La dicotomía de Sánchez ante el 'bing bang' de Trump: amenaza su euforia económica, pero le refuerza contra la "internacional ultraderechista" - España
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La dicotomía de Sánchez ante el 'bing bang' de Trump: amenaza su euforia económica, pero le refuerza contra la «internacional ultraderechista»

FOTODELDÍA MADRID, 03/04/2025.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una comparecencia ante la prensa este jueves para presentar el plan de contingencia del Ejecutivo ante los aranceles anunciados por Donald Trump. en el Palacio de la Moncloa. EFE/ J.J. Guillén

Publicado: abril 5, 2025, 4:07 pm

Como si fuera premonitorio, el sol que tanto se ansiaba en España ha vuelto a dejar paso a la lluvia. Días de chaparrón, y no sólo meteorológico. También comercial. En La Moncloa llevaban tiempo con el paraguas en la mana, preparado para abrirlo: manejaban distintos escenarios sobre las medidas que iba a implementar Donald Trump. Desde hace un mes, y más intensamente en las dos últimas semanas, se trabajó un plan de respuesta. Idearon hasta una campaña publicitaria -«Compra lo tuyo, defiende lo nuestro»-. La guerra arancelaria decretada por EEUU se ajusta a lo esperado -manejaban información válida a través de la diplomacia-, «lo que no quiere decir que sea malo». Pedro Sánchez pone sobre la mesa un plan que cifra en 14.100 millones, reviviendo los ertes y reciclando 6.700 millones de instrumentos financieros ya existentes.

El análisis que hacen en el Gobierno es que la guerra arancelaria desatada por Trump no golpeará de manera contundente a España, pero que sí lo hará en los sectores que tienen gran dependencia de esas ventas a EEUU -bienes de equipo, semimanufacturas, aceites y grasas, entre otros-. Esto es, que el país se tambaleará, pero seguirá caminando, pero la sangría puede producirse en parcelas del tejido productivo. Argumentan esta foto en que en 2024, según datos oficiales, las ventas de España a EEUU solo representan el 5%, de nuestras exportaciones totales, y en términos de PIB es un 1,3%.

Ahora bien, esta guerra arancelaria tendrá impacto, como asumen en el Ejecutivo, y zarandeará la euforia económica que impregna el relato de La Moncloa. Es verdad que la OCDE revisó recientemente al alza sus previsiones para España al 2,6 % en 2025 y al 2,1 % en 2026, presentándola como la economía avanzada que más crecerá y la que menos sufrirá por la guerra arancelaria. O que en marzo se marcó un nuevo récord de empleo con 21.357.646 trabajadores. Pero también lo es que la incertidumbre generada por Trump hace imposible saber cuál será el impacto real.

«Tenemos una economía robusta, una economía dinámica, una economía abierta que crece cuatro veces más que la media europea, que atrae empresas, inversión extranjera como nunca, que registra los mejores datos de empleo de los últimos 17 años, con paz social», fue la radiografía que expuso Sánchez. Porque la esperanza del Gobierno es que la buena marcha de la macroeconomía permita aguantar este temporal arancelario.

«No puedo ni pretendo maquillar la situación de las cosas. La situación es compleja, es difícil. La guerra comercial abierta por el presidente Trump es una pésima noticia para el mundo. Lo es también para Estados Unidos y, por supuesto, también lo es para Europa y, en consecuencia, también para España», reconoció Sánchez en La Moncloa, donde departió con representantes del sector de la agricultura, acero, agua, automóvil o la construcción, entre otros.

Pedro Sánchez presenta en plan contra los aranceles de Trump.

Pedro Sánchez presenta en plan contra los aranceles de Trump.J.J. GUILLÉN.EFE

Sánchez quiso exhibir acción, iniciativa, en un contexto geopolítico de parálisis a la espera de estudiar los efectos que tienen los aranceles y la posibilidad de abrir negociaciones con EEUU.

Precisamente para evitar un freno a la economía y que esté en riesgo el discurso triunfalista en términos económicos, el Gobierno lanza medidas, anticipándose a Europa, buscando que sean de rápida implementación. De ahí la apuesta por revivir los ertes, como durante la pandemia, ahora llamado mecanismo RED, para evitar despidos y mantener las plantillas intactas hasta que la empresa recupere su actividad.

O apostar por una liquidez rápida para los afectados mediante dos líneas de avales y financiación intermediada del ICO, dotadas con 6.000 millones o impulsar un Fondo de Apoyo a la Inversión Industrial Productiva, dotado de 200 millones, para dar préstamos y participación en capital para modernizar o instalar nuevas plantas productivas. El objetivo es «satisfacer sus necesidades de circulante» y que no empiecen a surgir agujeros en el tejido productivo.

De momento desde Unesid, la Unión de Empresas Siderúrgicas, alertan de que pueden verse afectados directamente más de 60.000 trabajadores directos del sector. Desde la Federación Española del Vino advierten de que están en riesgo 400 millones de exportaciones de vino español.

«Nadie, tampoco España, vamos a ser inmunes a estos impactos. Pero esto no significa que vayamos a dejar de crecer, ni tampoco avanzar, ni mucho menos», es el mensaje optimista que lanza Sánchez. Busca el rayo de sol entre las nubes.

Pedro Sánchez conversa con Yolanda Díaz.

Pedro Sánchez conversa con Yolanda Díaz.J.J. GUILLÉN.EFE

A su vez, esta situación económica le sirve para reafirmar su posición ideológica y económica frente a los postulados de la derecha, sobre todo la ultraderecha. «Los agoreros llevan años profetizando el fin de nuestra prosperidad, minusvalorando la capacidad de resiliencia de la economía española, del empresariado y de los trabajadores españoles, diciendo que la recesión, que la escasez estaban a la vuelta de la esquina. Se equivocaron entonces y se van a volver a equivocar ahora», dijo en alusión velada al PP. No fue la única. «Hubo una época en la que el Gobierno fue indolente ante las crisis. Una época marcada por dogmas neoliberales del sálvese quien pueda».

Esta crisis le permite a Sánchez acentuar su perfil político e internacional como contraposición a lo que denomina «internacional ultraderechista», donde enmarca a Trump -al que ayer sí nombró-, Milei, Meloni o Abascal. Censuró a los que quieren el «proteccionismo del siglo XIX» y advirtió de aquellas «personalidades que creen que la vida es una batalla sin cuartel en la que las ganancias de unos significan las pérdidas de otro». Mostró su oposición a los que «nos dicen que luchar contra el cambio climático frena el crecimiento económico» o que «la llegada de migrantes es mala para el interés general».

De hecho, el Gobierno, en la persona del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, será el encargado de reunirse con todos los grupos parlamentarios para explicarles el plan y buscar su apoyo -empezó el jueves con el PP, este viernes se reunirá con Sumar y PNV-, pero no lo hará con Vox. «Es más necesario que nunca un cordón», señalan fuentes gubernamentales.

La guerra comercial de Trump no sólo ofrece a Sánchez la posibilidad de presentarse como némesis, sobre todo en un escenario de declive de la socialdemocracia en Europa, sino que avala su tesis de abrir mercados y mirar, por ejemplo a China, pese a los recelos que despierta en la UE el gigante asiático. «Europa debe ampliar y diversificar sus vínculos comerciales con el resto del mundo siguiendo el principio de la autonomía estratégica abierta. Precisamente Sánchez viaja a China la próxima semana.

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