Publicado: mayo 22, 2026, 5:00 am

Han pasado 10 años del diagnóstico. Una década con ingresos constantes, infinitos tratamientos y pruebas y un sinfÃn de preguntas, la mayorÃa sin respuesta. Tuve un susto en mi infancia, una púrpura trombocitopénica, que es una bajada de plaquetas repentina y muy bestia. Salvo eso, mi infancia fue bastante normal, dejando de lado alguna infección, relata Laura Miralles (38), paciente con una inmunodeficiencia rara y crónica. Nacida en Alcoy, llegó a Madrid hace 20 años para estudiar Publicidad y Marketing. Durante su adolescencia llegó a normalizar algunos sÃntomas, como la pérdida de olfato o la tos permanente durante casi todo el año: Cada vez eran más intensos y a los 20 empecé a acumular infecciones recurrentes de mayor peso, como neumonÃas o herpes. Llegó un punto en el que no podÃa bajar la calle Fuencarral sin parar a la mitad en una cafeterÃa para descansar. Me sentÃa una anciana. Fue, precisamente, tras una de aquellas afecciones pulmonares cuando llegó el diagnóstico. Por suerte, dice.
