La educación que no funciona: "Hay alumnos con 12 años que ni saben escribir su nombre" - España
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La educación que no funciona: «Hay alumnos con 12 años que ni saben escribir su nombre»

Publicado: agosto 30, 2025, 6:07 am

Mariela Pica, española nacida en Argentina residente desde hace 18 años en Barcelona, cambió a sus tres hijos de colegio el año pasado porque veía que los niños hacían muy poca cosa en clase. Los había matriculado muy ilusionada en un centro público sin libros de texto ni cuadernos, sin deberes obligatorios ni pelota en los recreos. Una escuela donde el comedor había sido rebautizado como «espacio mediodía», la asignatura de Educación Física se llamaba «Cuerpo y Movimiento» y la expresión «padres» había sido sustituida por «familias».

«Yo soy un poco jipi, atea y anarquista. Pensaba que este colegio era guay, pero resultó ser una escuela de cara a las redes sociales. La realidad era que mi hijo mayor no aprendía como es debido. Con ocho años leía con mucha dificultad, escribía números al revés y no sabía restar. Nunca le corregían por miedo al trauma: para evitar señalar sus faltas ortográficas, nos decían que tenía una ‘ortografía natural’», relata esta licenciada en Relaciones Laborales que, en cuanto cambió a sus hijos a un centro religioso «tradicional» -con fichas y libros de texto-, comenzó a ver que los críos se ponían las pilas.

«En el anterior colegio no incidían en las tablas de multiplicar por esa idea de que para eso está la calculadora. Yo no digo que estén todo el día con la disciplina y el trabajo a cuestas, pero al final se necesita el cálculo para la vida diaria. No todo tiene que ser divertido ni fácil ni inmediato. Bajar el listón no beneficia a nadie. Avanzar en el conocimiento y conseguir algo que ha costado esfuerzo es lo que más placer da», defiende esta madre que ha escrito una carta a la Generalitat manifestando que se ha sentido «timada por el sistema y por la escuela» y reclamando que se modifique el modelo educativo que desde hace una década impera en Cataluña y que la Lomloe de 2020 ha dado carta de naturaleza.

Mariela Pica, con su bici, en un parque de Barcelona.

Mariela Pica, con su bici, en un parque de Barcelona.Gorka Loinaz / Araba Press

Mariela Pica lo ha hablado con otras madres y todas coinciden: sus hijos no están aprendiendo y, además, se ven obligadas a «usar los fines de semana para enseñar las cosas que deberían impartirse en la escuela». «El descontento entre las familias es generalizado, nuestros hijos no aprenden, no entienden lo que leen y ha bajado el nivel», lamenta.

Que el sistema educativo no funciona bien lo ponen de manifiesto las últimas pruebas PISA, donde los alumnos españoles de 15 años han logrado los peores resultados de la historia en Matemáticas y Ciencias. Estos críos son menos competentes que los adolescentes de la década anterior: llevan un retraso académico del equivalente a medio curso escolar. Igualmente mediocres son los resultados de los alumnos de 10 años en la prueba PIRLS de Lectura y en la TIMSS de Matemáticas, donde Cataluña queda especialmente mal, pues ha caído hasta situarse a la altura de Canarias, muy por debajo de lo que le corresponde por su nivel socioeconómico.

Los resultados de Cataluña en sus propias pruebas autonómicas también muestran que el nivel en Matemáticas de los niños de 12 años es el más bajo desde que hay registros. Tanto es así que la Generalitat ha pedido ayuda a la OCDE, a la que va a pagar 1,5 millones de euros para mejorar su sistema educativo. Hasta la Fundación Bofill, abanderada de los modelos pedagógicos «innovadores» como el de la escuela de la que huyó Mariela Pica, ha reconocido que «hay una falla sistémica de los resultados de aprendizaje», dando a entender que se trata de un problema estructural que afecta a todo el sistema, desde los primeros años hasta la Selectividad, donde las notas excelentes se han reducido este año a casi la mitad.

