Publicado: abril 1, 2026, 5:25 am

Cada detalle que se va conociendo sobre cómo es la toma de decisiones en el equipo de Donald Trump es más inquietante y demuestra que apenas hay alguien con un mínimo de sensatez dentro del núcleo duro.
Hace unos días conocíamos que a Trump los partes de guerra diarios se los presentaban en vídeos cortitos, de no más de 2 minutos, porque la atención del presidente de los Estados Unidos no daba para más. Cuando alguien está hablando más de ese tiempo o el texto que necesita leer requiere más tiempo, Trump pierde el interés, desconecta y se pone a otra cosa. Así que los resúmenes de cómo va esa guerra que ha decidido iniciar junto a Netanyahu, y que ha hecho saltar por los aires todo, Trump los ve como los vídeos de TikTok o de Instagram. Con un montaje rápido, secuencias que se ven de pasada y poquitos datos, no vaya a ser que no los retenga y se nos líe. Y con eso toma la siguiente decisión. Seguir bombardeando, seguir presionando, seguir jugando al gato y al ratón. Y a otra cosa mariposa. A dedicarme a lo que me interesa, a ganar dinero.
Porque en todo esto también hay gente del núcleo de Trump que está haciendo caja. Esta semana hemos conocido que el bróker de Hegseth –el secretario de Defensa de Estados Unidos, el hombre que cada día sale en rueda de prensa a contar cómo va la guerra, el hombre que más información tiene sobre este conflicto, antes incluso de que empezara– intentó una gran compra de acciones de un fondo de la industria armamentística poco antes de que empezara el ataque contra Irán. Y oigan, no pasa nada. Si a alguien esto le huele mal, circule, que esto no es de interés.
No es la primera vez ni me temo que será la última que veamos y escuchemos noticias y detalles de cómo hay gente que está jugando con información privilegiada para ganar mucho dinero, gente, casualidad, que es del entorno cercano a Trump y gente que, casualidad, logra hacer grandes operaciones minutos, horas o días antes de una decisión de calado de la nueva Administración.
Todo es tan sumamente irresponsable, tan temerario, tan caprichoso, tan desquiciante, que aterra. El mundo se mueve por los caprichos de una persona que admite en público que le gusta rodearse de gente poco brillante, que no destaque por su inteligencia, porque así él puede presumir de sus logros. Nadie parece poder o querer ponerle freno a este delirio que está llevando al mundo entero a una situación límite. Con las economías de medio mundo intentando sobrevivir a las decisiones erráticas de una persona a la que le da igual lo que pase mientras a él le vaya bien.
Su última perla: se ha cansado al parecer ya de la guerra de Irán. Para él, ya estaría. Lo de que el estrecho de Ormuz siga bloqueado ya no es su problema, que lo arreglen otros. Y esto es casi textual. Solo me queda decir, que les aproveche lo votado, señores.
