Publicado: abril 2, 2025, 1:07 am

Y llegó el 2 de abril, el Día D de la gran guerra comercial de Donald Trump contra Europa. Él lo ha bautizado como «Día de la liberación», pero en privado su equipo se deja de eufemismos y lo llama por su nombre: es una venganza contra la UE, por su superioridad comercial. El Gobierno de EEUU dará hoy a conocer un «big bang» de aranceles para «equilibrar» de manera coercitiva lo que no ha podido empatar compitiendo en igualdad de condiciones.
Así lo demuestra un informe «confidencial» elaborado por la «misión a Washington DC» de la cúpula de COPA-Cogeca, la organización que representa a 22 millones de agricultores europeos, y a las cooperativas. Esa «delegación» se reunió a mediados del mes de marzo con representantes de la Administración Trump. El contenido de las reuniones se mantuvo en riguroso secreto, pero EL MUNDO ha accedido al documento que desglosa todas las confidencias de los altos representantes de Comercio, Exteriores y Agricultura de EEUU.
El informe, con una enorme marca de agua que dice «Confidential», relata los primeros contactos con la Oficina del Representarte de Comercio de EEUU (la poderosa USTR). Los días 18 y 19 de marzo, la delegación europea se entrevistó, entre otros, con perfiles técnicos como Julie Callahan, quien le transmitió que «el superávit del que disfruta la UE es demasiado grande» y hay que «reequilibrarlo» no sólo en términos globales, sino, también, con un «enfoque adaptado» a cada «estado miembro» de la UE. Es decir, con especial hincapié en Alemania, Irlanda e Italia, los países «con los que hay déficit». Para «garantizar la igualdad de condiciones», lo que pide el equipo de Trump es «una recompensa por las barreras no arancelarias de la UE».
La cúpula agraria comunitaria comprobó que muchas «personas clave» de la Administración norteamericana aún no están ni nombradas, pero eso no ha impedido a Trump acelerar su plan. Todo gira en torno a su gurú arancelario, Peter Navarro, al que todos citaron en las reuniones como la persona que «dirige» esta guerra comercial.
En todo caso, los directivos de COPA y Cogeca también se reunieron con altos cargos como Jason Hafemeister, subsecretario de Comercio y Asuntos Exteriores Agrícolas. Éste les dijo que «la UE tendrá que acomodarse y aceptar las normas» de EEUU. Sí o sí. Y les añadió que, como «EEUU quiere un comercio justo para sus agricultores», el 2 de abril, o sea, hoy, se producirá «un big bang» comercial que obligará, «mediante aranceles», a los socios comerciales de la primera potencia democrática del mundo a «realizar los ajustes necesarios». No se negociará nada. Se impondrá.
Para el USTR, las preocupaciones sobre las «barreras» que pone la UE a los exportadores estadounidenses son «legítimas» porque «no se basan en la ciencia». Navarro ha puesto el IVA en la diana. «La política de IVA se considera una subvención a la exportación», les dijo Hafemeister, según anotó la secretaria general de los agricultores europeos, Elli Tsiforou, en su informe. Y les insistió en la misma idea de «respuesta a medida», país por país.
Esto, sobre el papel, rebaja la presión al campo y a la industria agroalimentaria española -la segunda más importante del país, tras el turismo-. ¿Por qué? Porque, a diferencia de Alemania, España tiene déficit comercial con EEUU. En 2024, más de 10.000 millones, tras exportar por valor de 18.179 millones e importar 28.192, sobre todo por las compras de energía.
Antiglobalismo
Los funcionarios y dirigentes gubernamentales del EEUU confesaron a sus interlocutores europeos que, a diferencia de Joe Biden, el nuevo Ejecutivo «no tiene mucha consideración por la Organización Mundial de Comercio, a la que considera una criatura de los años 50». Es muy relevante el mensaje antiglobalización que trasladaron: «La integración global solía interesar a EEUU, pero ya no es así. El sistema comercial basado en normas ha tratado mal a Estados Unidos. El comercio basado en normas debe sustituirse por el comercio basado en resultados».
La delegación también se reunió con empresarios, con sindicatos agrarios y con dirigentes de la UE en Washington,como Michelangelo Margherita, quien zanjó que tanto «los recortes en la Administración» que lleva a cabo Elon Musk como los aranceles «tienen que ver con la reforma fiscal», ya que Trump quiere «liberar» dinero para «recortes» tributarios. Y la embajadora comunitaria en el país, Jovita Neliupien, les aportó dos ideas. La primera, clara y meridiana: «A la Administración Trump no le gusta la UE». La segunda, más cualitativa: «Muchos republicanos están muy preocupados, pero tienen miedo».
Las reuniones con los representantes agrarios fueron de mucho provecho, porque pudieron pulsar que su opinión sobre esta nueva política comercial es bastante negativa. Zippy Duvall, presidente de la American Farm Bureau Federation, les dijo que Trump «quiere sacudir las cosas», pero que los productores «no saben realmente cuál es el plan a largo plazo». Y que «les preocupa la volatilidad y la inestabilidad». «A los votantes de las zonas rurales les gusta» eso de jibarizar el Gobierno federal y «drenar el pantano», añadió, pero, a la vez, «están aumentando los temores sobre cómo eso afectará a las cosas sobre el terreno», porque se han perdido «empleados esenciales» del Departamento de Agricultura (USDA).
Los agricultores estadounidenses temen que la reforma fiscal «ponga en peligro» la financiación de la nueva Ley Agraria. Y les preocupan las «nuevas políticas» de Robert F. Kennedy, secretario (ministro) de Sanidad. Kevin Natz, vicepresidente del Consejo Nacional de Cooperativas Agrícolas de EEUU, fue muy claro: «Todo está sucediendo demasiado rápido; demasiada incertidumbre no es buena para los negocios». Y Rob Larew, presidente del Sindicato Nacional de Agricultores enfatizó que «los aranceles están mal vistos por la comunidad agrícola». «Perjudican al consumidor y no benefician a nadie», resumió, como guinda discursiva del viaje.