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Ormuz mantiene en vilo a la economía mundial y cobrará un peaje de 1 millón por barco

Publicado: abril 11, 2026, 12:08 pm

El mercado puede reaccionar a titulares, pero el petróleo no. El crudo responde a una realidad mucho más simple: si los barcos pasan o no pasan por el estrecho de Ormuz. Y, a día de hoy, esa respuesta sigue siendo incierta.

Pese al anuncio de un alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, la información sobre el estado real del estrecho continúa siendo contradictoria. Mientras desde Washington se insiste en que el paso se mantiene abierto, distintas fuentes apuntan a restricciones, tráfico muy limitado y un entorno todavía demasiado inseguro para que las navieras retomen la actividad con normalidad. Apenas unos pocos buques han logrado cruzar y el flujo está muy lejos de los niveles habituales.

Un atasco con alto precio

Mientras tanto, la curva de futuros del petróleo sigue reflejando tensión en el corto plazo, con precios más altos en los contratos inmediatos que en los de largo plazo, una señal típica de escasez o dificultades de suministro. Es decir, el mercado no está comprando una vuelta rápida a la normalidad en Ormuz, sino todo lo contrario.

Cuando el mercado entra en este tipo de estructura, conocida como backwardation, lo que está diciendo es que el barril disponible hoy vale más que el de mañana, algo que solo ocurre cuando hay dudas reales sobre el suministro inmediato. Además, incentiva a los operadores a liberar inventarios en lugar de almacenarlos, lo que puede aliviar tensiones a corto plazo, pero deja al sistema con menos colchón si se produce una nueva interrupción.

A su vez, los diferenciales entre distintos tipos de crudo también están reflejando esa presión. Las calidades más vinculadas a Oriente Medio, clave para diésel, están registrando mayores tensiones que otros barriles, lo que apunta a un problema específico de esa región más que a un desequilibrio global generalizado.

De esta forma, el mercado puede descontar una tregua, pero no puede ignorar un cuello de botella operativo. Y Ormuz sigue siéndolo. Además, hay un elemento adicional que complica aún más el escenario y que va más allá de la simple reapertura. Ormuz no solo puede estar abierto o cerrado: puede estar controlado. Y ese control tiene un precio.

Ormuz deja de ser gratis

Irán ha dejado entrever la posibilidad de imponer peajes a los petroleros que atraviesen el estrecho, con tarifas que, según distintas estimaciones, podrían rondar el dólar por barril. Traducido a un buque medio, esto supone pagos de más de un millón de dólares por travesía. Una fuente de ingresos extraordinaria para el régimen, pero también un cambio profundo en el funcionamiento del mercado energético global.

Más allá de la cifra, lo relevante es el mecanismo. El paso por Ormuz dejaría de ser una vía marítima neutral para convertirse en un corredor condicionado, con rutas controladas, posibles verificaciones de carga y mayores exigencias de seguridad.

Eso cambia la lógica del mercado. Los petroleros no solo tendrían que evaluar riesgos geopolíticos, sino también costes directos por cruzar, posibles inspecciones, validaciones de ruta o limitaciones de acceso. En términos prácticos, el transporte se vuelve más lento y menos eficiente con menos rotación de buques, más tiempo de espera y mayor incertidumbre en los plazos de entrega.

Pero hay más. Irán ha planteado que estas tasas no se liquiden en dólares, sino en monedas alternativas o incluso en criptomonedas estables, lo que en la práctica limita más la oferta. El mero planteamiento apunta a un intento de erosionar el circuito tradicional del petrodólar en uno de los puntos más sensibles del mercado.

Toda esa incertidumbre de fondo es la que explica que el petróleo siga comportándose como una goma, con subidas y bajadas abruptas según cambian los titulares. Los precios han llegado a caer con fuerza tras la tregua, en uno de los mayores descensos diarios en años, pero siguen cercanos a los 100 dólares, por encima de los niveles previos a la guerra. El WTI (West Texas Intermediate) se mantiene más de un 40% por encima de esos niveles y el Brent cerca de un 30%.

Además, el ajuste no es inmediato e incluso en un escenario de distensión, los tiempos del mercado físico son largos. El transporte desde Oriente Medio hasta Asia puede tardar alrededor de 30 días por trayecto, a lo que se suma el tiempo necesario para reequilibrar inventarios.

Las previsiones apuntan en esa dirección. La Agencia de Energía de Estados Unidos (EIA) sitúa el retorno a niveles precrisis a finales de 2027, incluso bajo supuestos relativamente favorables. Otras estimaciones contemplan escenarios de precios más elevados si la reapertura se retrasa o si se consolidan restricciones en la región.

En ese contexto, la evolución del petróleo dependerá menos de los anuncios políticos y más de la realidad operativa en Ormuz. No tanto de si hay tregua, sino de cómo, y en qué condiciones, se restablece el flujo marítimo.

Con este trasfondo, el mercado no solo tendría que absorber interrupciones puntuales, sino adaptarse a un sistema más caro y más incierto.

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