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«Postureo» de Sánchez ante las empresas con un plan vaporoso de 14.100 millones que excluye bajar impuestos

Publicado: abril 4, 2025, 4:07 am

Los dirigentes del Ibex que seguían la retransmisión de la intervención del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, podían ver el contraste entre tono y contenido. Por un lado, el líder socialista estaba en modo catástrofe – «no está en mi ánimo, maquillar la situación de las cosas. La situación es compleja, es difícil»- dirigiéndose a los ciudadanos al estilo Churchill.

Por otro, el dramatismo no tenía correlación con el contenido. Lo anunciado no era un plan de choque para evitar una recesión, sino el habitual paquete vaporoso que lanza el presidente del Gobierno cuando quiere dar la impresión de que actúa, pero que deja indiferentes a las empresas. «Ha sido postureo, no hay ayudas claras», afirma un dirigente empresarial. «Si quiere ayudar de verdad no tiene más que recortar cotizaciones sociales o bajar impuestos al menos a lo sectores más afectados por la guerra comercial, porque eso es un alivio inmediato y rotundo, pero de eso no hay nada», recalca otro.

En efecto, Sánchez fabricó un plan con «un total movilizado de 14.100 millones». Ya saben las organizaciones empresariales desde la pandemia, que cuando Sánchez utiliza el verbo «movilizar» suele significar lo contrario, inmovilismo, limitándose a ofrecer préstamos o ávales en vez de las ansiadas ayudas directas o rebajas fiscales. Y todo siempre intentando el máximo control del Gobierno de la financiación que se reparte con lo que eso supone de poder ante las empresas que quieran optar a los préstamos. Un déjà vu en una etapa en la que el presidente se encuentra débil en el Parlamento y cada vez más tentado a ganar apoyos en el poder económico como muestran los recientes 2.300 millones dedicados a que el Estado tome una participación en Telefónica, que eso sí que ha ido una inyección directa, un pago a fondos, la mayoría extranjeros, para comprar acciones de la operadora.

En contraste, el desglose del paquete de ayudas anunciado este jueves por Sánchez es una nebulosa. Para empezar, el 47% del plan, 6.700 millones, es un dinero que ya estaba a disposición, según admitió el propio presidente. El grueso de esa cifra, 5.000 millones, son fondos europeos que Sánchez anunció que va a «recanalizar» para paliar los efectos de la guerra arancelaria. Pero eso no depende de él, porque tendrá que llegar a un acuerdo con la Comisión Europea para alterar, una vez más, el Plan de Recuperación pactado con Bruselas. Además, quiere reconducir ese dinero a través en parte del Fondo de Resiliencia Autonómica, lo que le obliga a, como mínimo, informar a las comunidades autónomas.

También incluyó este paquete el llamado Plan Moves III que, como su número indica, no es nada nuevo y, al contrario, obligado para intentar fomentar las ventas de vehículos eléctricos en España mucho antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca por segunda vez.

En cuanto a lo que llamó «financiación nueva», apuntó a reforzar el llamado Fondo de Apoyo a la Inversión Industrial Productiva con «200 millones de euros para dar préstamos y participación en capital para modernizar o instalar nuevas plantas productivas». Entrar en el capital de empresas siempre suena sospechoso, pero con 200 millones no da ni para un 1% de Telefónica, por ejemplo. El resto son principalmente préstamos del Instituto de Crédito Oficial (6.000 millones) o seguros de crédito de Cesce (2.000 millones) que son herramientas ya existentes, así como el mecanismo Red, para posibles ERTE que puedan surgir en caso de pérdidas de actividad por los aranceles de EEUU.

Lo más próximo a ayuda directa que mencionó Sánchez es una petición que hizo a la Comisión Europea para que la financie Bruselas. La «creación de un fondo europeo de apoyo a los sectores afectados, financiado con la recaudación obtenida por los aranceles impuestos en concepto de reequilibrio».

Es mucho menos dinero real todo esto que el esfuerzo presupuestario que tendrá que hacer España para elevar el gasto militar, pero el contraste de transparencia es notable. Aquí sí da cifras el presidente e incluso se compromete a que el ministro Carlos Cuerpo informe con frecuencia al Parlamento, pese a que, al tratarse de préstamos, no haría falta. «Nadie vamos a ser inmunes», dijo Sánchez. Eso sí que nunca es vaporoso en esta insólita guerra comercial que ha comenzado con un show -no sólo en la Casa Blanca- y que hace daño sólo con el mero anuncio.

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