Publicado: septiembre 12, 2026, 10:11 am

Anthropic se prepara para protagonizar una de las mayores salidas a Bolsa de la historia, con una valoración que podrÃa alcanzar los dos billones de dólares. Pero apenas unas semanas antes de intentar convencer a los inversores de que merece semejante precio, uno de sus principales investigadores de seguridad ha reconocido públicamente algo difÃcil de valorar en cualquier folleto de inversión. Evan Hubinger, responsable de Alignment Science de la compañÃa, estima personalmente en más de un 10% la probabilidad de que una futura inteligencia artificial (IA) pueda acabar con la humanidad durante la próxima década.
La advertencia llega después de que Jacob Coxon, antiguo investigador de OpenAI y Anthropic, abandonara esta última denunciando que los grandes laboratorios están acelerando hacia sistemas cada vez más autónomos sin saber todavÃa cómo mantener bajo control una eventual superinteligencia.
Hubinger respaldó públicamente buena parte de esa preocupación, aunque considera bajo el riesgo de los modelos actuales y sitúa el verdadero peligro en futuras inteligencias capaces de aprender, mejorar por sà mismas y volverse cada vez más avanzadas.
Esto rebaja bastante el dramatismo inmediato. El problema no serÃa Claude mañana por la mañana, sino en lo que Claude y otros sistemas similares podrÃan llegar a convertirse. Entonces, ¿Cómo se valora una compañÃa que aspira a valer dos billones de dólares mientras algunos de sus propios investigadores contemplan consecuencias extraordinariamente graves derivadas del avance de su tecnologÃa?
En condiciones normales, cuando aumenta la incertidumbre asociada a una actividad, los inversores exigen una compensación. Las farmacéuticas descuentan litigios, las petroleras incorporan amenazas regulatorias y las entidades financieras pagan más cuando crece la posibilidad de pérdidas inesperadas. Cuanto mayor es la prima de riesgo, menor deberÃa ser, en teorÃa, el precio que alguien está dispuesto a pagar.
Dos billones
Con Anthropic, sin embargo, las cuentas son bastante menos sencillas. Reuters señala que la compañÃa espera comenzar a comercializar su oferta a mediados de octubre como pronto y completar la operación antes de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre, aunque el calendario todavÃa puede cambiar. La cifra que se baraja alcanza los dos billones de dólares, más del doble de los 965.000 millones que llegó a marcar en una ronda privada meses atrás.
¿Qué tendrÃa que ocurrir para justificar semejante precio? Mucho. Anthropic necesitarÃa convertir Claude y sus futuros modelos en una infraestructura utilizada por empresas, programadores y consumidores a una escala difÃcil de comparar con la de una tecnológica tradicional. Quien compre acciones a esos niveles no estará pagando únicamente por los ingresos actuales, sino por una parte del valor económico que la IA pueda generar durante los próximos años.
Ahora bien, cuanto más capaces y autónomos sean esos sistemas, mayores pueden ser también los riesgos asociados a su uso o a una eventual pérdida de control. La propia Anthropic contempla esa relación en su polÃtica de seguridad y endurece las salvaguardas exigidas a medida que sus modelos alcanzan capacidades más avanzadas.
¿Y qué ocurre si esas preocupaciones salen de los laboratorios y terminan llegando a los reguladores? Entonces el riesgo empieza a ser bastante más fácil de traducir a dólares. Una legislación más dura podrÃa elevar los costes, retrasar nuevos modelos, limitar determinadas aplicaciones y obligar a gastar más dinero en seguridad y cumplimiento normativo. Menores márgenes, más gastos y más restricciones para vender la tecnologÃa. Eso sà sabe ponerlo Wall Street en una hoja de cálculo.
Cuanto más capaz, más valiosa
Esos mismos avances que pueden elevar los costes y las exigencias regulatorias son también los que podrÃan justificar una valoración extraordinaria de Anthropic. El escenario que preocupa a Hubinger no parte de una IA con las capacidades actuales, sino de sistemas mucho más avanzados, capaces de mejorar por sà mismos y asumir progresivamente tareas que hoy requieren trabajadores altamente cualificados.
Si esos modelos llegan a escribir buena parte del software, acelerar la investigación cientÃfica, automatizar procesos empresariales y asumir una porción creciente del trabajo intelectual, su capacidad para generar ingresos serÃa muy superior a la actual. El riesgo y el potencial económico nacen, por tanto, del mismo avance tecnológico.
Wall Street no necesita considerar falsas esas advertencias para justificar una valoración enorme. PodrÃa suceder justamente lo contrario y que una parte de la expectativa económica dependa de que la IA continúe avanzando a gran velocidad, aunque ese mismo progreso obligue a dedicar cada vez más recursos a mantenerla bajo control. Vista asÃ, la advertencia más inquietante de Anthropic contiene también una de las premisas más alcistas para su valoración.
En todo caso, el escenario más extremo aparece al intentar introducir el escenario más aterrador en un modelo financiero. Un inversor puede proteger parcialmente una cartera frente a una recesión, una subida de tipos, una caÃda tecnológica o incluso la quiebra de una compañÃa. Pero ¿Qué prima de riesgo se asigna a un escenario de extinción?
