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El Mundial de las 'barras bravas' argentinas: de su historia de violencia y poder a las medidas por evitar que lleguen a EEUU

Publicado: junio 20, 2026, 6:00 am

Estados Unidos, México y Canadá se han convertido desde mediados de junio en el epicentro del fútbol mundial. Miles de aficionados de los 48 países que participan en la Copa del Mundo se han desplazado hasta allí con la esperanza de que sus selecciones levanten el trofeo más codiciado de este deporte. Las gradas de los estadios se convierten en auténticos ejemplos sociológicos de cómo se vive el fútbol en cada lugar. Y por eso los partidos de Argentina son siempre tan especiales. En el primer partido del Mundial jugado contra Argelia prácticamente todo el estadio era blanquiazul. Confirmando que, un torneo más, la selección de este país es una de las que más aficionados desplaza. Y es, sobre todo, una de las que más resuenan.

Durante los 90 minutos que dura el partido no hay espacio para el silencio. Ya sea en la Bombonera, en Buenos Aires, o en Kansas City, en Estados Unidos, los hinchas acompañan a sus jugadores de pie y cantando canciones hechas expresas para ese momento. No hay otra forma de vivir un partido cuando hay un equipo argentino involucrado. Pero alrededor de todo ese folclore del fútbol en Argentina —sin el que no se puede explicar la sociedad del país latinoamericano—, también hay una realidad que se lleva combatiendo durante décadas: la de los conocidos como ‘barras bravas’.

Este grupo de hinchas violentos utiliza la idiosincrasia del fútbol en Argentina, que se vive de una manera más apasionada y festiva que en Europa, para crear «empresas» en torno a los clubes donde desarrollar sus negocios ilícitos y desencadenar su violencia. Y es que junto a los miles de aficionados que siempre se desplazan, hay un grupo reducido cuyo objetivo no es el de alentar a los jugadores, sino el de llevar las dinámicas de poder que ejercen en su país. Históricamente los Mundiales se han convertido en un campo perfecto para el enriquecimiento de estos grupos y dirimir las pugnas entre barras bravas. Una lacra que Argentina trata de combatir y que en cada Copa del Mundo que pasa parece más diezmada.

Barras bravas: mucho más que unos ultras

En España la violencia relacionada con el fútbol es bien conocida. Durante la década de los 80 y 90 se vivió el boom de los grupos ultras, que siguiendo el ejemplo de los hooligans ingleses, utilizaban los estadios para propagar su odio. Un fenómeno que, aunque sigue presente de manera minoritaria, no es exclusivo del Viejo Continente. En América Latina la lacra de la violencia tomó un rumbo parecido, aunque con un concepto diferente, el de ‘barra brava’, un grupo de fanáticos que transgredió al propio deporte.

Para Diego Murzi, sociólogo e investigador del CONICET especializado en la violencia en el fútbol, hay tres elementos que definen a una barra: la fiesta, los negocios y la violencia. “La barra tiene el rol visible del despliegue festivo en los estadios en un país donde el ambiente en el fútbol y su música es muy importante. Además, como ocurre con los ultras europeos, la violencia es su elemento constitutivo del grupo y una marca positiva. Hay muchos estudios sociales que abordan esa ‘cultura del aguante’. La barra tiene una jerarquía interna en la que siempre se pone juego el poder a través de quién es más violento”, explica Murzi.

Para este sociólogo, el elemento que los diferencia de los ultras es su parte mercantil y el delito: “Los negocios aparecen en los últimos 20 años y cada vez se acrecienta más. Las barras, a partir de tener relaciones con actores de poder del mundo del fútbol, pero también extra futbolísticos como políticos, policía o sindicatos, logran desarrollar sus propias actividades económicas informales o directamente ilegales” como cobrar el estacionamiento en la calle, los puestos de comida o de ropa falsificada, entrar a personas al estadio a través de puertas no controladas por el club, vender tickets o, incluso, la venta de drogas, explica Murzi. Otro de los aspectos que caracterizan a las barras es su influencia en la política, dándose casos en los que los propios partidos usan la influencia de las barras en los barrios para movilizar a personas a sus mítines.

Así mismo, la cúpula de estos grupos tienen peso político dentro del propio club. Hasta tal punto que cuentan acceso privilegiado no solo a los más altos directivos, sino también a los jugadores de su equipo, a los que se les puede llegar a “presionar”, incluso con violencia y extorsión, cuando tienen una mala racha deportiva. Algo que también ocurre con jugadores rivales, como ocurrió con Ángel Di María cuando recibió un paquete con una cabeza de cerdo, balas y mensajes amenazantes de la barra brava de Newell’s Old Boys para que no volviera a Argentina a jugar en Rosario Central, el equipo rival.

La historia de las barras bravas y los mundiales

A principios del siglo XX, cuando el fútbol comenzaba a convertirse en un deporte de masas, se empezaron a registrar los primeros enfrentamientos entre hinchas. Según recoge el periodista especializado en barras bravas, Gustavo Grabia, en su libro Asalto a los mundiales. el asesinato en 1924 del uruguayo Pedro Demby, de 22 años, es el primer hecho comprobable de un crimen por violencia en el fútbol donde esté implicado un barra argentino en un partido de selecciones. De hecho, ya en la primera Copa del Mundo, en 1930, la prensa de la época pedía que se combatiera la lacra de la violencia en el fútbol. Con los años aquella violencia iría creciendo y muchos partidos se convertían en una excusa para desatar el desenfreno de unos seguidores a los que lo que ocurriera en el césped poco les importaba.

