Publicado: octubre 15, 2026, 7:23 pm

Cada gobierno de los 27 en la UE hace números a su manera, y buena prueba de ello es el bloqueo por el nuevo presupuesto a largo plazo (el Marco Financiero Plurianual 2028-2034). En la cumbre de este jueves quedo demostrado que, por ahora, las posiciones son irreconciliables: el norte quiere recortes en las cuentas, el sur, en cambio, apuesta por más inversiones. El objetivo era cerrar las negociaciones entre los socios antes de que acabe el año -para dar tiempo a que se apruebe también en el Parlamento Europeo-, pero parece que será imposible a la vista de lo dicho y lo demostrado por los líderes.
Hay prisa, pero a la vez demasiadas cuestiones por resolver y por eso todos asumen que habrá que ponerse el mono de trabajo hasta final de año. Viendo la división, por lo pronto, el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, lanzará un nueva propuesta para la negociación y es probable incluso que haya una cumbre extraordinaria el 26 de noviembre, tres días antes de las elecciones generales en España. El debate, de hecho, se alargó hasta la noche y hubo voces desde el Gobierno francés que aseguraron que Macron quiere un pacto en 2026 y no entrar con el melón abierto ya más cerca de las presidenciales de abril.
El mensaje en las conclusiones de la cumbre fue tan genérico como claro. «El Consejo Europeo invita a su presidente a que impulse las negociaciones con vistas a alcanzar un acuerdo a tiempo. Un acuerdo antes de que finalice 2026 permitiría la adopción de actos legislativos en 2027, lo cual es necesario para garantizar que la financiación de la UE llegue a los beneficiarios sin interrupciones en enero de 2028″, pactaron los 27. Y Costa recogió el guante.
Todo nace de la propuesta de la presidencia irlandesa del Consejo (la llamada «negobox»), preparada como casilla de salida para las conversaciones, pero que no gusta a ninguno de los dos bandos: reduce en 141.000 millones de euros el proyecto inicial de la Comisión Europea y sitúa el volumen total del presupuesto en 1,62 billones de euros para los próximos siete años. Hace recortes importantes en agricultura y cohesión, en administración y en la estrategia global de la UE.
La UE ha vuelto a la lógica norte-sur que tantos malos recuerdos trae de la crisis del 2008. De un lado, los frugales, es decir, Alemania, Dinamarca, Finlandia o Países Bajos. Del otro, los autodenominados «amigos de la cohesión», con Italia o España. Y pocos o ningún acercamiento. «No apoyamos la propuesta ni de lejos», sostuvo el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que volvió a reclamara «más ambición» a los socios. De hecho, fue claro: la hoja de ruta irlandesa «no es asumible ni aceptable». No se dio plazos el presidente, pero aseguró que es necesario incrementar las políticas tradicionales y también las modernas, y que la UE se dote «de más recursos propios» (impuestos) para afrontar «todos los retos».
Puso el foco en el hecho de que esos gravámenes miren por ejemplo «a las grandes energéticas» que están, dijo, multiplicando sus beneficios. Con otro fondo, pero va Sánchez de la mano de lo que piensa la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. «Italia no aceptará un presupuesto que recorte la Política Agrícola Común, la pesca y la cohesión», había dicho ya ante el Parlamento nacional; además, incidió en que «la fecha no puede ser más importante que el contenido», en referencia a cuándo tiene que alcanzarse el acuerdo entre los 27. «Creemos que el acuerdo final debería asegurar que el presupuesto puede abordar las prioridades existentes y las emergentes, al tiempo que se protegen políticas clave», recogió este ‘bando’ en una misiva conjunta publicada antes de la cumbre.
