Publicado: febrero 28, 2025, 1:07 am
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Ayer fue una pésima jornada judicial para José Luis Ábalos. En 40 minutos de declaración como testigo en el Supremo, Jéssica R., pareja durante un año del ex dirigente socialista, ratificó los indicios de delito que le mantienen imputado en el Alto Tribunal. En particular, que le proporcionó un piso de lujo y que encargó su contratación por parte de dos empresas públicas.
La declaración de Jéssica R. supone reforzar las imputaciones por unos hechos que podrían suponer delitos de tráfico de influencias, malversación (los contratos) y cohecho (el piso). A ellos se sumarían otros dos presuntos cohechos no relacionados con la testigo -el chalé en Cádiz y el piso en la Castellana– y, para envolverlo todo, una pertenencia a una organización criminal con la categoría de dirigente que elevaría aún más las penas de prisión.
Tras explicar al magistrado Leopoldo Puente que intimó con Ábalos en octubre de 2018 y fueron pareja hasta noviembre del año siguiente, la testigo dio por seguro que fue él quien le proporcionó un piso de lujo en la Torre de Madrid durante tres años. Eran 2.700 euros mensuales que ella nunca abonó.
Insistió en que, aunque muchas gestiones durante su relación la realizara su principal asesor, Koldo García, siempre era Ábalos quien estaba detrás. En el alquiler y en todo. «Si me regalaban unas flores, aunque las trajese Koldo, eran de Ábalos», dijo, según fuentes conocedoras de la declaración.
Relató que cuando inició su relación sentimental con el ministro, este le dijo que no podía seguir compartiendo piso y le propuso que buscara uno. «¿Usted asumió que, como había sido su iniciativa, él pagaría?», le preguntó el juez instructor. «Sí, como todo lo que yo tenía», afirmó la testigo.
«Me dijo que cogiera un piso que me gustara y elegí ese porque estaba cerca de Ferraz y de mi universidad. Yo le dije a él que pisos me gustaban y luego el Sr. Koldo fue el que se puso en contacto conmigo», prosiguió ante el juez.
La declaración de la testigo choca con la versión de Ábalos y su asesor, según la cual fue Koldo García el que se apiadó de ella cuando se quedó sin casa. Le ofreció una de un empresario que empleaba ocasionalmente para trabajo y estaba libre. Ayer Jéssica R. dijo que nunca se empleó para otra cosa que para disfrutarla ella como vivienda.
Según los investigadores del caso Koldo y Anticorrupción, el pago del piso formaba parte de la contraprestación de empresarios al ministro por los negocios que les facilitaba. Quien pagó fue el empresario investigado Alberto Escolano, socio de Víctor de Aldama. En total, desembolsó 82.298 euros para alojar a la pareja del ministro. Escolano fue uno de los detenidos en el caso Hidrocarburos, en el que también está implicado Aldama.
Las preguntas del instructor, abordaron también su puesto de trabajo en dos empresas públicas: Ineco y Tragsatec. Los investigadores ya habían documentado su contratación, pero la testigo aportó una novedad: en realidad nunca trabajó.
La testigo vinculó a Ábalos con su contratación. El ministro le dijo que sería bueno que trabajara mientras estudiaba y ella le entregó su currículo. Algo después le dijeron que lo enviase a una web y al poco estaba contratada en Ineco. Al preguntas del juez, la testigo dio por sentado que fue Ábalos quien cuadró todo: «Me imagino que por encargo del Sr. Ábalos sí, porque yo no había echado el curriculum vitae en ningún sitio».
El contrato lo gestionó Joseba García, hermano del asesor del ministro. Cobraba el salario mínimo, algo más de 1.000 euros. Eso sí, por no hacer nada, porque nunca fue a trabajar. Joseba, su jefe, le había dicho, según relató la testigo, que la llamaría cuando la necesitase y «nunca» la necesitó. Sólo se le entregó un ordenador e hizo un curso de prevención de riesgos.
A los dos años el contrato y la posibilidad de renovarlo concluyó. Ya no era pareja de Ábalos, pero se lo hizo saber en un mensaje. A los pocos días estaba contratada en Tragsatec. La testigo insistió ayer en que el aviso a Ábalos del fin del trabajo en Ineco no buscaba que le proporcionara otro. Las preguntas del fiscal jefe de Anticorrupción, Alejandro Luzón, reflejaban que la única explicación racional era que sí tenía ese objetivo.
Cuando en respuesta al fiscal jefe ella afirmó que no tenía «interés» en ese trabajo, el juez intervino: «No tenía interés en el trabajo, pero en cobrar si tendría interés…».
Una última parte del interrogatorio se centró en sus viajes con el ministro. La testigo dijo que se desplazaban «todos los meses» y que en total habrían sido entre 15 y 20 viajes con el ministro, nacionales y extranjeros (Abu Dhabi, Rusia, Canadá…). Ella nunca pagaba nada. Lo hacía José Luis Ábalos y, en ocasiones, Koldo García. En estos casos el ministro reintegraba las cantidades al asesor. Aunque se le ha preguntado por los desplazamientos con el ministro, los investigadores no ven claro que de ello pueda desprenderse ningún delito, porque no se ha refutado hasta ahora que el dinero empleado fuera realmente de Ábalos.
Jéssica R. estaba citada ayer a las 10 horas. Llegó al Tribunal Supremo visiblemente afectada y ocultando su rostro con el abrigo, un chal, unas gafas de sol grandes y una probable peluca. Entró con aspecto compungido y se emocionó en diversos momentos de su declaración, como cuando dijo que al cumplir un año de relación se percató de que el ex ministro no tenía intención de divorciarse. El tribunal autorizó a la testigo a abandonar la sede judicial por una discreta puerta lateral que le permitió eludir un nuevo paso ante las cámaras.