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La incertidumbre de la geopolítica vs. la esperanza de la tecnología

Publicado: mayo 26, 2026, 6:08 am

La primera mitad de 2026 viene marcada por diferentes hitos y eventos, que han ido provocando movimientos en los precios y valoraciones en los diferentes mercados, en función de la evolución de los distintos estadios. En general, el año arrancaba con bolsas en máximos y con un mercado que esperaba que los tipos se mantuvieran relativamente estables en Europa, después de que el Banco Central Europeo (BCE) hubiera sido más agresivo en su proceso de ajuste monetario con subidas de tipos. 

También descontando aún entre dos y tres recortes de tipos en EEUU por parte de una Fed que seguía entendiendo que aún había colchón para ello, alimentado esto también por las propias presiones de aquel gobierno, que iba acumulando mayores niveles de deuda ligada al enorme gasto. Ello sumado a un cambio en la presidencia de la Reserva Federal (Fed), con Kevin Warsh tomando “el mando”. No es casualidad el entrecomillado, porque ya veremos si mandará tanto como pretende.

Durante los dos primeros meses del año, se mantenía una situación en la que seguía habiendo complacencia y los datos macroeconómicos no eran protagonistas negativos. El tema central era el de las grandes tecnológicas en EEUU, que no dejaban de seguir comprometiendo importantes inversiones en el entorno de la inteligencia artificial, lo cual provocaba cierto escepticismo en los mercados, con las bolsas americanas que no terminaban de seguir confiando y se movían bastante planas durante esos dos meses. 

Ello a pesar de tener una temporada de resultados del cuarto trimestre y anuales que volvía a convencer positivamente, con la mayoría de las empresas (75%) del índice S&P500 mejorando las expectativas de ganancias. Mientras, en Europa, había menos presión por esta exigencia a un sector que no es tan representativo como es el tecnológico y, ante la ausencia de malos datos macro, las bolsas europeas sí que eran capaces de hacerlo mejor que las americanas en ese período.

Y llegamos a un punto que suponía una inflexión clara respecto a esa situación que vivíamos: el inicio del conflicto entre EEUU e Irán a finales de febrero. Esto provocaba, de manera inmediata, una corrección de los mercados de renta variable a la baja y, a medida que se fue entendiendo que el acuerdo era más complicado de lo que se podía intuir en un principio, y se reconocía por tantos un claro error estratégico, táctico, incluso burdo, a la hora de afrontar ese ataque buscando una rápida resolución. 

Como si todo fuera a ser como en otras “aventuras” recientes, comenzamos a ver esos problemas de suministro de energía, y de muchos otros inputs, elementos y materiales, que volvían a despertar las preocupaciones en torno a la inflación. Inevitablemente, esto llevaba a un importante reajuste de precios que ha ido claramente más en contra de Europa que de EEUU, dada su mayor exposición a un posible shock energético.

La guerra y las expectativas sobre los tipos

Tuvimos un mes de marzo especialmente malo y de castigo, con bolsas que cedían en Europa de manera clara, también en EEUU, y un proceso de ajuste en tipos, y en las expectativas de tipos de bancos centrales, que ha sido, también, más agresivo para el BCE que para la Fed. El petróleo (Brent) subía un 65% en el mes de marzo, con todo lo que eso conllevaba, y los titulares sobre el conflicto se sucedían, mientras se sucedían los ataques entre contendientes. 

Irán, por un lado, que decidía llevar la guerra más allá para hacerla un problema común de la zona, atacaba a países del Golfo Pérsico, y EEUU con Israel, por otro, que es la parte más beligerante y que entiende que el conflicto no debe finalizar hasta que se neutralice a sus enemigos, que no son pocos. Se cerraba a cal y canto el (archiconocido) Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, con Asia como principal afectado también, por ser destino principal de todo ese flujo energético. Los mercados castigan lo que esperan, pero aún faltaba corroborar los efectos de este conflicto en las economías, algo que se vería más adelante con los datos de actividad y precios que fueran recogiendo las consecuencias de este evento.

Sin embargo, con el mes de abril, se empiezan a producir algunos episodios de intento de entendimiento, que acababa por no ser el camino en el que avanzaban ambas partes, en la medida en que ninguno de los implicados estaba dispuesto a no cruzar las líneas rojas que cada cual planteaba. Pero el mercado prefería empezar a poner esperanzas en un acuerdo que se da como descontando, a pesar de que estaba lejos de producirse. Las forzadas esperanzas no descansan solo en que se espere un acuerdo en sí, también lo hacen en que se den nuevos episodios de recoger velas por parte de Trump, el famoso TACO, o la Put de Trump, que suele aparecer, y nadie se quiere perder, en la medida en que desata otro fenómeno que se resume en FOMO, que no viene siendo más que el “tonto el último”.

Las diferencias entre EEUU y Europa se amplían

A partir de ahí, con un convencimiento positivo, pero algo artificial, forzado, necesario, la atención pasa a centrarse en datos, que siguen siendo especialmente resilientes en EEUU, sin ser malos en Europa, y, nuevamente, en todo lo relacionado con los movimientos en el sector tecnológico, acuerdos, anuncios, compromisos de inversión y las dudas en torno a si habrá demanda suficiente para consumir todo lo que pueda surgir de esas gigantescas inversiones. 

Así pues, desde el mes de abril, el mercado vuelve a ponerse en modo de “querer”, sobre todo en EEUU, muy soportado por la esperanza de un acuerdo en el conflicto, por tipos relativamente contenidos, o que se espera que vuelva la presión de Trump para que así sea, por una economía que sigue yendo bien, por unos resultados empresariales para el primer trimestre que han mejorado, incluso, los del anterior trimestre, y por otros factores como las recompras de acciones por parte de empresas cotizadas.

Mientras, la divergencia entre EEUU y Europa se acrecienta, con las bolsas europeas más castigadas porque se espera más inflación, tipos más altos, con un banco central claramente defendiendo las necesarias subidas de tipos y una mayor sensibilidad al shock tecnológico. ¿El problema de Europa? Que la estanflación sí que pueda ser una realidad más cercana que en EEUU, pero ese puente ya se cruzará cuando lleguemos.

De cara a lo que resta de año, se seguirá estando muy pendiente de lo que ocurra con el conflicto cuánto se pueden permitir las partes que se alargue y, después de que se produzca un acuerdo, de la profundidad y duración de sus efectos, diferentes opiniones expertas hablan de que se harán presentes por entre 6 y 12 meses. Uno de los principales riesgos a monitorizar es que la macroeconomía en EEUU se debilite y que empiece a mostrar señales que, aunque pudieran dar más margen a la Fed para contener las subidas de tipos, el mercado lo viera como un problema porque afectara negativamente a toda la demanda que el sector tecnológico necesita para convertir todas esas gigantescas inversiones en rentables.

Las elecciones de medio término en EEUU marcarán también el tono, así como la evolución en los planes de gasto e inversión en defensa en Europa. Será importante, en el corto-medio plazo, corroborar cómo lo van haciendo los datos de actividad y precios en las economías en general, y esperando que no haya sustos provenientes del sector tecnológico americano, o de la industria de semiconductores y otras relacionadas, porque el mercado, aunque siga apostando, no se quita de encima la duda de las sobrevaloraciones y posibles burbujas.

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