Publicado: abril 9, 2026, 12:08 pm

El turismo español ha arrancado 2026 con una combinación tan favorable como inestable. Los hoteleros han superado con buena nota el primer gran test de la temporada, la Semana Santa, con una fuerte demanda internacional que, a corto plazo, se está viendo impulsada por el trasvase de viajeros desde destinos afectados por la inseguridad en Oriente Medio hacia países percibidos como más seguros y cercanos como España, lo que el sector denomina ‘efecto refugio’. Todo ello, sin embargo, en un entorno cada vez más condicionado por la guerra, el encarecimiento de los costes y una elevada volatilidad en las reservas que empieza a generar inquietud en la industria.
El cambio de escenario internacional tras el estallido del conflicto ha traído consigo la pérdida de atractivo de destinos del Mediterráneo oriental -que en 2025 concentraron más de 180 millones de turistas- y está provocando un desvío de la demanda hacia países del sur de Europa, especialmente en el segmento vacacional y familiar. A juicio de la patronal, España, por su percepción de seguridad, proximidad y capacidad de oferta, se sitúa entre los principales beneficiarios de este trasvase, que comenzará a notarse con mayor intensidad a partir de mayo y, sobre todo, en la temporada de verano.
En este contexto, el último informe de Exceltur constata que el primer trimestre del año se ha saldado en positivo, con un crecimiento del PIB turístico del 2,1% y un aumento de las ventas empresariales del 4%, en línea con una demanda que se mantiene fuerte aunque más prudente. «Ha sido un inicio de año muy positivo, en especial del lado extranjero», ha valorado el vicepresidente ejecutivo de la alianza turística, Óscar Perelli, quien ha ampliado que estos resultados se han producido en un contexto de enorme complejidad operativa.
Urge más inversiones en alta velocidad
El arranque del año ha estado marcado, además, por una sucesión de incidencias que han tensionado la actividad. Al impacto del tren de borrascas, que obligó a cancelar y reubicar viajeros, se sumaron los problemas de conectividad derivados del accidente ferroviario de Adamuz y los retrasos persistentes en la alta velocidad, especialmente en corredores clave como Andalucía. Según refleja el informe, la interrupción de este servicio tuvo un impacto directo en la demanda nacional, con caídas de pernoctaciones hoteleras de hasta el 22,7% en Córdoba y del 14,9% en Sevilla en los primeros meses del año, al limitarse las alternativas de transporte. Con estos datos sobre la mesa, Perelli ha puesto de manifiesto la «urgencia de reforzar las inversiones en alta velocidad por el impacto que tiene sobre los viajeros y la imagen de España», en un momento en el que el sector podría beneficiarse de un aumento de la demanda internacional.
Este escenario ha tensionado la operativa de las empresas en un momento en el que los costes se han disparado con fuerza. El encarecimiento de la energía y del transporte ha superado el crecimiento de los ingresos, provocando una contracción de los márgenes, particularmente acusada en las compañías de transporte. Aun así, el informe refleja que el sector mantiene un buen comportamiento en términos de empleo, con más de 56.000 nuevos afiliados en marzo, una tasa de temporalidad en mínimos históricos del 7,5% y una mejora salarial por encima de la media nacional.
Las agencias, en la otra cara de la moneda
Sin embargo, ese impulso de la demanda convive con riesgos crecientes. El encarecimiento de los costes energéticos y del transporte, unido a la incertidumbre económica, está afectando a la renta disponible de familias y empresas, lo que puede traducirse en un retraimiento del consumo turístico. Exceltur estima que estos factores podrían restar hasta 1,9 puntos al PIB turístico, prácticamente neutralizando el efecto positivo del desvío de demanda. De hecho, algunos de estos efectos ya empiezan a ser visibles en el comportamiento de las agencias de viajes, que detectan una contracción de reservas, especialmente en el mercado emisor español.
La principal característica del momento actual es, en todo caso, la volatilidad. «El nivel de incertidumbre sobre las reservas y el comportamiento de los turistas es muy complejo de aproximar», ha reconocido Perelli, insistiendo en que los destinos españoles están sometidos a dinámicas opuestas. Aunque el corto plazo puede verse favorecido por el trasvase de viajeros desde zonas en conflicto, el sector es consciente de que la guerra introduce una importante carga de inestabilidad.
«La guerra es el peor enemigo del turismo», ha recordado el especialista, alertando de que un escenario prolongado podría deteriorar rápidamente las perspectivas. Pese a ello, y bajo la hipótesis de que el conflicto tenga una duración limitada, Exceltur ha revisado ligeramente al alza sus previsiones y sitúa el crecimiento del PIB turístico en el 2,5% en 2026, por encima de lo estimado a comienzos de año y también del avance previsto para el conjunto de la economía española. De cumplirse este escenario, el turismo aportaría cerca del 16% del crecimiento total del país.
