplomática. Si hay que reconstruir, que haya dinero. Si hay que negociar incentivos, que el crédito fluya. Si hay que ganar las elecciones, que la economía crezca.

Entre 2022 y 2025, Estados Unidos ha comprometido más de 113.000 millones de dólares en ayuda a Ucrania, según el Congressional Research Service. Si el conflicto avanza hacia la paz, ese flujo podría reconvertirse en reconstrucción. Y una política monetaria expansiva facilitaría ese giro sin necesidad de nuevos ajustes fiscales.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, lo ha dejado caer a su manera. En su opinión la Fed debe volver a un segundo plano. Que ya no es tiempo de protagonismos monetarios. Que hace falta calmar los ánimos. Y lo hizo justo después de confirmar que Trump planea anunciar al sucesor de Powell antes de Navidad. La fecha no es casual. Ni el mensaje. En la agenda del presidente no solo está el futuro del banco central.

Bloomberg ha informado de que Washington está avanzando en un borrador de 28 puntos para cerrar el conflicto entre Ucrania y Rusia. No es oficial. Tampoco parece algo definitivo, pero es real. De esos 28 puntos, 9 ya han salido del papel. Y lo que queda está siendo renegociado con una mezcla de urgencia y cautela. Y un acuerdo de alto el fuego, aunque sea provisional, puede convertirse en su carta más poderosa.

El mercado empieza a descontar un acuerdo de paz en Ucrania

“Estos días ha influido positivamente sobre el tono del mercado en base a las expectativas sobre una propuesta de 28 puntos para la paz en Ucrania en un conflicto en que Trump ha comprometido una parte no despreciable de su excéntrico capital político’, señalan en Bankinter.”

En las últimas semanas, el mercado ya se ha adelantado. Las probabilidades de un nuevo recorte de tipos por parte de la Fed en diciembre han pasado del 50% al 84%, según datos de FedWatch. Wall Street lo celebra. El Nasdaq ha repuntado. El S&P 500 también con una ganancia semanal por encima del 2,5%. El FOMO ha vuelto y la tecnología lidera la fiesta.

Pero si hay un indicador todavía más fiable, es el petróleo. El precio del Brent ha caído cerca de un 3% en la última semana al nivel de 62,7 dólares, marcando su peor semana desde octubre. Los futuros parecen descontar ya un posible alto el fuego entre Rusia y Ucrania, y con él, una relajación de sanciones energéticas que podría inundar el mercado de crudo.

Pero no todo es optimismo económico. También es una apuesta política. Los inversores creen que el giro está en marcha. Que la Fed se prepara para adaptarse al nuevo ciclo. Y que ese ciclo, a diferencia del anterior, ya no gira únicamente en torno al control de la inflación, sino a facilitar una transición geopolítica.

El economista que Trump quiere en la Fed para reforzar su plan global

En ese tablero, Kevin Hassett encaja como una pieza que ya estaba diseñada desde hace años. No es un outsider. Fue director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, es un economista cercano al Partido Republicano y ha sido asesor en campañas de figuras como McCain, Bush y Romney. También trabajó durante años como economista senior en la propia Fed. Por tanto, conoce la institución por dentro y, sobre todo, conoce bien el estilo de Trump.

Hace apenas unos días hizo su carta de presentación. En una entrevista con Bloomberg, afirmó que los tipos deberían bajar ya. Que los datos lo justifican. Que está listo para asumir el cargo sin curva de aprendizaje. Y que, en definitiva, no se va a interponer en los planes del presidente.

Ese perfil no solo gusta en la Casa Blanca. También tranquiliza a quienes están negociando en paralelo con Moscú y Kiev. Porque una Fed alineada con el Ejecutivo puede convertirse en un aliado invisible. No en la mesa de diálogo, pero sí en las condiciones que se necesitan para que esa mesa funcione. Si el dólar se relaja, los mercados emergentes respiran. Si los tipos bajan, el coste de financiar ayuda exterior disminuye. Si la economía se calienta justo antes del ciclo electoral, el poder de negociación de Estados Unidos se multiplica.

No es casualidad que el relevo en la Fed coincida con la mayor actividad diplomática en meses. Y el nuevo presidente no va a jugar a la independencia institucional. Va a jugar a favor del plan general.

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