Familias y profesores denuncian que Cataluña, pionera de la Lomloe y la región más partidaria de abrazar las nuevas pedagogías y llenar de pantallas las aulas, está sumida en «una crisis educativa sin precedentes» que también se está manifestando en otras regiones, como el País Vasco, donde los malos resultados han hecho disparar las primeras alarmas.

¿Qué está ocurriendo?

«En Cataluña cada vez hay más horas para asignaturas optativas y menos para troncales como Matemáticas y Lengua. Las materias se fusionan y se trabaja por ámbitos, donde se juntan, por ejemplo, Inglés y Catalán, algo que es un cacao para el alumnado. Y luego tienen que elaborar un supuesto proyecto de investigación científica, pero no tienen los conocimientos previos para hacerlo», enumera Susana Roch, profesora de Lengua Catalana en un instituto público de la provincia de Girona.

Susana Roch, profesora en un instituto de la provincia de Girona.

Susana Roch, profesora en un instituto de la provincia de Girona.E. M.

Cataluña, entusiasta del llamado «modelo competencial» que impulsa la Lomloe, lo ha llevado al extremo «priorizando las actitudes frente al aprendizaje de conocimientos», dice. Eso ha tenido como consecuencia que «los alumnos saben perfectamente que ser ecologista, según los parámetros actuales, es llevar un coche eléctrico, pero no entienden lo que es una batería».

El sistema de evaluación, en su opinión, es «más subjetivo» ahora y «parece un proyecto de ingeniería social» porque «el estudiante sube la nota si entiende el feminismo como se supone que tiene que entenderse». Al mismo tiempo, «hay tanta burocracia para justificar cada mala calificación que es muy difícil suspender».

El plan para que cada alumno tenga su propio ordenador portátil, que al principio parecía una buena idea porque durante el Covid sirvió, no ha hecho sino empeorar la situación, apunta la profesora, porque «estas herramientas funcionan bien, por ejemplo, para recrear una célula en tres dimensiones, pero distraen y hacen que los estudiantes desconecten».

«Además, existe un grave problema de comprensión lectora, muchos alumnos no entienden lo que leen. Me llegan estudiantes que en 1º de la ESO son analfabetos y, a sus 12 años, no saben escribir su propio nombre. Me he encontrado con críos en Bachillerato que no sabían reconocer los verbos o que no entendían lo que significaban las palabras prosa o proletariado. Les ofrecen Biología en inglés o clases para aprender a aprender con pensamiento crítico, pero no se les da un curso intensivo de lectoescritura que pueda compensar estos déficits», añade. Sostiene que la Lomloe, con su laxitud al dejar pasar de curso y graduarse con suspensos, «no ayuda a que el alumno se responsabilice».

«Las familias delegan en las pantallas»

La mayoría de estos cambios no se circunscriben sólo a Cataluña. Es un problema educativo nacional que, además, es síntoma de un fenómeno mayor. La escuela no cumple su función ante la inacción de los políticos -la ministra de Educación, Pilar Alegría, está desaparecida en los asuntos de su área, mientras que las CCAA del PP han fracasado este curso en su intento de implantar una Selectividad común- y unos padres que no están a lo que tienen que estar.

«Las familias están desbordadas porque no tienen condiciones laborales ni tiempo para poder educar bien a sus hijos y delegan sus funciones en las pantallas y en la escuela, que cada vez tiene una tarea más asistencial, con profesores que hacen de psicólogos, de monitores de tiempo libre o de coaches. No es popular reclamar exigencia y los padres no corrigen a sus hijos por la idea mal entendida de que no hay que forzarles. Cada vez veo a más niños que no dicen ‘hola’ y a sus padres no se les ocurre decirles: ‘¡Oye, saluda!’. Ponemos mucho el foco en cómo se sienten, pero no en sus responsabilidades», describe Roch.

