Publicado: abril 4, 2025, 1:07 am

En Vox preferían pensar que la amenaza arancelaria con la que Donald Trump aterrizó en la Casa Blanca no terminaría de consumarse. «Ojalá no lleguen», dijo Santiago Abascal sobre los gravámenes en la cumbre trumpista a la que acudió en Washington. Sin embargo, más allá de reconocer que los aranceles serían negativos para la economía española, los dirigentes de Vox hacían equilibrios para justificar la política de su «aliado» estadounidense, emplazándose al momento en que las tasas se concretasen para hacer una valoración. Ayer fue ese día, y el partido tuvo que reconducir su discurso para buscar culpables fuera de Trump.
El mismo día que el republicano accedió al Despacho Oval, España se vio por primera vez señalada como posible víctima de la imposición de aranceles. Horas después, la portavoz parlamentaria Pepa Millán, en la que fue la primera reacción desde las filas de Vox, excusó sus intenciones: «Estados Unidos ahora tiene un presidente que mira por los intereses de su pueblo y que los protege». Y añadió: «A nosotros lo que nos gustaría es tener un presidente que mire por su pueblo y por sus intereses».
Sin embargo, tras concretar Trump que impondrá un arancel del 20% a las importaciones españolas, Vox se opuso ayer a que la Unión Europea responda al ataque comercial de la misma manera. «Los políticos [del continente] están decididos a lanzarnos a una guerra comercial con EEUU», criticó José María Figaredo -miembro de la cúpula de Vox-, apostando por «negociar» con Trump en vez de responder con nuevas tasas. Creen en el partido que Europa no está en posición de tratar a EEUU como un igual, y así, en privado, indican que lo que habría que hacer es «agachar la cabeza» y tratar de rebajar las pretensiones del estadounidense. No ven ahora buena opción que Europa defienda su economía introduciendo aranceles de vuelta a Trump, aunque antes añoraban replicar esa política del estadounidense.
El propio Abascal afirmó hace unas semanas, en una entrevista en Servimedia, que las tasas que la UE ya impone a los productos norteamericanos «están bien porque intentan proteger nuestro mercado». Adoptando ese tono proteccionista, en varias ocasiones Vox ha criticado también que se permita la entrada en Europa de bienes extracomunitarios sin gravarlos lo suficiente. Sin embargo, ayer, mientras esquivaban condenar el muro proteccionista desplegado por Trump, sí se opusieron a que Bruselas deba responder de la misma manera.
Entraron así en la contradicción de exigir a la UE que negocie a favor del libre comercio a la vez que exculpaban al estadounidense de haber roto la alianza comercial. Algunos dirigentes de Vox, como Hermann Tertsch, llegaron a comprar la tesis de la «reciprocidad» expuesta por Trump y valoraron sus gravámenes como «razonables». Respondió el ex dirigente del partido Iván Espinosa de los Monteros -del ala liberal-: «Este anuncio de aranceles no equilibra el tablero de juego; solo lo desestabiliza. […] Se puede defender todo lo que Trump hace bien sin justificar lo que hace mal». Mientras, Jordi de la Fuente, líder del sindicato impulsado por Vox, sí pidió replicar las medidas proteccionistas del estadounidense, a quien calificó de «punki adorable».
Si hasta ahora en Vox argumentaban que las tasas comerciales de Trump no serían mayor amenaza que la que representa la regulación de Bruselas, ayer Abascal insistió en que el gravamen del 20% perjudicará a España porque «nuestra economía compite en condiciones de desigualdad por la burocracia ideológica del bipartidismo». Esa tesis la sostienen, reforzada ahora con la crítica a la respuesta dada desde la UE al órdago de Trump -«deberían intentar negociar»-.
Solo en privado se oyen algunas voces que critican las «formas» del estadounidense. En la cúpula de Abascal reconocen que la actitud de Trump en esta materia ha sido «agresiva» y afirman que no comparten su forma de «negociar» con Europa, a golpe de amenazas. Aun así, insisten: «La guerra comercial la empezó Pedro Sánchez con su frente antitrump«.