Publicado: enero 2, 2026, 3:07 am

A Elías Bendodo le gusta repetir en sus intervenciones que, en cuanto uno se aleja de Madrid y pone rumbo a Andalucía, empieza a notar enseguida cómo baja la tensión política (y arterial) por efecto del alejamiento de lo que el diputado popular malagueño considera el principal motor de la polarización, que es Pedro Sánchez. Y, tal vez por eso, hay en el PSOE, sobre todo en el PSOE andaluz, quien opina que la mejor manera de vencer el efecto Juanma Moreno es meterle presión a las elecciones andaluzas con una convocatoria conjunta con las generales, que «nacionalizaría» el debate y lo convertiría casi en un plebiscito.
Tanto en el PSOE como en el PP hay quienes les ven ventajas a unas elecciones con dos urnas (tres si se cuenta la del Senado). Los socialistas, porque contribuirían a reactivar a su electorado con el espantajo de la ultraderecha; y los populares, porque no hay mejor estímulo para sus electores que votar contra Pedro Sánchez. En lo que están de acuerdo las fuentes consultadas en ambos partidos es en que la participación se dispararía en la comunidad autónoma, uno de los graneros perdidos del socialismo en España que el PP ha convertido en referente del vuelco ideológico que ha experimentado el resto del país.
Para entender por qué a los socialistas andaluces les entusiasma la idea hay que mirar los resultados de las últimas convocatorias. Si en las elecciones autonómicas de junio de 2022, las que dieron la mayoría absoluta a Juanma Moreno, el PSOE obtuvo 888.325 votos (con Juan Espadas de candidato), en las generales celebradas un año más tarde (en julio de 2023), los socialistas consiguieron en Andalucía 1.459.264 votos, es decir 570.939 más. La participación en Andalucía creció de una convocatoria a otra en casi 10 puntos. O, lo que es lo mismo, la abstención pasó de un 41,64% en las andaluzas de 2022 a un 31% en las generales de 2023. Y en esos más de 570.000 votos de diferencia tiene el PSOE andaluz puestas todas sus esperanzas. Hay quien incluso se atreve a vaticinar que, si se hacen bien las cosas, se podría movilizar hasta 800.000 votos para la «mayoría de progreso». Para ello, sería fundamental que los partidos a la izquierda del PSOE fueran capaces de articular una candidatura conjunta con un cartel reconocible y confiable para el electorado. El paso adelante dado a este respecto por Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida, para concurrir como cabeza de lista de Por Andalucía, ha alentado las esperanzas, aunque la negociación con Podemos sigue encallada.
A pesar de todo, el PSOE sabe que el bloque de la derecha (la suma del PP y Vox) es hoy inexpugnable. La ambición realista de buena parte del PSOE andaluz no es, ni mucho menos, ganar las elecciones pero sí obtener un resultado no catastrófico. «Nos jugamos la supervivencia», repiten varios cargos consultados por EL MUNDO. «Hay mucha gente en el PSOE que está trabajando ya para que, después del sanchismo, quede algo desde lo que empezar a reconstruir el partido», afirma también un dirigente del PSOE andaluz. O sea que, lo que internamente ya no es capaz de movilizar el sanchismo por fatiga de materiales podría movilizarlo la urgencia de poner las bases del postsanchismo para intentar salvar los muebles.
Como publicó EL MUNDO este miércoles, algunos cargos y alcaldes socialistas intentan evitar que las generales se celebren de forma conjunta a las municipales de 2027 para evitar verse arrastrados por una hipotética debacle general del PSOE y convertidos en la mejilla sobre la que el electorado descargue su enfado por la corrupción y la desafección, como ya ocurrió en 2023.
En el PSOE andaluz están convencidos, no obstante, de que Pedro Sánchez busca una «ventana de oportunidad» que sólo podría llegar de la mano de los pactos del PP y de Vox, que obligarán a Alberto Núñez Feijóo a pisar suelos resbaladizos relacionados con la inmigración, las ayudas del escudo social o las políticas contra el cambio climático.
El tándem Sánchez-Montero
En lo que respecta al PP andaluz, la celebración de una convocatoria conjunta de generales y autonómicas también supone un estímulo para la movilización, aunque con menos margen de mejora, pues el electorado de la derecha está ya suficientemente tensionado. «Votar contra Pedro Sánchez siempre es un acicate. No le tenemos miedo. Si el tándem Sánchez-Montero quiere convocar en junio, aquí le esperamos», insisten en el PP andaluz.
Los populares no acaban de creerse, sin embargo, que el presidente del Gobierno quiera adelantar el final de la legislatura teniendo todas las encuestas en contra. No hay ningún sondeo solvente, ni siquiera el CIS de Tezanos, que no conceda una superioridad en intención de voto al bloque de la derecha, sobre todo por el ascenso imparable de Vox, que parece rentabilizar el desgaste del Gobierno con más eficiencia que el Partido Popular. Los resultados en Extremadura podrían ser, de alguna manera, un anticipo del vuelco ideológico en el conjunto del país.
Así las cosas, el único argumento que podría pesar en el ánimo de Pedro Sánchez para disolver de forma anticipada el Parlamento sería, precisamente, el efecto demoledor que sobre su liderazgo y su candidatura para 2027 podría tener un resultado calamitoso en Andalucía. Otro más. Si perder la mayoría social en Extremadura ha sido un varapalo moral para todo el PSOE, volver a romper el suelo electoral en Andalucía (situado ahora en los 30 diputados en un Parlamento de 109 escaños) podría suponer un golpe de tal magnitud que disparara la movilización de quienes empiezan a tener prisa por pasar la página del sanchismo. Nadie en el PSOE culparía a María Jesús Montero de un cataclismo en Andalucía. Esa factura tal vez tenga que pagarla el propio Pedro Sánchez.
