Publicado: diciembre 31, 2025, 9:07 am

El naufragio de la familia valenciana en el Parque Nacional de Komodo, en Indonesia, ha sucedido en una zona donde el turismo está excesivamente explotado y las salvaguardas son insuficientes. No es una tragedia aislada, ya que los accidentes marÃtimos en este enorme archipiélago de más de 17.000 islas han acabado con la vida de cientos de personas en los últimos años. Los barcos son un medio de transporte popular, a menudo van abarrotados, hay poco equipo de salvamento y la seguridad y el mantenimiento se aplican de forma laxa.
Los precedentes son muy numerosos. En julio el ferry KMP Tunu Pratama Jaya se hundió entre Java y Bali y aún no se han encontrado todos los cuerpos de los 35 desaparecidos. Pocos dÃas después, una lancha rápida con 18 personas sucumbió a una tormenta repentina. Los pasajeros sobrevivieron tras nadar durante horas. Un mes antes, otro transbordador naufragó tras ser golpeado por el oleaje y las 89 personas que iban a bordo fueron rescatadas. En marzo, un barco turÃstico llamado Sea Dragon volcó frente a Bali mientras llevaba a 13 turistas para practicar snorkel. Las olas volcaron el navÃo y una mujer australiana falleció.
A juzgar por las intenciones del anterior ministro de Turismo indonesio, Sandiaga Salahuddin Uno, accidentes como estos deberÃan haberse reducido. La realidad, sin embargo, ofrece un panorama muy distinto. El incendio del Sea Safari VII en mayo de 2024, en pleno Parque Nacional de Komodo, parecÃa haber sido el enésimo toque de atención para fortalecer la regulación y su implementación en el sector naviero. Salió ardiendo con 33 personas en su interior y aunque todas fueron rescatadas con vida, las autoridades tuvieron que rendir cuentas ante las crÃticas. El incidente sucedió cerca de Labuan Bajo, lugar donde trasladaron a los heridos del naufragio en el que siguen desaparecidos dos niños de nueve y 10 años y su padre. El cuerpo de la otra pequeña, de 12 años de edad, ya ha sido recuperado.
La única niña de la familia que sobrevivió al naufragio regresó ayer a Valencia. Su madre, Andrea Ortuño, permanece en el paÃs mientras continúan las labores de búsqueda de su marido y de los otros dos menores, informa Inma Lidón. Según notificaron las autoridades indonesias, la búsqueda se prolongará «entre tres y seis dÃas más».
El accidente del Sea Safari VII expuso las fallas en seguridad de muchos barcos en áreas de alta demanda turÃstica. Tras el suceso, el ministro de Turismo de Indonesia declaró que reforzarÃa «la aplicación de las normas de seguridad y la estandarización de los buques turÃsticos para garantizar la seguridad de los turistas nacionales y extranjero». También instó a los turistas a ser más cuidadosos a la hora de elegir las embarcaciones.
La siniestrada ahora, KM Putri Sakinah, pertenece a una empresa de guÃas locales llamada Flores, como la isla más grande del área. Se anuncian como «apasionados por la naturaleza y el medio ambiente» y dicen «luchar» por las selvas tropicales de Komodo, y «apoyar» a las comunidades locales. Ofrecen «ecotours» y aseguran «promover el turismo responsable». Sus servicios aparecen en guÃas de viajes y blogs. Al turista que busca una experiencia como la que ofrece le resultarÃa difÃcil identificar alguna negligencia a simple vista. Según el Gobierno, en Komodo hay 500 embarcaciones registradas y 200 ilegales. KM Putri Sakinah era de las compañÃas legales.
