Publicado: agosto 2, 2026, 8:07 pm

El fútbol femenino marroquí está de luto. La joven jugadora Faten Ben Amar El Azizi murió cuando intentaba alcanzar a nado la costa de Ceuta, ha lamentado este sábado su club, el Maghreb Atlético Tetuán (MAT). Es una de las 67 víctimas mortales que, según las autoridades españolas, ha dejado la crisis sin precedentes que lanzó a unas 60.000 personas a cruzar la frontera entre Marruecos y España.
El sueño de Faten «terminó antes de comenzar», expresa el MAT en un emotivo comunicado reproducido por medios locales y que recoge Efe. «No buscaba fama ni aventura», sino «una vida mejor y un futuro que creía que le esperaba al otro lado de la frontera», agregó. Quería abrir «una nueva puerta» para su futuro.
Su viaje «terminó antes de llegar a su destino, después de perder su vida durante un intento de alcanzar la ciudad de Ceuta», conluyen.
Una crisis sobre la que Marruecos mantiene un absoluto silencio. Ninguna de las instituciones consultadas por Efe ha respondido sobre el número de víctimas, heridos o desaparecidos en territorio marroquí. Pero los medios marroquíes hablan de al menos 17 muertos, en su mayoría ahogados en la travesía de Fnideq (Castillejos) a Ceuta, que se sumarían a los cuerpos encontrados en la ciudad española.
Mientras la frontera recupera progresivamente la normalidad, algunas personas se acercan al paso en busca de noticias de sus seres queridos, la mayoría jóvenes y algunos desaparecidos desde hace días.
El club de Faten lamentaba hoy el «alto precio» pagado por muchos jóvenes en intentos de migración irregular que convierten «los sueños en pesadillas» y «la alegría en lágrimas».
La Unión Marroquí de Futbolistas Profesionales (UMPF, por sus siglas en francés) también ha lamentado la muerte de Faten en redes sociales y transmitido sus condolencias a la familia de la jugadora:
Más familias esperan noticias en Castillejos
«No quiero nada, solo que mi hijo vuelva conmigo», es el grito desesperado de una madre marroquí que espera en la frontera con Ceuta noticias sobre el paradero de su progenie días después de la entrada masiva de migrantes a la ciudad española, informa Fátima Zohra Bouaziz (Efe).
Como esta madre, varias familias esperan alguna información en la frontera. Entre llamadas de teléfono, conversaciones nerviosas y preguntas a los migrantes que todavía este sábado regresan a Fnideq (Castillejos en castellano) transcurre su jornada.
Algunas mujeres apoyan las manos en la malla metálica del paso fronterizo y miran al horizonte con la esperanza de distinguir la silueta de un hijo retornando por el espigón al otro lado de la frontera. Otras permanecen sentadas sobre el pequeño muro que bordea la carretera costera que conduce al paso a Ceuta, cerca de uno de los accesos por los que se van saliendo los jóvenes que regresan tras pasar una o dos noches en el enclave español. Cuando llegan los jóvenes, varias madres se acercan para preguntar si han visto a sus familias o pueden dar alguna noticia. Mientras, otros mantienen el teléfono en la mano, pendientes de una llamada desde Ceuta que rompa la incertidumbre.
Un hombre que espera en la frontera ha recibido la peor noticia desde Ceuta. Una llamada confirma el hallazgo del cuerpo de su tío que, pese a su edad avanzada, había intentado llegar nadando a Ceuta. «Que Dios tenga misericordia de él», dice una mujer mientras daba el pésame. Todavía consternada, explica a Efe que ahora tratarán de iniciar los trámites para la repatriación del cadáver y darle sepultura en Marruecos.
A pocos metros, otras personas continúan esperando noticias. Sentada sobre el pequeño muro junto a la carretera costera, Karima (nombre ficticio) aguarda cualquier información sobre su marido. Desde el jueves no sabe nada de él, ni tampoco si ha logrado cruzar hacia Ceuta.
Muy cerca de ella, una mujer de unos cuarenta años espera junto a su marido y su hija. Han viajado desde un pueblo de montaña de la provincia de Tetuán (norte) para buscar a su hijo de 21 años, que el jueves se desplazó hasta Castillejos con la intención de cruzar a Ceuta. Desde entonces, no han vuelto a tener noticias de él. «No quiero nada, solo que mi hijo vuelva conmigo«, dice a Efe entre lágrimas. Explica que, desde que la familia perdió su vivienda en las inundaciones que el pasado invierno golpearon el norte de Marruecos, el joven no dejaba de hablar de emigrar a España. Asegura que no veía motivos para que abandonara el país, trató de convencerlo de que desistiera de esa idea, pero no logró hacerle cambiar de opinión.
«Solo Dios sabe lo que estamos pasando», interviene otra mujer que aguardaba en el mismo lugar. Su hijo, de 17 años, salió la víspera de madrugada hacia Ceuta nadando junto a varios amigos. Pasó la noche a la intemperie y ayer consiguió llamar a su madre con el teléfono de otra persona para decirle que regresaría ese mismo día. Por eso la mujer acudió hasta la frontera para esperarlo. «A mi hijo no le faltaba de nada; comía, bebía y tenía dónde dormir. Pero aun así se le metió en la cabeza lo de emigrar, porque escuchaba a gente que contaba que se había marchado y que, al poco tiempo, había mejorado su situación», cuenta.
Pasan las horas y el goteo de los retornados continúa. Tendrán que responder las mismas preguntas de las familias sobre aquellos que no han regresado.
