Publicado: febrero 28, 2025, 5:07 am
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El Gobierno quiere que los profesores «promuevan» la diversidad de género, sexual o religiosa de los alumnos en los colegios. Busca docentes comprometidos y comprensivos que, entre otras cosas, tengan en cuenta «la autoestima» de sus alumnos a la hora de evaluarlos.
Son algunas de las cualidades recogidas en el nuevo Marco de Competencias profesionales docentes, un documento de 153 páginas al que ha tenido acceso EL MUNDO en el que el equipo de la ministra Pilar Alegría enumera todos los requisitos que deben reunir los maestros de Primaria y los profesores de Secundaria para el buen desempeño de su trabajo.
El texto, una especie de tratado fundacional de la reforma de la carrera docente, se presentó ayer a los sindicatos dentro de la segunda reunión de la Mesa de Negociación del Personal Docente no Universitario. Tras el arranque de este foro hace un mes, se han constituido cuatro grupos de trabajo y el primero de ellos, el más urgente, es el que va a abordar este documento con las cualidades profesionales de los profesores.
Este informe es una propuesta del Ministerio y está abierto a cambios, a la espera de las modificaciones que planteen los sindicatos y las CCAA, que inusitadamente también van a participar en esta negociación laboral. La idea de fondo es que las competencias que exige la Lomloe para los alumnos también las cumplan, en paralelo, los docentes.
La jerga pedagógica
Para ello, se modificarán los planes de estudio de la carrera de Magisterio y los contenidos de la formación permanente con el fin de que se adapten a estas indicaciones. Muchas de estas cosas que plantea el documento ya se hacían, pero cambian de nombre. Por ejemplo, lo que antes era la educación medioambiental ahora se denomina «centro escolar sostenible»; lo que ahora son las «competencias vehiculares» antiguamente se llamaban «competencias transversales».
La diferencia respecto a lo que antes se pedía a los profesores y lo que se va a pedir ahora es en dónde se pone el énfasis. El nuevo marco sigue la tendencia de la Lomloe de dar mucha importancia a las actitudes y diluir lo académico.
De las 10 competencias que se enumeran, sólo una está dedicada a la «programación del proceso de aprendizaje y enseñanza», es decir, a lo que sabe el profesor y a la forma en que imparte la clase. El resto se centra en otras cuestiones de «convivencia y valores democráticos», «liderazgo-comunicativo» o «desarrollo integral y bienestar del alumnado y del docente».
Si se va al detalle, se observa que, de los 67 epígrafes mencionados en el documento, sólo hay cuatro para lo estrictamente académico: tres para el conocimiento de la legislación educativa, el currículo y «las acciones educativas sobre cómo construir un aprendizaje significativo» y uno para el «conocimiento disciplinar», que engloba todo lo que sabe el profesor sobre su asignatura.
Predomina lo «socioeducativo»
Hay 14 epígrafes que detallan el «conocimiento didáctico» o las metodologías de la enseñanza; siete para las «estrategias didácticas»; tres para la «gestión y organización del aula»; cuatro para las acciones relacionadas con la salud, la gestión emocional y el «autoconocimiento del alumnado»; otras dos para el impulso de la salud y el bienestar físico, psicosocial y emocional del profesorado; cuatro para la «igualdad, inclusión y cultura democrática»… En resumen, el área de la «acción socioeducativa», que comprende todo lo que tiene que ver con el «desarrollo integral» del alumnado disfruta de más del triple de espacio que la parte estrictamente académica.
Esto es algo que se le ha reprochado también a la Lomloe, pues los profesores se quejan de que el fin principal de la escuela, que es enseñar a los alumnos y que éstos aprendan, ha quedado relegado por otras tareas más asistenciales. Numerosos docentes denuncian que se ven obligados a hacer de pediatras, psicólogos, nutricionistas o policías, sin estar cualificados para ello, mientras que su rol de instructores se minimiza.
El documento, en este sentido, dice que los profesores deben «proteger» y también «promover» la «diversidad funcional, sociocultural, lingüística, económica, de género, sexual, religiosa de la comunidad educativa» para «favorecer el compromiso ético del alumnado con la sociedad».
Profesores «positivos»
Y no sólo eso: los docentes más experimentados deberán emprender actuaciones que supongan una transformación «dentro y fuera» del centro. Para ello, deberán poner en marcha acciones «que muestren una actitud positiva e interdependiente» para «contribuir positivamente a la acción educadora».
Está servido el debate sobre si estas competencias exceden las funciones profesionales de los docentes. Igualmente podría suscitar controversia la forma de evaluar a los alumnos. El documento del Ministerio de Educación dice que los docentes deben diseñar una evaluación que «tendrá que tener en cuenta las características del alumnado y atendiendo a la autoeficacia, la autoestima, a la autonomía y a las relaciones personales». También han de «fomentar en el alumnado actitudes positivas hacia la evaluación». En palabras más llanas: tendrán que ingeniárselas para que a los críos les gusten los exámenes.