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La Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores confiesa que la división reina entre los Veintisiete

Publicado: agosto 30, 2025, 2:44 pm

La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas , reconoció este sábado en Copenhague, antes de la reunión informal de ministros de Exteriores, que la división interna respecto a las sanciones contra Israel por la guerra en Gaza constituye un problema muy serio para la credibilidad de la Unión como actor global. Según subrayó, la falta de consenso «nos deja sin voz en el escenario internacional» y amenaza la capacidad de Europa de responder a las crisis que marcan la agenda mundial. Kallas, que en sus intervenciones se mostró poco o nada optimista, advirtió que ni siquiera medidas consideradas moderadas, como la suspensión de Israel del programa de investigación Horizonte Europa, han conseguido reunir los apoyos suficientes para ser aprobadas. Esta situación, a su juicio, evidencia la parálisis en que se encuentra el bloque, pese a que el conflicto ha dejado ya 63.000 muertos, según el ministerio de Salud de Hamás, desplazamientos masivos de la población y una crisis humanitaria que la ONU describe ya como hambruna en curso, acusando a Israel de obstaculizar la llegada de ayuda. El debate interno se ha recrudecido porque la propuesta de la Comisión Europea de limitar la cooperación en investigación con Israel tampoco logró avanzar. El sistema de mayoría cualificada, que exige el apoyo de 15 países que representen el 65 % de la población de la Unión, otorga un papel central a Alemania, que con sus 83,5 millones de habitantes se convierte en un freno determinante. El ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul , explicó en Copenhague que Berlín ya ha restringido determinados envíos de armas, pero que no respalda sanciones colectivas, ni siquiera en el plano de la cooperación civil, que a su juicio resulta sensata. Alemania no está sola en esa posición, ya que países como Hungría, Eslovaquia y Austria también muestran resistencia a tomar medidas contra Israel, lo que frustra las expectativas de alcanzar un acuerdo. En el otro extremo se sitúan España, Irlanda, Dinamarca, Países Bajos o Suecia, que defienden medidas más contundentes y han dejado clara su impaciencia ante la inacción comunitaria. El ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen , fue uno de los más tajantes al señalar que «hay que pasar de las palabras a los hechos» y que, aunque Dinamarca considera a Israel un país amigo, «el Gobierno actual es un problema». Recordó además que su país está dispuesto a prohibir productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania, imponer sanciones a ministros de extrema derecha del gabinete Netanyahu y restringir el comercio bilateral, aunque reconoció que el consenso sobre estas medidas probablemente no llegará. Para ilustrar la lentitud con que avanza la UE, Rasmussen recurrió a una metáfora: «el barco más lento del convoy marca la velocidad». La frustración de los países más críticos con Israel también quedó patente en las palabras del ministro de Exteriores irlandés, Simon Harris , quien afirmó que si la Unión no es capaz de actuar de manera conjunta en este momento, con miles de civiles palestinos fallecidos y con la población atrapada en condiciones de hambre, entonces « ¿cuándo lo hará? ». Harris advirtió de que la falta de reacción erosiona la credibilidad moral de la Unión y la aleja de los valores humanitarios que proclama. Pese a estas voces, Kallas insistió en que «no soy muy optimista» y reconoció que no habrá decisiones inmediatas, repitiendo que incluso medidas «indulgentes» no logran los apoyos necesarios entre los Veintisiete. La política exterior de la Unión muestra fisuras también en otro frentes. En la misma reunión de Copenhague, Kallas se refirió a los activos rusos congelados en la Unión Europea, estimados en más de 210.000 millones de euros, y fue clara al asegurar que «no podemos imaginar que, si hay un alto el fuego o un acuerdo de paz, estos activos se devuelvan a Rusia sin que antes haya pagado reparaciones». Ucrania , junto a países como Polonia y los bálticos, reclama que esos fondos se confisquen directamente y se utilicen para financiar la reconstrucción y el esfuerzo de guerra de Kiev. Pero, de nuevo, la Unión se encuentra dividida: Francia, Alemania y Bélgica rechazan esa opción, aduciendo que carece de base legal y defendiendo en su lugar que se utilicen únicamente los beneficios generados por esos activos como vía de financiación indirecta. El debate sobre Rusia refleja, al igual que el de Gaza, la dificultad de la Unión para encontrar un equilibrio entre la necesidad de actuar y los temores legales o estratégicos de algunos de sus Estados miembros. Aunque en el caso de Ucrania existe un consenso más amplio en condenar la invasión rusa y en apoyar a Kiev, las diferencias sobre cómo gestionar los fondos congelados vuelven a proyectar una imagen de división que limita la capacidad del bloque de proyectar una posición fuerte y coherente. Los diplomáticos reconocen que el debate se ha desplazado hacia cómo usar esos recursos una vez que la guerra llegue a su fin, pero, como en el caso de Oriente Próximo , el tiempo corre en contra de la credibilidad europea. Kallas, en sus intervenciones insistió en que la falta de unidad es un obstáculo estructural que resta a la Unión Europea el peso internacional que debería tener, en función de su poder económico y político. « Cuando estamos divididos, no hablamos con una sola voz, y sin voz unida, no hay voz global », afirmó, resumiendo en esa frase el dilema al que se enfrenta el bloque. Sus declaraciones fueron interpretadas como un intento de advertir a los Estados miembros de que, si no son capaces de actuar juntos en momentos de crisis, la UE corre el riesgo de convertirse en un actor irrelevante en la política mundial. El contraste con Estados Unidos es evidente. Mientras Washington actúa con rapidez y contundencia, la Unión Europea debate sin lograr acuerdos, incluso sobre propuestas moderadas que no requieren unanimidad.

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