La pulsera de color que marca dos mundos en Ceuta y un pánico común: "Si vuelven a Marruecos, no los van a recibir con flores" - España
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La pulsera de color que marca dos mundos en Ceuta y un pánico común: «Si vuelven a Marruecos, no los van a recibir con flores»

Publicado: septiembre 20, 2026, 4:09 pm

Actualizado Domingo,
20
septiembre
2026

12:38

Un grupo de menores marroquíes de entre 15 y 17 años se aposta a las puertas del campamento que el Gobierno abrió el viernes en los terrenos del puerto. Cuatro de ellos no tienen plaza dentro ni han sido registrados aún en ningún censo oficial. Forman parte de esos miles de inmigrantes que no han tenido aún acceso a un techo de lona, una ducha o un colchón seco. Dentro también les ofrecen enchufes para cargar el móvil y conexión wifi. Este domingo regresarán a la Playa de Benítez a dormir en el inmenso asentamiento de chabolas y tiendas de campaña que pueblan este arenal urbano y también el vecino de El Trampolín.

Cuesta trabajo imaginar que hayan abandonado sus hogares y sus familias para jugarse la vida a nado e instalarse en la precariedad de unas chabolas sobre la playa. El reagrupamiento familiar del que hablan las autoridades no es para ellos una opción. De alguna manera, piensan que los van a proteger. Si no es hoy será mañana. Y no se plantean regresar.

«Si estos niños vuelven a Marruecos, no los van a recibir con flores», explica Ismail, un vecino de Ceuta que hace años, más de una década, también llegó a España procedente de Marruecos buscando trabajo y hoy se sorprende de la «ingenuidad» de quienes piensan que todavía es posible una devolución masiva de los más de 10.000 (las autoridades de la ciudad hablan de hasta 20.000) inmigrantes que siguen vagando por las calles de Ceuta. «Ya están aquí y tienen ganas de trabajar. Son personas muy duras. ¿Por qué España no aprovecha esa fuerza que representan? Yo tengo mis raíces en Marruecos pero a quien se lo debo todo es a España. Y ellos pensarán lo mismo dentro de unos años si se les da la oportunidad».

De momento, menores y adultos aspiran a conseguir la pulsera que les identifica como residentes de uno de los campamentos instalados en la ciudad, en el Puerto (1.700 plazas) y también en la Loma Margarita (1.300 plazas), la Loma Colmenar (1.200 plazas) en la Hípica (320 plazas) o en el CETI (500 plazas). En estos centros improvisados para empezar a poner orden en el desastre migratorio de los últimos 50 días se dan los primeros pasos para la filiación de los residentes. Llevar la pulsera les hace pensar que están más cerca del traslado a la península o incluso del asilo.

Menores de edad en el entorno del puerto de Ceuta.

Menores de edad en el entorno del puerto de Ceuta.E.M.

En los terrenos del puerto, un grupo de operarios trabaja en levantar nuevas carpas. Habrá previsiblemente nuevos realojos en los próximos días y Abedellatif, Ilyas y Omar volverán cada día hasta que eso ocurra para intentarlo de nuevo.

Quienes sí lo consiguieron fueron Mourad Mouzane, Anas Grich y Mouad Lemaadlem. Dan sus nombres y también su oficio: pintor, mecánico, cocinero. Es su tarjeta de visita. Les gustaría llegar a Bilbao, apuntan, utilizando con soltura el servicio de traducción de una aplicación móvil. Pasean arriba y abajo por la avenida Juan de Borbón, donde hay militares vigilando prácticamente en cada esquina.

Se mantiene la presión

Basta con recorrer los paseos marítimos de las playas Benítez y Trampolín para comprobar que la operación desalojo que emprendió el Gobierno no ha aliviado ni mucho menos la presión. Las chabolas que dejaron atrás los realojados han sido de nuevo ocupadas. La acampada incluso parece haber crecido en los dos últimos días. Las cifras oficiales se han quedado muy cortas, a medida que han empezado a hacerse visibles centenares de inmigrantes que se ocultaron durante semanas en los montes de Ceuta e incluso hacinados en viviendas, bajos, portales y hasta azoteas alquiladas.

En el centro de la ciudad se ha instalado otro campamento, pero este ficticio y simbólico, en la Plaza Reyes, delante de la sede de la Subdelegación del Gobierno. Allí el Foro Ciudadano de Ayuda a Ceuta volvió a concentrarse este sábado para reclamar el regreso de la normalidad a las calles y las playas de la ciudad, e invocó el derecho de niños y mayores a recuperar sus rutinas en los espacios públicos. Su portavoz, Noelia Alcázar, insistió en que «no puede normalizarse lo que no es normal», y exigió a las autoridades, «a todas, gobierne quien gobierne, soluciones reales y duraderas».

Para Ismail, quien observa a distancia las entradas y salidas del campamento del Puerto, las reivindicaciones de los vecinos de Ceuta son legítimas: «Pero este fenómeno no va a parar. Y no es un problema de Ceuta, es un problema global».

Este sábado, la Fiscalía ceutí confirmaba a Efe que ha dado trasladado al Juzgado de varias denuncias de menores que aseguran haber sufrido abusos o vejaciones en las instalaciones que les dan cobijo. Entre los residentes en las carpas del Puerto también se ha dado traslado de la actuación violenta de un trabajador de una empresa privada de seguridad, que supuestamente lanzó una piedra a un menor: «Hay momentos de mucha tensión pero no debemos sobredimensionar los conflictos, que son inevitables», apunta Ismail.

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