Estos grupos violentos empezaban a luchar por ser “la barra de la Selección Argentina”, es decir, el grupo que liderara dentro del estadio con sus banderas la animación de la Albiceleste. Durante el Mundial de 1978 que se jugó en Argentina, la Junta Militar que gobernaba el país utilizó a las barras para ganar buena prensa. Por un lado, les pidió que no hubiera violencia en en los meses previos y a cambio les daba acceso privilegiado en los estadios, y por otro desplegaba ante la prensa el lema «los argentinos somos derechos y humanos» con los que la dictadura trataba de tapar lo que ocurría en el país. En aquel torneo, que sería el primero ganado por la Selección Argentina, fue la barra de River Plate la que tuvo más predominio. En los años siguientes sería La Doce, la barra de Boca Juniors, la que se haría con la barra del combinado nacional gracias al apoyo expreso de la mayor estrella del fútbol argentino y mundial, Diego Armando Maradona.

En los meses previos a los mundiales la maquinaria de violencia y extorsión por conseguir entradas para los partidos y ser la barra de la selección se ponía en marcha. Los ansiados tickets y la financiación para ir a apoyar a la selección se conseguían con la connivencia de los clubes. Unas entradas que a veces servían para acudir a los partidos y otras para venderlas a precios desorbitados y así volver a Argentina con mucho más dinero. Los mundiales se convertían en terreno para los negocios, pero también para la violencia con otras barras o contra ultras de otros países, aunque en más de una ocasión se creaban escenas curiosas en las que miembros de barras rivales compartían grada.

El último mundial en el que ocurrió esto fue el de Sudáfrica, en 2010, cuando se creó con apoyo político una polémica organización llamada Hinchadas Unidas Argentinas en la que líderes de muchas barras se unieron y prometieron acabar con la violencia en las gradas. Algo que luego se demostró que no sería así y que contaba con muchos intereses ocultos. De hecho, aquella Copa del Mundo a la que viajaron más de 350 barras terminó con un muerto en un enfrentamiento interno. Un episodio que marcó un antes y un después para el futuro de las barras bravas en los mundiales.

¿Qué va a ocurrir en este mundial?

Para el mundial siguiente, en 2014, se decidió no repetir aquel experimento fallido y se aplicó la llamada Ley de Derecho de Admisión, por la que el Estado se arrogaba el derecho de impedir la entrada de personas a los campos de fútbol. Los convenios con otros países han permitido que Argentina envíe esa lista de sancionados a los países anfitriones para que sean ellos los que controlen que no entren a los estadios. Esta política empezó a rebajar el número de barras bravas en mundiales, aunque muchos de ellos tratan de burlar la prohibición. “La lucha por ser la barra de la selección sigue ahí”, asegura a este medio Gustavo Grabia, que apunta que aunque ya no se verá al líder de una barra poderosa seguido por 50 personas subordinar a otras durante el mundial, sí se sigue viendo a “segundas o terceras líneas” de algunas barras en las gradas de aficionados.

Un ejemplo de ello fue el Mundial de Catar en 2022, donde estuvo presente un nutrido grupo de la barra del club Vélez Sarsfield. En la copa del mundo de este año se espera que también estén, junto con miembros de otros clubes. “Han viajado algunos, pero menos conocidos. Ya no suelen ir muchos jefes de barra porque la mayoría está en la lista de derecho de admisión. Quizás el más famoso de los que ha viajado sea el jefe de la barra brava de Belgrano de Córdoba (actual ganador del torneo de apertura de la liga). Sé que de la barra de River no viajó nadie y que de Boca iban algunos, pero no muy conocidos”, reconoce Grabia.

A esta lista de derecho de admisión del programa ‘Tribuna Segura’ se sumaron hace un mes aquellas personas inscritas en el registro de deudores de pensiones alimentarias, alcanzando las más de 30.000 personas que tienen prohibidas acudir a eventos deportivos. Además, en esta Copa del Mundo hay otro filtro adicional que ha provocado que muchos barras no hayan podido viajar: el rechazo de su visado por parte de Estados Unidos. Preguntados sobre cómo se controlará la llegada de violentos al Mundial, Juan Manuel Castrilli, subsecretario Seguridad de Ciudad de Buenos Aires, afirma a 20minutos desde su despacho en el barrio de La Boca que han detectado a través de Migraciones que algunos barras han viajado, pero ninguno con antecedentes. “Es una información que se traslada al país local para que estén atentos. Además, tenemos armado un equipo de trabajo en el terreno. Un miembro del gobierno nacional y otro de la Ciudad de Buenos Aires que estarán en los partidos observando la grada y en constante coordinación con Estados Unidos”, afirma.

La violencia y las actividades de las barras se siguen combatiendo en Argentina cada día, aunque la presencia de estas en todos los estamentos de la sociedad hace que sea todavía complicada de erradicar. Lo que sí parece innegable es la reducción de sus actividades en los mundiales. Será el 19 de julio, cuando se pite el final del partido en Nueva York, el momento en el que se verá no solo si Argentina puede repetir como campeona del mundo, sino también si esa copa del mundo que se juega en la grada ha conseguido reducir una vez más el poder de las barras en el fútbol.

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