Trump y Puente o los límites de la mentira - España
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


Trump y Puente o los límites de la mentira

Publicado: noviembre 7, 2026, 5:07 am

Actualizado Viernes,
6
noviembre
2026
–
22:45

España es un tubo de escape taponado por Pedro Sánchez desde hace diez años, tiempo más que suficiente para que el dióxido de carbono haya paralizado el vehículo e intoxicado a los pasajeros. El país solo volverá a avanzar cuando expulse ese tapón que mantiene detenidos y envenenados a los españoles por la ambición obstructiva de un solo hombre que supo manipular en su beneficio la emoción negativa más poderosa del sistema del 78: el miedo a que te llamen facha. De tanto atizar ese miedo, Sánchez ahogó la emoción positiva que portaba en sí el mismo sistema: la posibilidad de la concordia. Lo único bueno de haber respirado el gas sanchista durante tanto tiempo es que ha vacunado a toda una generación contra una sigla, la del PSOE, que necesitará ventilarse durante muchos años en la parte fría de la alternancia democrática: la oposición.

Pero España no es el único tubo de escape taponado del mundo. Estados Unidos acaba de expulsar el mismo tapón narcisista y tóxico en las elecciones de medio mandato que ha perdido con estrépito Donald Trump. Yo ya sé que muchos lectores de derechas y de izquierdas, narices adictas al pegamento tristemente averiadas por la larga inhalación, no pueden ya olfatear la clamorosa semejanza entre Pedro y Donald, entre la agresividad testosterónica de Pete Hegseth y la de Óscar Puente. Eso que no huelen de ambos es el principio activo de todo populismo, que es la mentira, porque viene perfumada con el sudor de la tribu propia para pasar desapercibida. Y logra hacerlo durante un tiempo, porque el cerebro humano gusta de engañarse a cambio de sentir pertenencia. Hasta que esa mentira mata a 115 personas en dos trenes o dispara el precio del combustible con el que antes llenábamos el depósito de la Chevy.

La mentira es un pacto fáustico que siempre acaba con la expulsión de algún edén. El político miente para ganar tiempo en el poder, como el adúltero miente para ganar tiempo en el placer, pero ambas mentiras terminan cobrándose su venganza. El tamaño de la factura es proporcional al de la mentira. La ola azul de las midterms es el reflujo de la guerra relámpago en Irán que iba a derrocar a las ayatolás en una semana. La ola azul que las encuestas vaticinan para el 29-N contestará proporcionalmente al relato de la fuerza del amor que se despeñó por un terraplén de Urda.

Buenas noticias, amigos politólogos: las mentiras se pagan en la vida y se castigan en las urnas. Así que es probable que hayamos lamentado el poder de los tecnoligarcas muy por encima de sus posibilidades de manipulación. Y es seguro que hemos citado las lecciones de Cómo mueren las democracias, de los indefectibles Ziblatt y Levitsky, muy por encima de sus dotes de adivinación. Resulta que el populismo era reversible, como en Europa ya saben los polacos o los húngaros. Y el punto a partir del cual la mentira se vuelve irrespirable es el impacto directo en las condiciones materiales de vida de los ciudadanos.

La moral pública que censura a los impostores no es un vestigio ñoño de la religión: es la memoria decantada de las estrategias de supervivencia de la especie. Podemos respirar una serie limitada de mentiras de nuestros gobernantes. Hasta que todos empezamos a toser.

Related Articles