Publicado: enero 30, 2026, 5:07 am

España, esa comunidad política y sentimental constituida en forma de Democracia parlamentaria, se reunió ayer en una de sus cámaras de representantes para discutir por qué se produjeron dos accidentes ferroviarios y, poco más tarde, en un polideportivo de Huelva para llorar a las 46 víctimas mortales. En ambos escenarios, una noticia fue la ausencia del presidente del Gobierno que, pese a las apariencias, los representa a todos. Pedro Sánchez no estuvo ni allí ni en ninguna parte. Su agenda oficial estaba cancelada.
Se dice, y será así, que no asistió al funeral religioso por voluntad de los deudos de Adamuz. No querían verse soliviantados por quien, dieron a entender, no aporta demasiado a lo que demandan: consuelo y verdad. Sea como fuere, no mejora mucho el panorama. Forma parte de sus funciones estar con ellos y es preocupante que no pueda, no sepa o le dé igual no ejercerlas por el vacío que deja en términos de confianza en la institución.
Sánchez acudió el primer día a Adamuz vestido con chaleco amarillo a comparecer sin preguntas. Cosa de dos minutos, pero es más de lo que ha ido a Paiporta, donde no pudo entrar porque ponía en riesgo su integridad física. Fue un episodio lamentable en términos democráticos. Su equipo de propaganda lo agravó al acusar del tumulto a «grupúsculos organizados de ultraderecha» de los que, año y medio después, nada se ha sabido. En Adamuz volvió a pedir al personal que se informara por cauces oficiales y en un mitin de Aragón zanjó el tema de las responsabilidades políticas. «Las desgracias suceden», dijo, como si hubiera caído un meteorito en la catenaria.
De hecho, en el Senado nadie esperaba nada del debate entre el ministro Óscar Puente y la oposición, porque lo dolorosamente relevante se ventilaba debajo de la superficie. Para el Gobierno, la responsabilidad política constituye una variable más de las que determinan la aritmética parlamentaria y se asume en función de si al presidente le descose o no algún costurón del frankenstein parlamentario. Con cuarenta y cinco muertos entre Andalucía y Madrid no ha dimitido nadie; con una en Cataluña han caído dos. Eso también es antipolítica y esperemos que se subsane en breve.
Puente puede con todo y con todos. Dijo que el tramo del accidente estaba renovado de forma integral y, cuando se destapó que no era así, se marchó a lo de Intxaurrondo a jugarse el comodín del bulo. Quizá la mejor noticia a efectos de salud democrática es que nadie le ha seguido el rollo salvo el agit prop de TVE y Pablo Iglesias en Canal Red. Cada vez se parecen más. Presume el ministro con razón de que da ruedas de prensa de dos horas. Sin darse cuenta, al parecer, de que con ese argumento sólo pone en evidencia a su jefe. Mudo y ausente a partes iguales.