En frente, un grupo de socios tampoco contento con la base sobre la que negociar. El canciller alemán, de hecho, augura conversaciones «muy difíciles» y ve poco probable un acuerdo antes de enero; cree que la propuesta irlandesa es insuficiente y pide mayores recortes. Igual que Países Bajos. «No me gusta», dijo Rob Jetten sobre el cálculo actual; «necesitamos unas cuentas más recortadas y modernizadas», sostuvo el primer ministro de Países Bajos, que prefiere «un buen acuerdo» a cerrar «cualquier pacto» a toda prisa en 2026. Es más, algunas fuentes diplomáticas hablan del próximo mes de marzo como el límite para cerrar el acuerdo.
Esa paciencia también marcó el mensaje por ejemplo del primer ministro sueco, Ulf Kristersson. «No sé si es posible alcanzar un acuerdo antes de que acabe el año. Creo que no hay prisa, honestamente, debemos tener un presupuesto que combine modernización y los recursos tradicionales también», comentó, y no quiere que se aumente la contribución de su país al presupuesto comunitario: «No es aceptable». Por su lado, la premier danesa, Mette Frederiksen, espera un pacto en los próximos dos meses, pero entiende que serán conversaciones «muy complejas».
No sé si es posible alcanzar un acuerdo antes de que acabe el año
Sí han encontrado Sánchez, Meloni y el grupo «de la cohesión» el respaldo por ejemplo del primer ministro lituano, Gitanas Nauseda, que cree necesarias más inversiones. «Tenemos nuevas prioridades y queremos preservar las antiguas, como la cohesión, la competitividad y la PAC«, comentó, en línea con lo marcado por España o Italia. Como el resto, es tal el reto que hay sobre la mesa que, no obstante, no espera un pacto rápido. Es más, el propio Merz había avisado antes de que la cumbre de diciembre puede ser «muy larga» en busca del consenso.
Por su parte, la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, explicó en rueda de prensa que en la Eurocámara tampoco gusta la propuesta irlandesa. «Nos sorprendió mucho ver la falta de progreso en materia de recursos propios y los recortes en las áreas de innovación, defensa y competitividad. No podemos hacer más con menos recursos«, expuso; sí cree que hay tiempo para un pacto en solo ocho semanas. «No es de extrañar que existan grandes divisiones entre ellos, diría que más que nunca. Pero nuestro mensaje principal es que mantendremos el rumbo hasta alcanzar un acuerdo», terminó.
Los precios de la energía fueron otro de los grandes temas de la jornada. Ahí tampoco hubo grandes avances: si bien los países apoyan medidas propuestas por la Comisión como la prórroga de las ayudas estatales o las compras conjuntas de energía antes de invierno, chocan sobre el futuro del mercado de emisiones (ETS), sobre la implementación de sus siguientes fases e incluso algunos pidieron que se haga una revisión sobre el diseño del propio mercado energético. Tal fue el estancamiento con el asunto que los 27 tuvieron que aparcarlo durante una parte de la reunión para volver a él entrada la tarde.
Ucrania, para la jornada del viernes
Ucrania, por otro lado, marcará ya la jornada del viernes, pero los líderes aprovecharon para criticar el acuerdo petrolero entre Trump y Putin, que va en detrimento, dicen, de los intereses de Kiev. «No hay que presionar al agredido», comentó la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas. «Presionar a Ucrania no es el enfoque correcto y por eso Europa sigue apoyando a Ucrania», sentenció. Más cómico fue el mensaje, dentro de la seriedad, del primer ministro letón, Andris Kulbergs. «La ayuda que necesita Ucrania es una cerveza menos para cada europeo, podemos permitírnoslo. Si bebemos menos, salvamos sus vidas».
El pacto también lo criticó por ejemplo el primer ministro portugués, Luis Montenegro. «No es una medida eficaz, no supone una solución al problema que tenemos delante. Y tampoco es coherente, porque envía una señal equivocada en relación con la agresión de Rusia contra Ucrania», expuso ante los medios. El viernes será el propio Volodimir Zelenski el que se dirija a sus aliados en el cónclave en Bruselas en un jornada que también incluirá los debates sobre migración y sobre defensa y seguridad.
