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El oro afronta una tormenta perfecta con señales de mercado bajista en plena guerra

Publicado: marzo 29, 2026, 4:08 am

La caída del oro ronda el 20% desde los máximos de enero y se concentra en pocas semanas. El movimiento se produce desde el inicio del conflicto a finales de febrero y lleva la cotización desde el entorno de los 5.300 dólares por onza hasta mínimos cercanos a los 4.100. En ese recorrido, el metal llega a entrar de forma puntual en territorio de mercado bajista, algo no visto en toda la fase alcista previa.

El ajuste se produce en paralelo a un shock que va más allá del propio oro. Desde el inicio de la guerra, todos los metales han corregido con fuerza. La plata llega a caer cerca de un 30% y el cobre más de un 10%, según datos de Ofi Invest AM, en un movimiento que devuelve los precios a niveles de diciembre y borra gran parte de las subidas acumuladas en 2026.

Ese retroceso coincide con un desplazamiento más amplio dentro del mercado. El cierre del estrecho de Ormuz altera el flujo energético global y eleva el riesgo de inflación. A partir de ahí, el foco se desplaza desde la protección financiera hacia la energía. El petróleo gana peso en la asignación de capital y el oro pierde parte de su función inmediata en ese proceso.

Los gestores de metales preciosos de Julius Baer señalan que la evolución de estos activos no depende solo de fundamentos físicos, sino también de flujos y confianza. En ese contexto, la liquidación de posiciones se produce de forma simultánea entre distintos activos, lo que rompe el comportamiento esperado del oro como refugio inmediato.

Ese desajuste se refleja también en el mercado físico. En plata, los inventarios en las principales bolsas de China han caído de forma significativa en los últimos años. Las existencias visibles en la Shanghai Gold Exchange se sitúan en torno a 494 toneladas, frente a las 5.500 toneladas registradas en 2020, lo que supone una reducción cercana al 90%. A su vez, las retiradas mensuales se mantienen en torno a 320 toneladas, lo que deja un margen de apenas seis semanas de demanda al ritmo actual.

A ese entorno se añade un factor geográfico. Oriente Medio concentra una parte relevante del comercio mundial de oro, con Dubái como uno de los principales nodos. La disrupción en la región afecta tanto a la demanda como a la logística del metal en uno de los puntos clave del mercado global.

Los mercados registran ventas aceleradas de oro

La caída se intensifica en pocos días. En una semana, el descenso supera el 10% y se sitúa entre los mayores desde los años ochenta. La secuencia responde a una combinación de liquidez, reposicionamiento global y cambios en expectativas macroeconómicas, más que a un deterioro específico del activo.

El oro, que acumulaba una subida cercana al 70% entre 2024 y 2025, pasa a ser uno de los activos con mayores plusvalías latentes. Esa posición lo convierte en una de las principales fuentes de salida de capital.

Pero hay más. A ese movimiento se suma el comportamiento del dólar. Desde finales de febrero, la divisa estadounidense se aprecia en torno a un 3%, lo que encarece el precio del oro para los inversores fuera de Estados Unidos y añade presión bajista. Al mismo tiempo, el cambio en las expectativas de tipos refuerza ese efecto. El mercado empieza a descontar un entorno de tipos más altos durante más tiempo ante el riesgo inflacionista derivado de la energía.

Con todo, el precio encuentra soporte en la zona de los 4.100 dólares y rebota hacia niveles próximos a los 4.500. El movimiento coincide con un ajuste en las expectativas más extremas sobre el conflicto y con un retorno parcial de flujos hacia activos que habían sufrido ventas intensas.

Sin embargo, pese a ese rebote, la cotización se mantiene en torno a un 15%-20% por debajo de los máximos históricos alcanzados en enero, aunque sigue siendo uno de los activos con mejor comportamiento en el conjunto de 2026, con avances del 2% en el año.

La presión bajista puede continuar

La dinámica de corto plazo apunta a que puede continuar la presión bajista mientras continúan los factores estructurales que sostienen la demanda, aunque las estimaciones del mercado mantienen un rango elevado para el conjunto del año.

Bank of America sitúa el precio medio en torno a los 4.500 dólares en el segundo trimestre y contempla niveles cercanos a los 5.750 dólares a final de año. UBS maneja escenarios próximos a los 6.000 dólares en distintos tramos del ejercicio, en un contexto en el que la demanda estructural sigue activa mientras la volatilidad a corto plazo no termina de disiparse.

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