Publicado: abril 2, 2025, 2:07 am

La España de Sánchez, tan distinta de la propaganda que la decora, inquieta en Bruselas. El mensaje que la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, trasladó en su entrevista a EL MUNDO fue claro, rotundo y -en deferencia a la vicepresidenta Montero– muy sencillo de entender: el Gobierno español no puede seguir evadiéndose de su obligación de aumentar el gasto militar, como mínimo, hasta el 2% del PIB, pues debe colaborar solidariamente con la defensa colectiva ante la amenaza rusa y el nuevo aislacionismo norteamericano.
De apariencia menuda, pop y delicada, pero con una inteligente determinación báltica que la ha convertido en una gran líder europea, la estonia Kallas colocó en su conversación con Carlos Segovia otro mensaje de gran importancia estratégica para la UE en la reconfiguración que Trump está provocando en el orden mundial: «A nuestros adversarios les interesa dividirnos, somos fuertes unidos».
Una manera muy diplomática de señalar la incomodidad que crece en Bruselas respecto a la relación bilateral que Sánchez está construyendo con el régimen comunista chino, incluso abriendo grietas en la posición común en sectores estratégicos como el automóvil. Para Alemania y Francia fue una traición el viaje que Sánchez realizó a China en septiembre, en plena pugna por los aranceles del coche eléctrico, para salirse del guion de Bruselas y hacer un llamamiento a entender la postura de Pekín y buscar soluciones «beneficiosas para todos».
Con una opacidad emparentada a la que gasta con Marruecos y Venezuela -y aprovechando que la hostilidad de Trump hacia Europa despeja el terreno al corruptor soft power chino-, Sánchez está convirtiendo a España en una de las puertas de entrada a Europa de esta tiranía asiática, ante la habitual inanidad de la oposición de PP y Vox.
Por el momento, ya ha entregado las Canarias a Xi Jinping, quien, desde 2016, ha visitado el archipiélago en tres ocasiones con la discreción del turista accidental, para que sea la base estratégica de China en su expansión en el Atlántico y África.
En esta política española respecto a Pekín, en un momento en el que Europa ha asumido que la injerencia china mediante empresas en infraestructuras críticas del continente es una amenaza potencialmente tan grave como la rusa, aparece como guía Zapatero.
Ministro de Asuntos Exteriores Inconfesables, encabeza el consejo asesor de Gate Center, think tank presidido por un empresario cercano a Sánchez y cuya misión es promover «el intercambio» entre China y España, para lo que ha recurrido a la ayuda puntual de los ex ministros Moratinos y Sebastián. Otro socialista que ha colaborado en ampliar los tentáculos del autoritarismo chino en Europa ha sido José Blanco, cuya agencia de lobby Acento trabajaba para Huawei cuando la policía belga abrió una investigación a la empresa china por soborno a europarlamentarios.
Independientemente del hedor a corrupción que desprende el capitalismo de Estado chino, y de la cuestión moral que plantea colaborar con una dictadura criminal, la decisión de Sánchez de construir una relación de vasallaje bilateral con Pekín es peligrosa para España y profundamente desleal con el proyecto de la UE. Al debilitarla por intereses poco claros -¿qué ganamos con ello?- y favorecer el regreso a un escenario internacional de Estados-nación, de relaciones bilaterales en las que impere la ley del más rico o militarmente más fuerte. Propósito que ahora mismo une a China, Rusia y EEUU, y en el que Sánchez es uno de sus colaboradores más útiles.