En este contexto, tanto en la escuela como en los hogares «se elude aplicar con claridad y consistencia las normas, se toleran comportamientos inaceptables y se generaliza que los actos no tengan consecuencias».

«Universitarios que no toman apuntes»

La tendencia se observa con los niños en los colegios, pero se ha extendido a los adolescentes de los institutos y de ahí a los jóvenes adultos en la universidad, como prueba ese hilo en X que se viralizó en junio en el que Manuel Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, denunciaba una «apatía general» por parte de buena parte de sus estudiantes: «Acaba el curso y las sensaciones son muy malas, en muy poco tiempo hemos visto (lo acabamos de comentar en el grupo de profes de la asignatura) una caída en picado de la actitud del alumno medio».

Este docente contaba que el 40% de los alumnos no va a clase y, de los que van, «muchos no toman apuntes». «En el examen no comprenden algunas palabras o te hacen preguntas que, literalmente, me sorprenderían de niños de 10 años», señalaba.

Su relato coincide con lo que ha ocurrido este año en la Selectividad de Madrid, donde la caída en picado en los resultados del examen de Matemáticas para los alumnos del Bachillerato de Ciencias Sociales no tuvo que ver con que la prueba fuera más difícil, sino con que «el enunciado era más largo de lo habitual y muchos no lo entendieron», según una de las responsables de este examen.

El pedagogo David Reyero y el filósofo Alberto Sánchez-Rojo, las voces principales de La educación en la era digital (Encuentro), corroboran la existencia de ese «problema de comprensión lectora» y apuntan también a «un cambio estructural en Magisterio tanto en los planes de estudios, donde hay una psicologización de la educación, como en la naturaleza de la propia escuela, que ha adquirido en los últimos tiempos una finalidad de cuidado y socialización, restando valor a la transmisión del conocimiento». Coinciden con la pedagoga Tania Alonso, compañera de ambos en el Departamento de Estudios Educativos de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense, en que «hay que conseguir que los alumnos lean más y aprendan más».

«Se ha cambiado el objetivo educativo del florecimiento intelectual por el del bienestar emocional», advierten, en un momento en que «los adultos quieren evitarles a sus hijos el sufrimiento a toda costa». «Uno se siente bien cuando hace algo que le saca de sí mismo. La escuela, en este sentido, sitúa a los estudiantes frente al mundo, obligándoles a dejar de mirarse el ombligo», reflexiona Reyero. «La escuela es ese lugar donde surge la oportunidad de aprender cosas que fuera de ella no se van a poder aprender», añade Sánchez-Rojo.

Los tres señalan un cambio en el perfil de los maestros, ex alumnos de la Logse a los que, en general, «no les gusta leer» aunque la mayoría proceda del Bachillerato de letras. Tampoco les gustan las Matemáticas, según un estudio de la Complutense que revela que estos jóvenes entran a Magisterio con notas bastante bajas. «Educación es una carrera comodín, para gente que no sabe muy bien qué hacer o que no ha entrado en lo que quería. Algunos no tienen amor por el conocimiento y, como durante la carrera se les insiste en que lo importante es saber cómo dar clase y no conocer bien la disciplina, terminan ejerciendo una función más ligada al cuidado».

Cada vez más alumnos se quedan atrás

Los resultados son peores que hace una década, según refleja PISA, que también muestra que el empeoramiento se ha producido en casi todos los países de la OCDE menos en los asiáticos, que han mejorado a base de trabajar duro y esforzarse. Singapur destaca porque tiene casi un 40% de alumnos brillantes en Matemáticas frente a un 8% de estudiantes mediocres. Cifras parecidas se ven en Japón,Corea del Sur o Estonia. En España es justo al revés: cada vez tenemos menos estudiantes sobresalientes (6%) y cada vez hay una mayor proporción de alumnos que se quedan atrás (27%, en la última edición).

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