Publicado: marzo 29, 2025, 5:07 am

Ayer a mediodía, la vicesegunda Díaz hizo un balance de la durísima negociación que había mantenido con la viceprimera Montero. Y se expresaba la mujer con la incomprensible alegría de las almas simples muy pocas horas después de su duelo por un acuerdo que, según había contado Díaz, había impedido la número 2 del Gobierno al levantarse de la mesa a las 10 de la noche del jueves. Ella quería que los perceptores, y las perceptoras, que no se me olviden las perceptoras, del Salario Mínimo Interprofesional no tengan que tributar en el IRPF.
La cosa se había puesto muy interesante ante las amenazas cruzadas entre el PSOE y su socio Sumar. Digo interesante y el lector, si fuera un adepto irremediable del Gobierno Copro, debería entender muy grave, por lo que entrañaría de amenaza de ruptura de la coalición. En todo caso, la hipótesis de ruptura debería parecerle extraordinariamente improbable, porque si hubiera un solo nexo entre Sumar y Podemos, uno solo, sería la voluntad irrenunciable de ambos partidos de permanecer en el Gobierno y atados al machito. No salen de ahí ni con agua hirviendo. Para comprobarlo bastaría hacer un repaso a las docenas de cesiones de Pedro Sánchez a sus apoyos exteriores, Junts, EH Bildu, PNV y el resto de la patulea. Y en el caso de Yolanda Díaz, el portentoso asunto de su actitud tan acomodaticia a la cuestión del rearme europeo, algo que debería haber sido línea roja para ella pero solo fue línea de puntos. El psicópata de La Moncloa dijo que a él la palabra «rearme» no le gusta, que él prefiere «impulso tecnológico para canalizar la inversión en defensa». La renuncia de Sánchez a la palabra maldita pareció un argumento suficiente a Yoli, que dijo: «Sumar confía absolutamente en la palabra del presidente del Gobierno». Y la palabra no es rearme, pudo haber añadido para dejar definitivamente claras las cosas.
Marichús había amenazado con vetar las tres iniciativas del PP, Sumar y Podemos. Yolanda había contraatacado al amenazar a la de Hacienda con sumar (valga la redundancia) sus votos a los del PP para tumbar los vetos de sus socios. Eso habrían sido palabras mayores, muy mayores y ahí la ministra de Hacienda reculó un poquito, manteniendo los vetos a las iniciativas de Sumar y Podemos, pero dejando pasar la de su socio.
La clave del arreglo es que la declaración de la renta sí la van a tener que hacer los perceptores, aunque en el presente año van a tener una deducción de 300 euros. El año que viene Dios dirá. O sea que Yolanda ha obtenido una victoria más bien pírrica bajo la forma de una moratoria, que ella ha calificado de victoria, una apariencia que le ha permitido Pedro Sánchez, que quiere tener al personal en orden y la ministra de Trabajo había sacado dos veces la patita: una sobre el asunto del rearme comentado más arriba y otra sobre la decisión del presidente de no presentar las cuentas de 2025 para su aprobación en el Congreso. Y en esto tenía toda la razón del mundo Yolanda Díaz al decir: «El Gobierno tiene la obligación de presentar los Presupuestos Generales. Luego se ganarán o se perderán, pero hay que hacerlo». No iba a romper la coalición por ello, pero el socio minoritario tenía razón frente al mayoritario. Normalmente no la tiene ninguno de los dos.