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El jugón del chiringuito

Publicado: abril 3, 2025, 1:07 am

Actualizado Jueves,
3
abril
2025

00:11

La razón más poderosa para afirmar que Pedro Sánchez lanza otro torpedo divisivo a propósito de las universidades privadas es el propio Sánchez y el tono que empleó en su comparecencia. Convirtió un acto que pudo haber sido de defensa de la universidad pública en un ataque inopinado a la privada. Dijo «chiringuitos» y fijó el marco. Pero hay más: a falta de Presupuestos, demonicemos y capemos a las universidades privadas. Además, Ayuso tramita una ley de enseñanzas superiores. La izquierda intuye que goza del monopolio de la educación pero pierde el de los cerebros y potencia de adoctrinamiento de los jóvenes.

Hace poco la vicepresidenta Díaz lanzó un globo sonda y extendió la primera sombra de sospecha: propuso paralizar la creación de nuevos centros privados, impedirles todo acceso a fondos públicos y afilar los criterios de inspección. Por su parte, el oficialismo lleva meses con la matraca de la «derechización de los campus». Usa el sintagma como asustaviejas.

Si bien, los que hacen el caldo gordo al falso, torcido y malintencionado debate propuesto por Sánchez son los analistas espumosos y afrutados [ya saben, burbujas grandes y juguetonas]. Critican a Sánchez por las formas, pero adoptan enseguida su categoría clasificatoria y citan raudos y juiciosos las universidades que no son «chiringuitos»: bailan al son del jugón del chiringuito. Magnificentes y graves, sostienen que hay que «abordar el debate en profundidad». No, por favor. Lo que hace Sánchez es desviar la atención y el foco. Lo realmente importante no son las privadas sino la pérdida de calidad y deterioro de las públicas. La universidad pública es una institución opaca y feudal donde los criterios académicos se supeditan muchas veces a los políticos. Lo que impide la movilidad social no es que haya universidades privadas -que cada vez dan más becas y más jugosas por renta y rendimiento académico- sino que fracase la educación pública y, con ello, el motor de la igualdad. La izquierda ha constituido una élite extractiva en torno a la universidad pública. El mayor exponente es la ‘chiringuitera’ en jefe: Begoña Gómez ha usado tanto la pública como la privada para sus negocios. Sus méritos eran en ambos casos los mismos, o sea, ninguno.

La ministra del ramo declaró en El País: «Lo voy a decir claramente: el problema de la universidad madrileña es la señora Ayuso». Acabáramos. Añade Morant que «existe un modelo ideológico de privadas que está afectando a la universidad pública». No lo explica. Lo cierto es que cada vez más familias escogen las privadas a pesar del esfuerzo económico que supone. Su auge podría ser un acicate para las públicas si de verdad Sánchez y Morant piensan que las privadas absorben a los peores estudiantes. Sin embargo, muchas públicas no facilitan el acceso al mercado de trabajo como lo hacen algunas privadas. Hace poco pregunté a una compañera de una universidad pública pequeña y periférica que cómo distinguía los trabajos hechos por IA. Respondió: «Lo tengo fácil, mis alumnos no saben castellano». El ascensor baja.

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